Una noche antes de dormir, navegando por el infinito scroll de los reels, tuve un encuentro visual de amor a primera vista que me obligó a sumergirme aún más en los colores, la estética, las ideas de Agnès Varda que al parecer la llamaban the “grandmother” of the French New Wave. Directora de cine, fotógrafa, artista francesa fascinante. Ya había visto sin saber que era de ella o sin acordarme, la película Cleo de 5 a 7, así que seguí amándola.
Cuando fui a volverme oficialmente su follower en Instagram, me di cuenta que el baby, mi novio que murió hace dos años, la seguía, y claro, empecé a relacionar y recordar su pasión por las películas antiguas, el buen cine de antes. Por él vi unas cinco veces El Globo Rojo y 8 ½ de Fellini y traíamos libros gigantes de películas para la coffee table.
Y pensé,
por qué no hicimos más cosas juntos relacionadas al cine, por qué no me mostró el Instagram de Agnès, por qué no conversamos más sobre cine, por qué no navegamos rebuscando más datos, por qué no buscamos más libros cuándo viajábamos, por qué no nos sentamos con un café a analizar la película, por qué no vimos más películas de ese época, por qué no cambiamos noches de HBO por noches de cine clásico.
Porque no nos dio el tiempo.
