Class of 90. Friends 4 ever.

No, no soy villamariana ni hablo (tanto) spanglish. Pero estudié en el Abraham Lincoln que al menos en mi época todo primaria era en inglés y me hizo desentenderme de ciertas palabras en español que hasta el día de hoy primero me salen en english. Cómo qué, como ‘fence’, ‘quarter’, ‘necklace’, entre otros… pero bueno, no vamos por ahí. Venía a hablar de mis friends for ever, que definitivamente son los buenos amigos del cole, que conozco desde hace casi 45 años.

De hecho tengo dos amigos en especial que siempre salimos a comer y tomar. Por lo menos una vez al mes, últimamente. Somos dos mujeres y un hombre, totalmente diferentes entre nosotros, profesiones, trabajos, forma de vestir, música, todo es diferente, menos el gusto por la comida y la bebida, claro. Aunque uno es artesanal, otra Cristal y otra Pilsen, ahí vamos por la vida, bien amigos siempre.

Hace unas noches, en una de esas salidas, sale la frase: ‘oye, ya toca que escribas de nosotros pues’. Y sí, por qué no. Además de amigos, son fan de mi blog, espero que en serio y no porque crean que me voy a molestar si no les gusta.

Pero no es que aquí vaya a hablar de sus vidas, esto más bien es una oda a la amistad y a esa confianza y amor que hay con quienes te conoces desde kinder y pasaste 11 años, casi 7 horas al día, de lunes a viernes. No contentos con ese tiempo de vernos, conversar, reir, jugar, llegando a casa, hablaba horas por teléfono de lo que pasó en el día. Ya de más grandes, no solo nos veíamos de lunes a viernes y hablábamos por teléfono. También nos veíamos los sábados en Camino Real, en el cine o en alguna fiestita. Todo era tan genuino, hasta inocente diría, al menos en mi mundo, en mi burbuja. Creo nunca me he reído tanto como en el colegio. Felicidad total sin tecnología. Ni los jalados, ni las quinta nota, ni los exámenes en marzo, nada opacaba mi felicidad. Aunque creo que lo único era cuando perdíamos en algún partido, ahí si podía llorar.

Y bueno, esa felicidad vuelve a sentirse cuando estoy con ellos, con mis amigos Clau y Pancake, cenando en el restaurante que toque, en el que alguna tarjeta haga descuento. Y es él, el chico del grupo, el genio matemático, que divide la cuenta y simplemente dice ‘me yapean’. Además de conocernos de por vida, ya conocemos quien no perdona una cena, quien come poquito, quien prueba cosas nuevas, quién no, quién llega tarde, quién separa la mesa, quién reniega, quién se caga de risa, quién no cuenta el chisme completo, quién se olvida de lo que iba a contar.

Y así seguirán siendo nuestras reuniones, con nuevas cosas por decirnos, viejas cosas por recordar o no recordar. Con anécdotas por las cual renegar para terminar riendo siempre. Hablar y hablar, sin ser juzgados, de cualquier tema y escuchándonos siempre.

Y si bien cada año será distinto sea por las cosas que nos pasen o por la edad que avanza, los temas clásicos y básicos, la carnecita pura y dura, nunca va a cambiar. Hasta seguro seguiremos hablando del viaje que algún día haremos, hasta que llegue el día de hablar del viaje que hicimos.

Larga vida a la amistad, a esta amistad que conoce todas tus vidas. Larga vida a lo que nos diferencia y que nunca nos separó. Solo nos da más nuevas anécdotas y nos permite seguirnos sorprendiendo, como si no nos conociéramos. Hoy especialmente, me di cuenta que quiero mucho a mis amigos, más de lo que pensaba.

Y si tú también los tienes, aprovéchalos, quiérelos, disfrútalos.

Class of 90. Friends 4 ever.

La música de mis ex

Dale play al Spotify, al parlante, al tocadisco, a la casetera, al minicomponente, al equipo. Depende tu edad y de que tanto te guste la música, le habrás dado play a muchas o a pocas cosas en tu vida. En mi caso la música está siempre presente, estuvo siempre. Desde que iba de niña en el auto y mi papá escuchaba Rubén Blades, Buscando América.

Y como mi memoria no está trabajando en su máximo nivel en estos tiempos, esto es lo más antiguo que recuerdo. A Blades, Palito Ortega, Rafaella Carrá.

Los de mi edad crecimos con la música 100% ochentera, entre mis 12 y 15 años (1985 a 1987) que dicen es la edad en que se queda grabada en tu memoria y cuando más la sientes en tu corazón. Por eso crecí inventando dramas y queriendo vivirlos tal cual la canción por más que todo era felicidad a esa edad.

Aprendí hasta las letras, gracias a los cancioneros. Si las matemáticas, física y química hubieran venido en cancioneros, otra sería la historia.

Volviendo al 2025, hace unos días puse una canción en Spotify que creó una radio ‘para mi’ con esa canción y me di cuenta que no escuchaba ‘indie’ hace muchos años y disfrute cada sonido, cada letra. Y me puse a pensar, de dónde sale mi gusto por determinada música, qué me gustaba en los 80, 90, 2000, hoy. Por qué me gusta lo que me gusta. Y los ex han tenido también influencia en mi música. Los que pasaron por mi vida y me hicieron escuchar algo nuevo, algo que me gustó y se quedó conmigo y seguro también varias canciones y géneros que se fueron pronto.

Lo más probable es que la música que se quedó conmigo es la que alguna palabra o frase me impactó, me emocionó, me identifiqué de alguna forma, porque soy la que escucha la letra primero, luego la música.

Y vamos uno a uno.

De los que más se quedaron en mi mente y en mi playlist.

Mi ex compañero de salón, de la B.

Aquellos años de los cassettes, de los variaditos, los más fichos, los dorados de cromo. En el Pasaje Los Pinos en Miraflores era el lugar donde tenías que ir si querías grabar algo bueno. O en casa rezando para que el locutor no hablara encima de tu canción favorita, eso era adrenalina pura. Volvamos a mi amigo del cole que me graba un variadito, a su gusto, su elección, tomando en cuenta también lo que me podría gustar de esa selección. Y oh maravilla, ahí estaba:

‘Light my fire’ de The Doors. Ese fue mi primer encuentro con Morrison, con mi Jim.

Y como en los 80’s mi corazoncito más estaba con G3 que con Lluvia, tus besos fríos como la lluvia, The Doors en el variadito fue mi favorita. Y la segunda canción que me llamó la atención fue una de Ziggy Marley que ya olvidé su nombre.

Hablemos sobre mi ex noventero que no me dejó mucho porque era más fan de la pachanga, así que no hay mucho que contar por aquí, solo que si voy a una fiesta pachangera puedo identificar algunos tonitos. Pero lo importante de esta relación, musicalmente hablando, es que llega Alanis Morissette y su You oughta know, justo en el momento perfecto de la separación, así que disfrute cantarla a todo volumen en mi Golf noventero. Jagged little pill, un discazo.

El próximo ex importante en música me dejó lo indie, el house. Passion Pit, Cut Copy, MGMT, Zoe. Buena música, buen playlist, buenos conciertos. Justamente este playlist en Spotify fue el que me inspiró a recordar y escribir.

El baby, más rockero clásico, medio panqueque, medio synth pop, fue la pareja perfecta para bailar en casa con vino, cerveza, una picada casera y cuando hubo la oportunidad, comprar discos en la feria de Brooklyn, NY.

Este año, me hicieron escuchar algunas canciones españolas y ver sus videos, que por algún motivo no veía antes muchos videos o probablemente no lo recuerde. Me parece raro, cuando prácticamente era lo único que había para ver. Me parece prefería mirar una y otra vez los VHS con los conciertos y a Axl Rose en su shortcito blanco. Pero bueno, estas canciones españolas, si bien no necesariamente pasaron a mi playlist de favoritas, me gustaron las letras y me gustó escuchar una de ellas en una de las fiestas ‘Gorila Amarillo’, que son fiestas con música en español toda la noche, mis fiestas favoritas en los 90’s y que este año volvieron.

Después de este recorrido musical, me quedé más con el rock clásico, wave, synth pop, rock en español (es muy amplio pero ya detallar que tipo de rock en español puede ser mucho). Ganaron las discotecas Bauhaus, Bizarro de los 90’s, Nirvana, Biz Pix, Psicosis, Nébula, Estigma… a The Piano, The Edge y algunas más seguramente. Pero claro, que igual estoy open mind a escuchar otros géneros y a Ca7triel & Paco Amoroso.

No se si tú también alguna vez pensaste más allá de lo evidente, de dónde nació tu música, tus gustos. Yo, primera vez.

La música de mis ex

Scroll Infinito

Hoy que todo tiene que ser inmediato. Hoy que el scroll te seduce, te enamora, te promete casi casi amor eterno para que no lo alejes de tu dedo, para serle fiel día y noche. El scroll en tu vida es la rutina, lo que haces a diario, varias veces, todos los días, sin descanso, pero sin pasión, sin un motivo, solo porque está ahí, porque así tiene que ser, excluyendo claro a quienes lo hacen en un working mood

No conviertas tu vida en un scroll que va y viene, que le sonries sin que te sonría de vuelta.

Suena fácil, pero cómo hacerlo. Ya sabemos que la vida viene sin manual y que vas a a hacer y deshacer como te lo enseñaron de pequeño, hasta que tienes voluntad, gustos propios y empiezas a explorar, a expandirte, a elegir, a ganar, a perder, a entender. Eres feliz (la mayoría al menos) en la adolescencia, a tus veintes que vives al máximo, sales, bailas, cantas, besas, enamoras, te enamoras, miedo cero, lo puedes todo. Llega la tecnología, para bien y para mal, llegan otras experiencias y responsabilidades que poco a poco te ‘encierran’ en un mundillo donde se puede decir que no eres tan libre y donde sin querer puedes caer en un scroll infinito.

Hoy, 2025, algunas décadas después y algo lejos (pero no tanto ja) de mis veintes vuelvo a empezar, cualquiera sea la interpretación de esta palabra cargada de emociones y que se dice mucho pero realmente es fuerte, es determinante, es complicada y de hecho es difícil empezar a empezar. Es, con esa sensación de re inicio reloaded  que se detiene el scroll, mi scroll, ese dedo que prefiere no mirar atrás para seguir avanzando lo más rápido posible. 

Que el scroll ahora, sea pasar por experiencias, viajes, conversaciones, reuniones (presenciales de preferencia), caminatas, libros, cine, copas de vino, vasos de Negroni, comida rica, buena música, bailes, risas, carcajadas, llanto, todo es bienvenido en este scroll infinito de la vida. ¿Qué es lo que realmente importa? No hacerlo en automático.

Mientras escribo me digo a mi misma que estaré atenta a no caer en la automatización, practicar el hacer de mi rutina una anti rutina, cambiar de ruta en las caminatas, cambiar de lugar los adornos en casa, cambiar de bar – bueno, siempre hay un favorito al que se vuelve pero intentarlo al menos – , fomentar nuevas charlas, nuevos temas. Y casi casi que esto se está volviendo una especie de ‘sal de tu zona de confort’, y no, no quise caer en algo derivado del coaching pero creo que se entiende el mensaje.

Que este scroll infinito de tu vida sea de los que le sonries y sí te sonríe de vuelta.

Good luck! Good mood!

Scroll Infinito