Entre Perfect Days y Sex and the City

Entre poner de cabeza el celular y escribir a todos los chats. Entre mirar el cielo y scrollear eufóricamente.

A veces estoy así, en extremos. A veces al mismo tiempo y un extremo le habla al otro. Oye pero qué te pasa que no haces algo. Pero para ya de perder el tiempo. No hagas nada. Descansa. Recarga. Y quién te dijo a ti que puedes descansar con todo lo que hay por hacer en esta vida. En tu hermosa vida.

Y está bien, porque cada minuto la cosa cambia.

Sí, así como cambia la tecnología.

Por eso a veces me extraña cuando me dicen ‘pero si a ti no te gusta esto’, ‘ese chico no es tu tipo’, ‘como que te pusiste short, de cuándo acá’ —— Y me extraña, porque es un poco obvio que la vida es un constante cambio. Pero pasa que sí miras desde fuera a alguien más, crees que debe quedarse como lo conociste. Y si a tu amiga le gustaron morenos siempre, pobre de ella que ahora se fije en un rubio pálido.

Si vieron ‘Perfect Days’ habrán sentido esa nostalgia por la tranquilidad. Por lo análogo. Por lo simple. Por tener la capacidad de elegir cómo quieres vivir. Por sentir. Y eso no significa que no quiera ser también Carrie Bradshaw comprando Manolo Blahnik y migajear de vez en cuando. Al final todo es posible. Ya depende de ti. No tienes que ser la misma persona todo el tiempo. Haz los cambios que quieras. Como diría mi amiga Mel: ‘hechas mierda de cansancio, pero lo importante es que estamos haciendo algo, amiga’ – 

Bueno, algo así.

Entre Perfect Days y Sex and the City

La vida no es corta

Y es más que probable que hayas escuchado decir lo contrario. Y varias veces. Varias veces. Y no es corta. Es que no la usas cómo deberías. La derrochas. La malgastas. No la disfrutas.

Claramente hay excepciones. Como en los terremotos, desastres naturales que no avisan. Y si alguien muere niño, joven. Se puede decir que su vida fue corta. Pero aún así, si la vivió bien, probablemente se vaya de este plano, satisfecho. Porque si te pones a pensar, quien muere no racionaliza que ha muerto o cuánto tiempo vivió, pero sí sabe mientras estuvo en vida, cómo le ha ido con ella. La famosa y manoseada ‘calidad de vida’. 

¿A qué viene toda esta filosofía?

Llega por el gentil auspicio de Séneca y su libro Sobre la brevedad de la vida dónde menciona algo parecido: La vida no es corta, es que tú la malgastas. Y me pareció genial darle la contra a todos los que dicen que la vida es corta. Todo depende desde dónde lo digas.

Entonces qué hacemos.

Empezar a vivir si crees que puedes hacerlo mejor.

Empezar a vivir la vida que quieres, mejor dicho.

Empezar a dejar el automático.

Empezar a incomodarte más.

Empezar a ver la otra parte del mundo que no veías.

Empezar a hacer lo que te gusta.

Empezar a hacer lo que no te gusta.

Empezar a aprender cosas nuevas.

Empezar a visitar más la naturaleza.

Empezar a decirle más ‘no’ a tus amigos.

Empezar a decirle más ‘sí’ a tus amigos.

Empezar a moverte más.

Empezar a leer más.

Empezar a escuchar música nueva.

Empezar a combinar más colores.

Empezar a descontrolarte más.

Empezar a dejar el control.

Empezar a trasnochar de vez en cuando.

Empezar a dormir temprano de vez en cuando.

Empezar a cambiar de ruta.

Empezar a viajar.

Empezar a probar nuevas comidas.

Empezar a conocer nuevas culturas.

Empezar a hablar con desconocidos.

Empezar a preguntar cómo estás.

Empezar a ahorrar energía (tu energía).

Empezar a equivocarte.

Empezar a alejarte.

Empezar a inventar más.

Empezar a atreverte.

Empezar a soltar.

Empezar a bailar más.

Empezar a rechazar.

Empezar a no esperar el fin de semana.

Empezar a no esperar que cambie.

Empezar a reirte mucho más.

Empezar a escribir.

Empezar.

La vida no es corta

No hay nostalgia peor

Hoy no era como todos los días. El sol quemaba más. Y solo cinco nubes, muy grandes y alegres cubrían todo el cielo de Cusco. Sentí algo especial, una intuición como de esas que ya no se tienen tanto. Positiva.

Ya eran las diez de la mañana cuando llegó el primer grupo del día. Y la tienda estaba en mes de apertura. 100% baby alpaca. Suave. Calidad de exportación.

-Jaime, hoy es un gran día.

Me dije mientras recibía a este grupo de turistas. Las puertas abiertas tanto como lo estaban mis brazos y mi sonrisa.

Ella fue la primera en entrar. Pequeña, delgada, pelo largo, ondeado color caramelo. Podía imaginar el olor a frutos secos de su pelo. Sus ojos, inmensos como una luna llena en cielo despejado. Me miraron. Y yo los miré como nunca había mirado a nadie en mi vida. Diciéndole que se quede conmigo, que vivamos en la montaña, lejos de la ciudad.

Y no sé si pudo leer lo que decían mis ojos, pero en ese momento se acercó a mi. Me preguntó por una pashmina. Colombiana. Me lo dijo su acento y esa voz que alborotaba todos mis sentidos.

-Esta me encanta. Le va perfecto a todo. Es tan suave. Seguro que me durará mucho tiempo.

Apoyé la pashmina sobre sus hombros y le dije que le quedaba perfecto.

La compró y se fue corriendo porque la dejaba el grupo. Salí a la puerta y en ese momento mientras la veía subir al bus, sonaba en el auto de al lado una canción de Joaquín Sabina. Esa letra, esa canción, ese momento jamás se me olvidó, así ya hayan pasado once años desde aquel encuentro.

´No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió’

Grande Joaquín.

No hay nostalgia peor

La promesa. Lima, 2015.

-Esa cicatriz te delata

-¿Cómo?¿Qué?

-Puedo jurar eres Joaquín

-Sí que yo sepa, sigo siendo Joaquín y tú quién eres…

-Mírame bien

-Sí, me eres muy familiar

-Y es que eramos casi familia, acuérdate… ¡chato bajaaaaa!

-Toto, ¡Toto! eres tú, claro que eres tú pero calvo jaja.

-Joaco, si no fuera por esa marca de la sacada de mierda con la bici, no te sacaba.

-Y tú, te desapareciste como si te hubiera tragado la tierra.

-Sí pues, me acuerdo la última vez que nos vimos fue en tu cumpleaños, a los diecinueve. Tremenda borrachera.

-¿Qué te pasó? ¿Dónde estabas? ¿De dónde saliste? Sabes que justo en la época que despareciste, también nos enteramos de la desgracia de Laura, la del piso cuatro en el edificio ¿Te acuerdas de ella? ¿Supiste que murió? Todos estuvimos en el velorio menos tú.

-Huevón, me fui a estudiar fuera. Por el terrorismo y que todo el Perú estaba movidazo, por eso mis viejos me mandaron con mis tíos a Houston.

-Sí, tus papás algo me dijeron, pero no me dieron mucha info. Y luego se mudaron y también perdimos contacto. Rarazo todo ese año, pero bueno, en esos tiempos sin internet, ni redes sociales, era más normal perderse.

-Bueno chato, ya estoy por aquí, después de treinta años y mira dónde te vengo a encontrar, en un supermercado. Ya estamos viejos.

-Viejos ni cagando, pero cuéntame por qué te fuiste tanto tiempo y sin comunicarte.

-Nada, estaba metido en mis business… Oye y te acuerdas ¿Cómo era eso qué hacíamos como un juramento, como una promesa entre nosotros?

-Asu, no me acuerdo.

-Era cada vez que alguno hacía algo malo, algo que nadie se podía enterar, y menos nuestros papás. Todo quedaba entre nosotros.

-Sí, en eso me ganabas, yo era el que más guardaba todos tus secretos, en mucha huevada te metías.

-Ya me acordé. Con la mano en el pecho, nos mirábamos sin parpadear diez segundos y luego decíamos: ‘¡queda entre nosotros!’

-Ya me acordé, ‘¡queda entre nosotros!’, sí.

-A ver, hagámoslo.

-No friegues Toto, mejor quedemos en tomar unas chelas para ponernos al día.

-Hagámoslo.

-No Toto, para qué.

-Hagámoslo pues huevón. Que nuestro encuentro no sea en vano.

-Habla, cuándo puedes salir, ¿este fin de semana?

-Hagámoslo pues.

-Qué pesado te pones, mierda. Y además con esa cara de loco.

-Hagámoslo al toque.

-Ya me tengo que ir.

-Te quedas.

-Suéltame Toto, ya te estás pasando.

-Hagámoslo.

-Ya, ya y no me jodas más. 

– Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno…

– ¡Queda entre nosotros!

– Yo maté a Laura.

(Ficción. Ejercicio con diálogo directo.)

La promesa. Lima, 2015.

Estiramiento

Era un sábado soleado en Lima, por la mañana y como de costumbre, salgo a caminar por el malecón. Estaba por el distrito de Miraflores y bajé por un caminito hacia el llamado ‘Parque de la Juventud’. Este parque o espacio más que parque, está especialmente diseñado para deportistas, jóvenes aparentemente. 

No soy ni deportista ni tan joven como la edad me imagino pensaron cuando se les ocurrió poner el nombre, pero claro que tengo el ingreso permitido. Fui directo a las barras para colgarme y estirarme. Es desestresante al máximo. Además de relajar el cuerpo, entiendo que ayuda a la columna y más allá. Por ahora es lo único que puedo hacer en este parque. Además de sorprenderme con la fuerza y agilidad de ciertos hombres (el 99% son hombres por algún motivo) que vienen a realmente hacer uso del espacio. Y qué mejor que frente al mar. 

Los que son de mi generación habrán visto la serie de Maxwell Smart el Agente 86. Y si recuerdan y eran super fanáticos como yo, hay un capítulo que ‘Kaos’ captura a Max. No recuerdo si también a la 99 o al jefe, pero había alguien más con él. Y los empiezan a torturar para que hablen. 

La tortura era en unas máquinas. Amarrados de brazos y piernas, los empiezan a estirar. Así como yo en mis barras miraflorinas. Y Max, más allá de sufrir y decir lo que ‘Kaos’ quería lograr con semejante tortura, era disfrutarlo. 

-Pueden ponerlo más fuerte por favor.

Bueno, parece que sentí lo mismo que el Super Agente 86.

Luego de mi intermedio de estiramiento en plena caminata, entro al baño antes de subir y seguir mi camino y me cruzo con una chica muy jovencita que se graduaba de alguna escuela y sale del baño con un vestidito blanco, bien peinada, algo maquillada y especialmente producida para las fotos que suelen hacer en estos eventos. Aprovechan el escenario natural del mar para tomarse fotos. La chica sale del baño mientras yo entraba. Su papá la esperaba afuera. 

-Papito ya estoy, agarra esto, le dice entregándole su casaca.

Y ya lista, suben juntos para la foto. 

Me acordé de mi papá, cuando yo tenía cinco años, estaba en kinder. Me metieron a clases de ballet y tap. Así que mi papá me recogía del kinder y me llevaba a las clases. Al llegar al cole, entraba al baño para cambiarme con mi tutú rosado y un moño en el pelo con una malla rosada también. Me alistaba y nos íbamos a las clases.

Mi papá me recogía y me llevaba a todos lados.

Escuchando salsa en el auto, hasta que crecí y escuchábamos Radio Doble 9 y me decía que era rock fuerte, que estaba bueno. No sé si realmente le parecía bueno o quería complacerme.

Estiramiento

No eres tú, es el personaje.

¿Alguna vez te confundiste?

Dónde está esa delgada línea entre tu vida real y tu personaje.

Me pasó que estaba en un taller, en una de las clases del taller con Alonso Cueto, un reconocido escritor peruano. Muy capo.

Y bueno, tengo la buena suerte de estar aprendiendo con él. En realidad suerte no fue. Fue mi amiga que me pasa el dato, averiguo y me inscribo. Así va la vida. Causa y efecto. Una cosa lleva a la otra. Pero vamos a ver qué es lo que pasó en este taller.

Estamos analizando mi futura novela. Intercambiando ideas, consejos.

Cuando le respondo a una de sus sugerencias.

-Claro, es que yo estaba caminando mirando a la nada y entonces bla bla…

Me interrumpe y dice

-Tú no. No eres tú. Es tu personaje.

Y boom. No se por qué pero me impactó mucho esa frase. Claro, yo muy metida en mi personaje, que como está basado en parte de mi vida, me la creía que era yo. Y nada más irreal, es mi personaje, creado por mi, pero no soy yo.

Y me quedé pensando. Cuántos personajes se pueden crear en la vida real. Somos muchos en uno. Actuamos distinto según la ocasión, nos adecuamos al escenario. Entonces, ¿en realidad soy yo? Me mandé una fumada imaginaria jodida. Porque pensé en mi, en Karina Higashi, con nombre y apellido. Y luego pensé en mi otra vez, con otro nombre y otro apellido: Stella Gallo. Que al ser mi segundo nombre y segundo apellido, legalmente también soy yo. Pero en mi rol de (futura) escritora.

Repito. Una fumada imaginaria jodida. Que me animo a creer que esa fumada, escrita en este blog, se siente más light. En fin, toda esta situación me obligó a preguntarle a mi terapeuta.

Qué tan peligroso es que sea yo pero dos veces y dos personas semi distintas. ¿Estoy camino a algo grave?

La verdad es que sonrió y me dijo que esté tranquila. Que todos tenemos dos o más roles en la vida y eso está bien, es lo normal. Solo que yo le estoy poniendo una marca, un nombre a mi rol de escritora. No es que me esté desdoblando o empezando a multiplicar mis personalidades. No va por ahí.

Uff.

No eres tú, es el personaje.

Viernes

Hoy te extrañé baby.

La pasé muy bien y también te extrañé.

Hay noches de fin de semana que ni siquiera me acuerdo de ti

o solo en una canción en especial.

Pero esta noche

Me acordé con OMD, Enola Gay cuando en el concierto me decías ‘qué flaquito y baila como hace treinta años’.

Me acordé con videos que nunca había visto y tú me decías que cómo no los había visto, que qué veía en los ochentas y noventas. Que era una nerd que no había visto nada.

Me acordé cuando te querías ir y yo me molestaba porque quería seguir bailando.

Y llegando a casa, limpiando el maquillaje con miles de algodones con agua micelar y jabón líquido con ácido hialurónico y centella asiática, me pregunto: 

¿Con qué eliminaba el maquillaje en los noventas?

Viernes

¿Eres tú?

Llegaba a casa, algo cansada de estar todo el día fuera. Me saco los zapatos, la ropa, para ponerme literalmente cómoda. Limpieza de rostro y toda la rutina de noche que haría toda mujer que sigue los cuidados que la vida a gritos y empujones le ha obligado a seguir religiosamente.

Miro mi teléfono para escuchar y leer los últimos mensajes antes de echarme a leer o escribir como ahora. 

– Amiga mira, tú debes conocer esta marca y saber cuánto cuesta este saco.

– Pues así es, compré uno y está alrededor de los cien dólares, quizá alguito más. Pero es lindo. Es diferente. Amor a primera vista. 

Y si te enamoras no vas a estar midiéndote en el precio. Así funciona.

Dicho esto, mi amiga y yo nos vimos envueltas en un ida y vuelta de mensajes que bordeaban lo filosófico. Salió todo un ‘Backrooms’, edición moda.

¿Qué pasó?

Llegamos a la conclusión que en Lima no había ropa buena, diferente y a precio decente. Probablemente nos falte buscar, caminar calles, entrar a todas las tiendas, olfatear hasta encontrar. El que busca encuentra, dicen.

Me quedé pensando y llegué a una triste conclusión. Que en realidad la ropa que uso es la que puedo usar, la que buenamente me ofrecen marcas como Zara, H&M, algunos viajes y tiendas que aparecen de buena fe, en algún momento. Como diría el gran José José: ‘Uno no es lo que quiere si no lo que puede ser’. Y mi poder adquisitivo ahora me dice que puedo ser una chica Zara, con sus variantes.

La ropa muy cool y creativa es muy cara y no es para comprar al día a día.

Y eso me llevó a pensar.

Eso es el mundo, eso es lo que vives. Traslada tu existencialismo de mediana costura a la vida en sus diferentes aristas y puedes encontrar semejanzas. La ‘vida’ te llevó a ese trabajo. La ‘vida’ te llevó a ese depa. La ‘vida’ te llevó a ese distrito. A ese chico. A esa amiga. A esa música. A ese vino. A tus hijos. A la falta de hijos. Al país dónde vives. La vida te lleva y te lleva y tú vas aceptando el paseo según tus posibilidades.

Sí claro, está la determinación, el libre albedrío y demás etcéteras. Pero creería que tienen un porcentaje muy pequeño de participación, por más que quieras creer y aparentar lo contrario.

Están los presidentes. Los primeros mundos. Los papás. El Instagram. El TikTok. Todos moldeándote de a poquitos. Poniéndote capas y máscaras.

Pregúntate ¿eres tú? ¿soy yo?

Es buen ejercicio.

Y cómo terminó la conversación con mi amiga.

-Qué vengan de una vez los extraterrestres y nos lleven.

-Exacto. Que vengan.

¿Eres tú?

Hay que cruzar

Un día semana. Un día de trabajo.

Para encontrarme con el taxi que me lleve a mi oficina estaba por cruzar un semáforo en una avenida, en una esquina con tres cruces. Llego para caminar por las zebras y me doy cuenta de un desorden inusual. Más movimiento. Bocinas sonando. Algunos gritos de hombres que al parecer no han dormido bien la noche anterior o tienen un problema de manejo de ira.

Mire con atención a mi alrededor toda esa variación en el ambiente y luego subí la mirada para ver en qué color estaba el semáforo. Y oh sorpresa, no hay colores. No hay semáforo funcionando. Entendí todo. Una chica, bastante más joven que yo, se acerca también para cruzar la pista, pero antes cruzamos algunas palabras. La miro y le empiezo a hablar.

-No hay semáforos

-Uy sí… y ahora

-Hay que cruzar

Y bueno, cruzamos. Pidiendo a algunos autos que paren. 

Un diálogo tan corto, tan preciso. Tan importante.

Cuando tengas una realidad en la vida, un escenario diferente, una situación inesperada. Actúa. Piensa rápido y empieza a hacer algo. Porque si te quedas analizando qué pasó, por qué pasó, quién es el responsable, a quién le corresponde. Olvídate, se te va la vida. Haz algo, así sea lo mínimo. Ese pequeño movimiento te llevará a otro, y a otro y a otro. Hasta que cumplas tu objetivo. Hasta que estés encaminado. Lo que venga primero.

Este episodio común de la vida diaria me hizo ver la importancia de tomar acción en todo y cuando dudo, cuando demoro, recuerdo a la chica diciéndome: Uy sí… y ahora

Hay que cruzar

Cambio climático

Ahora todo está como loco, desquicio, caos. El mundo está como un adolescente, con todos los sentimientos revueltos, rebelde, obediente. Como una mujer con menopausia, con calor, con frío, con calor extremo, con los cambios de humor de un minuto a otro. Hoy lloro. Mejor no. Mejor me río y mañana lloro, si no me olvido antes. Y también podemos sumar las lunas en escorpio, las alineaciones de planetas, los meteoritos cayendo, sinceramente, una distracción y nos podemos volver cucú.

Por un motivo sea astrológico, hormonal o mental, todos deben estar pasando por algo que los mueve. Me atrevo a decir que cada uno está bailando a su ritmo, pero se está moviendo y que ese movimiento telúrico interno sea para bien. Cómo bien dice mi terapeuta: todo cambio es una crisis, chiquita, grande, 2 x1, como venga, está bueno recibir los cambios con besos y abrazos.

Ayer un sol resplandeciente.

Hoy todo gris.

Lindos días ambos. Cada uno con su encanto.

Solo hay que saber cómo vivirlos.

Cambio climático