No nos dio el tiempo

Una noche antes de dormir, navegando por el infinito scroll de los reels, tuve un encuentro visual de amor a primera vista que me obligó a sumergirme aún más en los colores, la estética, las ideas de Agnès Varda que al parecer la llamaban the “grandmother” of the French New Wave. Directora de cine, fotógrafa, artista francesa fascinante. Ya había visto sin saber que era de ella o sin acordarme, la película Cleo de 5 a 7, así que seguí amándola. 

Cuando fui a volverme oficialmente su follower en Instagram, me di cuenta que el baby, mi novio que murió hace dos años, la seguía, y claro, empecé a relacionar y recordar su pasión por las películas antiguas, el buen cine de antes. Por él vi unas cinco veces El Globo Rojo y 8 ½ de Fellini y traíamos libros gigantes de películas para la coffee table.

Y pensé,

por qué no hicimos más cosas juntos relacionadas al cine, por qué no me mostró el Instagram de Agnès, por qué no conversamos más sobre cine, por qué no navegamos rebuscando más datos, por qué no buscamos más libros cuándo viajábamos, por qué no nos sentamos con un café a analizar la película, por qué no vimos más películas de ese época, por qué no cambiamos noches de HBO por noches de cine clásico.

Porque no nos dio el tiempo.

No nos dio el tiempo

Todo viene en pack

Una noche, sola en el depa, ¿qué es lo mejor que puedo hacer? Ver ‘Envidiosa’, que estrenó hace unos días su entiendo última temporada. Ahora amo a Vicky, la protagonista, cuando en la primera temporada me chocó su intensidad, ahora todo bien. Y la serie buenísima, será porque siempre hay algo con qué o con quién identificarse. 

Hay un momento tenso entre la protagonista y un vendedor en el market por un cepillo de dientes. Este cepillo venía en un pack de dos cepillos y ella solo quería uno. Así que o te llevabas los dos cepillos o nada. 

Eso es porque todo viene en pack, en combo, con mochila, con antecedentes, con carga.

En la vida todo viene con algo al lado, encima, abajo, dentro, fuera. 

Todo viene con algo pequeño o grande y no te dan a elegir. Aunque a veces, sí, por ahí que puedes decidir agrandar y ponerle extra condimento.

Y así es cómo funciona este gran escenario de la vida. Sin ensayo previo y sin que puedas hacer un casting previo. Cada persona que conoces viene con su historia, con sus capas. 

Depende de ti con qué te quedas

Que toleras 

Qué te gusta más

Qué te gusta menos

Qué hablas 

Qué compartes

Qué callas

Qué odias

Qué amas

Qué abrazas

Qué te da risa

Qué odias  

Pero qué pasa cuando te enamoras.

Debes aceptar todo el pack si no, no funciona.

Tan simple.

Tan complejo.

Todo viene en pack

Lo nuestro se acabó

Y te arrepentirás

de haberle puesto fin

a un año de amor

si ahora tú te vaaaaaaas

Es parte de la letra de una canción de Luz Casal. Sugiero busques ‘Un año de amor’ y seguramente verás el video de Bosé en un vestido de brillos y lentejuelas rojas cantando en la película ‘Tacones lejanos’. Y sí, eran inicios de los noventas, unos noventas jóvenes, radiantes, que con las manos abiertas entregaban felicidad por donde pasaban, la chispa de la vida como diría Coca-Cola en alguna de sus campañas.

Al escucharla y cantarla a todo pulmón, sufriendo, imaginando estar sola, abandonada y con esa mezcla de tristeza y rabia que lleva entre las manos una copa, siempre hay una copa en escena, me pregunto, ¿realmente se sufría?, pues no. La verdad que no. Era la magia de las canciones en esa época cuando las redes sociales no estaban ni en proyecto de procreación. Sufrías lo que no entendías. Drama. Amaba el drama. Pensaba si alguna vez me pasaría lo que pasaba en esas letras dolidas y ensombrecidas por el desamor.

Y no, nunca sufrí tanto, un poco sí, pero nunca tanto creería. Quizá nací para otro tipo de drama. Y es que también depende de cómo sea el fin de la relación, el duelo de ese momento. Y en qué momento de tu vida sucede. Depende, todo depende, como todo en esta vida.

Está la relación que termina solo por un lado. Y el otro lado es como que WTF. Qué pasó, todo estaba bien. Y nunca se enteró de nada esa otra ‘mitad’. ¿Qué sientes? que actuaron en todo momento, desde cuándo, ¿solo al final? Es muy probable que nunca te enteres, si te agarró por sorpresa, quién sabe cuánto tiempo de la relación fue sorpresa también.

Por otro lado, el lado oscuro, tenemos la traición. La maldad. La novela venezolana en los capítulos de mayor rating. Aquí intervienen las y los amantes, las estafas, los golpes, los hijos no reconocidos, las familias duplicadas. Terminar por una traición duele más o menos que una terminada sorpresa. Como bien dice Kundera en ‘La insoportable levedad del ser’, nunca sabrás cómo se siente en ambos lados porque nunca podrás experimentar los dos, o qué camino es mejor, porque no vas a poder compararlos, algo por ahí.

Y están las terminadas donde ambos saben que no va más y bueno lo que queda es cada uno vivir su vida. Claro que cuando hay hijos, lo de cada uno vivir su vida no es una realidad. En esta clasificación de ruptura donde los dos saben, hay además dos estilos, el light, donde todo cool, te deseo lo mejor, fue lindo lo que vivimos juntos, bye. Y el estilo más bold es cuando una de las partes quiere salvar la relación. Intenta, intenta y sigue intentando hasta que algo hace boom y no dá para más. Aquí sí, alguien sufre.

Por último, para este relato, porque seguramente habrán muchos más estilos de ruptura, está la muerte de una de las partes. Todo va bien hasta que la muerte te agarra de sorpresa, hasta que la muerte los separa. Ahí te das cuenta de que es totalmente cierto que todo tiene solución, menos la muerte. Y es como un amigo me dijo: Yo tengo alguna posibilidad por más mínima que sea de volver con mi ex. Por el simple hecho de que está viva. Tú, ninguna. Por el simple hecho de que no está en esta vida. Probablemente este estilo de ruptura tenga algo de relación con la primera, donde solo una de las partes sale del juego, sin una previa sospecha.

De vez en cuándo entran esas ganas de escuchar una playlist cortavenas y sufrir. ¿Por qué? Porque será que alguien deliberadamente quiera sufrir. Será porque la vida es así, no la he inventado yo.

Síganme en Spotify.

Lo nuestro se acabó

Bailamos o somos novios

Habían fines de semana que saltaban esas dudas por un momento y luego de disipaban. 

Ubiquémonos en el tiempo, año más o menos 2005, entre jóvenes y adultos. Una edad que no sabes bien si ya ‘debes sentar cabeza’, estar casado o pensando en tener hijos o hacer lo que te venga en gana con tu vida. También estábamos quiénes simplemente vivíamos el momento sin pensar en ninguna opción aún.

Cada fin de semana religiosamente asistíamos a un bar para conversar y tomar unas cervezas. Luego del bar y antes de las tres de la mañana que los locales empezaban a restringir los ingresos, caminábamos unas cuadras hasta la discoteca para bailar sin parar hasta casi las seis.

La música iba entre los ochentas, noventas, con un estilo synth pop, new wave, indie. Muy buenos temas, buena mezcla. Un local oscuro como el feeling de su música y una barra no muy prometedora, donde pedir cerveza era lo más seguro.

Ya se sabía qué canción seguía o qué canción ponía a bailar a todos y a dar algunos grititos de emoción y cantar eufóricamente mirando a la cabina del DJ como si estuviéramos en un concierto. Otros bailaban con los parlantes y algunos mirando la pantalla de videos. Grandes noches.

En esa confusión de temas, conversaciones, luces en medio de la oscuridad, dos personas se reconocían, y empezaban a bailar uno cerca del otro. Al ritmo de la música se acercaban poco a poco, paso a paso, ritmo a ritmo, cantada a cantada hasta quedar uno frente al otro, como si hubiera existido la pregunta: ‘¿quieres bailar?’

Poco después ya estaban de la mano y bailando como si hubieran llegado juntos.

Así cada sábado. Novios Bailables, puede ser una nueva categoría y se resuelve el misterio del título.

Bailamos o somos novios

Homeless

Tienes dónde vivir, dónde llegar. Dónde llamar, dónde comer.

Tienes una oficina donde vas a diario. Amigos a quienes escribir, hablar, salir.

Tienes personas que te extrañan.

Y ni te enteras.

Tienes café todas las mañanas.

Hay personas que miran la misma luna que tú.

Hay personas que miran la misma luna que tú

Y que además piensan en ti mientras la miran.

Hay quienes sienten tu energía.

Hay quienes quieren verte y te ven.

Hay quienes quieren verte y no se atreven a intentar.

Y aún así sientes que algo te falta. Que alguien te falta.

No te ubicas y no importa. No esta mal ser homeless mientras encuentras tu propio hogar.

Lo más probable es que la vida te está preparando la cancha, te está construyendo un apartamento que por ahora está en planos. ¿Un consejo? no lo compres en planos, no te banques una sorpresa, sigue sintiendo que no tienes donde ir, que estás como en el medio de todo y de nada a la vez.

Y espera.

En ese mundo paralelo, espera que se siga construyendo.

Y cuando esté listo, lo vas a encontrar hasta decorado a tu gusto.

Y no estoy hablando de apartamentos.

Homeless

La Mudanza

Me gustó pasar la pandemia contigo.

En marzo del 2020 llegó oficialmente la pandemia por el COVID a Perú, y claro, a Lima, a Miraflores, que era donde vivíamos. Y podría pensar que pasar una pandemia en un departamento de 64 metros, ese departamento que marcó profundamente mi etapa de independencia. Una independencia física, que realmente llegó en forma orgánica, como lo que tenía que pasar, simple, con hechos y personas que estaban ahi para hacerlo posible. Así era mi vida, todo pasaba sin mayor drama, todo bien, todo cool. Hoy entiendo que todo depende de la energía con la que vivas, con la que actúes, con la que te muevas y de la gente que decidas entre a tu espacio.

Pasaron unos años, no sé, 6, 7, 8 años después de haberme mudado, que llegaste a mi vida. Siempre feliz, desde la primera vez que nos vimos. Tanto que yo no sabía si iba a poder enfrentarme a un ser así. Y en la primera cita y la primera gran conversación ya solos, donde sale el auditor que llevas dentro que va separando todo lo bueno, lo lindo, lo que te hace intuir que podrías seguir saliendo, podrías seguir compartiendo, conversando, viviendo. De esa primera cita, se me quedó grabada una frase.

-Podemos ir a Máncora y quedarnos donde ‘el Wawa’

Y te reíste luego de decirlo porque ya sospechabas que pondría cara rara por no mencionar un hotel ‘lindo’. O te reiste nervioso porque no tenía sentido mencionar un viaje juntos en la primera cita. No lo sé, pero todo fluia tan natural, que era obvio hablar de lo que haríamos juntos, por qué no, si nos llevamos bien, cuál era el impedimento. 

En esa primera salida nos citamos en Larcomar, no recuerdo si pasaste por mi, creo que sí y nos encontramos con una pareja de amigos. La primera parada era el cine, el estreno de la película argentina ‘Relatos Salvajes’, buen inicio. Luego solos la seguimos y llegaron los bares, existía aún ‘Huaringas’ y luego terminamos en ‘Eka’, donde todo es más confiable, más natural. Entonces, hablar de viajes, de no querer tener hijos, de música, fue lo que me hizo pensar: ‘ok, zona segura, go for it’.

Fue luego de un año y un par de viajes nacionales que decidimos ir por fin de año a Playa del Carmen. Y una pequeña conversación mientras planificamos el viaje, cambió todo.

Que tal si regresando ya empezamos a vivir juntos.

Me parece perfecto.

Y llegó la segunda mudanza importante.

La primera convivencia importante, all day long, todos los días, todas las noches, todas tus cosas, todas mis cosas. Claro, cada uno trabajaba fuera de casa, así que no es que estés pegado for ever. Todo bien. Y regresando a lo que comentaba sobre la pandemia que para muchas parejas, muchas familias fue una prueba de fuego, para nosotros fue de lo más divertido. Y sí, en un depa de 64 metros, super bien distribuido y con un balconcito que se volvió protagonista de la temporada. Con el tiempo fuimos cambiando algunas cosas, no en forma radical, pero adapté un poco mi decoración de ‘lentejitas’ como le llamabas, que se refería a las lentejitas D’Onofrio, un dulce ochentero en Perú, que podrían ser los m&m de la época. Y bueno, era una decoración colorida, ecléctica, que en algunas partes del depa hice algunos ajustes para complacerlo y para que sea más nuestro hogar.

Voy a vender el depa. Vi alguien que busca algo justo como este.

Con esa frase fue que empecé a vender el depa de soltera y a buscar el depa de pareja. Recuerdo muy claro cuando le dije a la vendedora que si los planetas se alinean y todo sale a la vez, lo hacemos. Y bueno, así fue.

Aquí vamos con la tercera mudanza.

Los dos igual pero a algo nuevo, un poco más grande y muy cerca a todo el movimiento miraflorino. Todo cerca, todo diferente, si bien con el anterior depa no había más de 20 cuadras de diferencia. Calculo vivimos casi dos años, soy muy mala para recordar cantidad de años, fechas y casi todo en general lo que tenga que ver con números.

Ven, siéntate que te tengo que decir algo. Tengo cáncer y está avanzado.

Si yo sentí que no entendía nada, que no entendía por qué, en qué momento. Es imposible imaginar lo que él pensaría, sentiría. Imposible. Cambiemos de vida entonces, comamos saludable, hagamos tratamiento.

Aquí vamos con la cuarta mudanza.

Después de prepararte tu plato favorito, no de la vida, más bien el plato favorito que yo te hacía. Pasta con carne molida y salsa roja, ya me pediste que te lleve a la clínica. Y bueno, empezó una etapa de hacer lo que hay que hacer, escuchar a los médicos, ver opciones, exámenes. Y lo principal, tratar de hacer que sufras lo menos posible. Sé que todo lo decide Dios, pero aquí uno trata de hacer todo lo que se puede.

¿Estás bien? ¿Te hiciste daño?

Son una de las frases que me quedaron grabadas que dijiste cuando intenté cerrar una ventana del cuarto de la clínica y estaba muy dura. Yo no entendía como se te ocurría preocuparte por algo tan tonto frente a lo que estabas pasando. En ese momento volví a entender quién eras, cómo eras. A quién tuve la suerte de tener en mi vida.

Pasaron menos de 2 meses y te mudaste solo a esa otra vida que quieras o no, me vas a ver más adelante. Por ahora sé que sabes lo que hago y que de alguna forma guias mis decisiones, que ahora permito que lo hagas al 100%  porque tienes buenos asesores en tu nueva casa, tu nuevo cielo.

Sabes que me mudo ¿cierto?

Sí, es una de las cosas que me dijo mi intuición en la cuál confío mucho, solo que a veces no sé cómo hacerle caso. Pero ahora lo hice y me voy por un tiempo de este depa.

Y alguien más se muda aquí, alguien a quién seguramente también le está cambiando la vida y por eso se muda. Todos ganamos. Todos nos mudamos para un cambio. No importa cuál, todos los cambios son importantes, son los que te hacen vivir, crecer. Hay cambios más cómodos que otros, pero eso también depende de cómo los vivas.

La Mudanza

Class of 90. Friends 4 ever.

No, no soy villamariana ni hablo (tanto) spanglish. Pero estudié en el Abraham Lincoln que al menos en mi época todo primaria era en inglés y me hizo desentenderme de ciertas palabras en español que hasta el día de hoy primero me salen en english. Cómo qué, como ‘fence’, ‘quarter’, ‘necklace’, entre otros… pero bueno, no vamos por ahí. Venía a hablar de mis friends for ever, que definitivamente son los buenos amigos del cole, que conozco desde hace casi 45 años.

De hecho tengo dos amigos en especial que siempre salimos a comer y tomar. Por lo menos una vez al mes, últimamente. Somos dos mujeres y un hombre, totalmente diferentes entre nosotros, profesiones, trabajos, forma de vestir, música, todo es diferente, menos el gusto por la comida y la bebida, claro. Aunque uno es artesanal, otra Cristal y otra Pilsen, ahí vamos por la vida, bien amigos siempre.

Hace unas noches, en una de esas salidas, sale la frase: ‘oye, ya toca que escribas de nosotros pues’. Y sí, por qué no. Además de amigos, son fan de mi blog, espero que en serio y no porque crean que me voy a molestar si no les gusta.

Pero no es que aquí vaya a hablar de sus vidas, esto más bien es una oda a la amistad y a esa confianza y amor que hay con quienes te conoces desde kinder y pasaste 11 años, casi 7 horas al día, de lunes a viernes. No contentos con ese tiempo de vernos, conversar, reir, jugar, llegando a casa, hablaba horas por teléfono de lo que pasó en el día. Ya de más grandes, no solo nos veíamos de lunes a viernes y hablábamos por teléfono. También nos veíamos los sábados en Camino Real, en el cine o en alguna fiestita. Todo era tan genuino, hasta inocente diría, al menos en mi mundo, en mi burbuja. Creo nunca me he reído tanto como en el colegio. Felicidad total sin tecnología. Ni los jalados, ni las quinta nota, ni los exámenes en marzo, nada opacaba mi felicidad. Aunque creo que lo único era cuando perdíamos en algún partido, ahí si podía llorar.

Y bueno, esa felicidad vuelve a sentirse cuando estoy con ellos, con mis amigos Clau y Pancake, cenando en el restaurante que toque, en el que alguna tarjeta haga descuento. Y es él, el chico del grupo, el genio matemático, que divide la cuenta y simplemente dice ‘me yapean’. Además de conocernos de por vida, ya conocemos quien no perdona una cena, quien come poquito, quien prueba cosas nuevas, quién no, quién llega tarde, quién separa la mesa, quién reniega, quién se caga de risa, quién no cuenta el chisme completo, quién se olvida de lo que iba a contar.

Y así seguirán siendo nuestras reuniones, con nuevas cosas por decirnos, viejas cosas por recordar o no recordar. Con anécdotas por las cual renegar para terminar riendo siempre. Hablar y hablar, sin ser juzgados, de cualquier tema y escuchándonos siempre.

Y si bien cada año será distinto sea por las cosas que nos pasen o por la edad que avanza, los temas clásicos y básicos, la carnecita pura y dura, nunca va a cambiar. Hasta seguro seguiremos hablando del viaje que algún día haremos, hasta que llegue el día de hablar del viaje que hicimos.

Larga vida a la amistad, a esta amistad que conoce todas tus vidas. Larga vida a lo que nos diferencia y que nunca nos separó. Solo nos da más nuevas anécdotas y nos permite seguirnos sorprendiendo, como si no nos conociéramos. Hoy especialmente, me di cuenta que quiero mucho a mis amigos, más de lo que pensaba.

Y si tú también los tienes, aprovéchalos, quiérelos, disfrútalos.

Class of 90. Friends 4 ever.

How soon is now

Solo para conocedores o para los que tienen buena memoria, este título es una canción de The Smiths, sí, Morrissey el cancelador de conciertos. Pero esa es otra historia.

Qué tan pronto es para qué.

Para lo que estés pensando, cambiando, queriendo.

Eso es algo que nunca se podrá saber sobre seguro pero que obvio nos vamos a decir siempre que ahora no era el momento, que no estás preparado, que no es tu año, que no es el planeta indicado el que ahora está sobre tu signo y muchos qué.

Y a veces solo es cuestión de valentía. De decidir y hacer. De hablar. De decir lo que sientes sin tanta vuelta, con amor, pero sin mucha vuelta. Y cuando te atreves a expresar lo que quieres te darás cuenta si estás soon, late o es el momento indicado. 

Para que estas copas estén juntas pueden haber pasado muchas cosas, simplemente las ganas de tomar un buen vino o de tomar una foto aesthetic para instagram, eso solo lo sabes tú y hay que saber aceptar el momento. Aceptar si con quien compartes el vino te va bien una noche, un mes, un año o una vida. Y por aceptar me refiero a disfrutar el momento, a dar lo mejor de ti en lo que haces, sin pensar en qué pasará después. Porque si no vives ese instante, se pasó, adiós, bye, ciao, it’s gone. Siente el vino, su aroma, temperatura, sabor y los efectos que hace en ti luego de la primera, segunda, tercera copa.

Eso que te hace sentir en el momento y la resaca del día siguiente harán que tu intuición se ponga en marcha y ahí sabrás (o no) qué hacer. Y obvio que no lo vas a resolver, al menos no al momento. De eso se trata la vida, de cada vez acercarte más a lo que crees es una buena decisión y en cada decisión del momento aprenderás algo nuevo. Y no estoy hablando de vino ni de una noche divertida, aplica el alcohólico ejemplo a lo que esté dando vueltas y vueltas en tu cabeza o en tu corazón ahora mismo.

Sí, eso es para todo, desde decidir que algoritmo quieres en tu Instagram hasta qué algoritmo quieres en tu vida. Lo que aprendas a disfrutar y a querer de verdad, seguirá llegando así, tal cuál como los reels que te llegan y compartes con tus besties.

Por eso, cuando te preguntes How soon is now, piensa que no lo vas a saber, pero sí lo vas a sentir, que es mucho mejor. Y sigue tu instinto, uno de los mejores amigos del sentimiento y la emoción, buen trío ese. Ah, también puede haber la variante de How late is now y como Morrissey no va a leer esto, no se molestará que le de un twist a su canción. Pero sí me molestaré si cancela su concierto en Lima.

Hasta soon.

How soon is now

La risa remedio infalible

Los de mi generación probablemente hayan leído esta frase como título de la sección de chistes de la revista Selecciones. Pero bueno, esta vez es el título de un relato sobre la risa y las relaciones. Sobre las parejas que se rien. Las que son más felices que preocupadas. Las easy going.

Enrique Higashi y Roma Gallo, mis papás en su boda civil.

Y bueno, fácil es decirlo, pero al ver esta foto de mis papás – que me inspiró este relato -, de su boda civil, recuerdo que mi papá literal siempre se está riendo. Y así la situación esté difícil o se esté discutiendo algo serio, siempre hay algo que le da risa.

Será la risa algo fundamental en las parejas? No digo sea lo único que las mantiene obvio, pero sí creo es algo importante. Mis papás ya pasaron los 50 años de matri celebrando en medio de la pandemia y la risa ha sido siempre protagonista.

Creo no por gusto en las películas siempre se quedan con quien hacer reir a las protagonistas y no con el millonario serio y estresado. Una combinación sería ideal, pero casi siempre es uno u otro. Una de las excepciones es Bridget Jones, que se queda con el señor Darcy, muy inglés y serio él, al menos hasta la 3ra parte.

La risa es algo que crea intimidad, fortalece relaciones, hace que quieras estar más tiempo con alguien y hace la vida más divertida! Pero algo curioso que veo con más frecuencia es hablar de hombres que hacen reir a mujeres… las mujeres somos menos sonrientes? Más histéricas? Más preocupadas? Más estresadas? Más serias? No lo sé, quizá en un estudio general mundial, pueda ser que así sea o solo sea una leyenda urbana.

En mi caso, mi novio se rie más que yo cuando las cosas están serias y la verdad me da un poco de cólera a veces, pero claro que me gusta que sea así, aunque a veces sea ya muy feliz para esta vida : )

Qué creen? La risa hace más duraderas las relaciones?

La risa remedio infalible