Hoy vi un nuevo suscriptor en mi wordpress y mi corazón dio un pequeño salto. De alegría claro está. Gracias de verdad. Valoro infinitamente que a alguien le guste lo que escribo.
Y por esta gratitud es que vengo a decirles que me fui a Substack.
Me siento traicionera, sacavueltera.
Pero no es así. Agradezco estos años a wordpress y bueno, aparecen nuevas relaciones que te dan lo que necesitas en este momento y más. No es por nada malo el cambio. Al contrario. Si alguien lee este blog, y aún no me sigue, lo invito a encontrarme en esta app. Ojalá los vea por ahi https://karinahigashi.substack.com/
Y si pueden suscribirse al mismo substack se los super recomiendo. Es una red social relacionada a la cultura, escritura, arte, tecnología. Una fusión entre twitter, X perdón y el mismo wordpress quizá. Y van a poder interactuar mejor. Comentar. Likear. Denle una revisada si aún no lo hicieron.
Ya no actualizaré esta página. Bye. Nos vemos en Substack.
Esta tarde de feriado salí a hacerme la manicure. Salí a pintarme las uñas como se decía en los ochentas. A hacerme es mucho decir, a qué me hagan. A una peluquería. Fui caminando para aprovechar de hacer el ejercicio del día, más aún siendo un día libre, más relajado.
Ese momento, mientras dejan tus manos más lindas, es definitivamente un buen momento. Relajado. Dónde no hay nada más que hacer que dejarte hacer. Masaje y exfoliación incluida.
Pero qué pasa cuando estás con las uñas recién pintadas. Nada. Literalmente nada. No puedes hacer nada. Olvídate de abrir la cartera, la billetera. Mirar el celular. Puedes mirarlo, pero no sacarlo de tu bolso, estuche, bolsillo.
No puedes rascarte la cabeza. Pasarte la mano por el pelo. No puedes. Salí a caminar de regreso. Había algo de viento. Y si el viento llevaba arenilla o cochinadas hacía mis uñas húmedas por el esmalte. Se quedarían pegadas en ellas. Se malograrían.
Qué pasa si viene un ser de mal vivir y quiere robarme. Quiere secuestrarme. ¿Podré defenderme? Lo dudo. Tendría que esperar unos treinta minutos por lo menos.
¿Así seremos en el amor?
En esa primera etapa cuando está recién pintadito. Con masajes y exfoliación incluida. Cuando se va formando algo lindo y así se queda un buen rato. Hasta que pasa algo o no. No siempre todo termina en drama, lamento decirles.
Pero definitivamente debe haber un tiempo – así como cuando esperas que se sequen tus uñas – donde no puedes defenderte, no quieres. No te interesa hacerlo. Eres indefensa. Algo débil. Algo torpe. Algo espectadora.
Este último sábado salimos con amigas a dar un paseo por Barranco. Ese barrio bohemio, relajado, feliz y con veintinueve grados de sensación térmica en pleno invierno limeño. Y en una de las paradas, esta vez a comer algo dulce que finalice el día como dicta el cliché. Con el postre. Fue en esta parada que comentamos sobre los momentos que generan la ansiada felicidad. Y me puse a pensar en ellos.
Un instante que recuerdo sucedió hace algo más de diez años, supongo. Fue un instante. Estaba en el segundo piso de un bus turístico Hop On Hop Off en una ciudad de Europa, Barcelona me parece. Verano. Cielo exageradamente azul. El bus avanzando, levanto la mirada, veo el cielo, una rama verde que cruza y un desliz de amable viento sobre el rostro. Listo. Ese solo instante me generó una felicidad que hasta ahora recuerdo.
Hoy mismo. Con mis dos amigas, almorzando, caminando, conversando. Parando en tiendas, en ferias, en librerías. Sin presión. Sin alguien que te espere. Sin un pendiente. La sensación de esa tarde fue felicidad.
Una conversación. Interesante. Rara. Y por rara me refiero a temas menos comunes o superficiales. Encontrar alguien para profundizarlos, desmenuzarlos. Felicidad.
Bailar. Bailar sola. Solo para vivir la canción, no para agradarle a alguien. Y cantar la canción, fuerte, con feeling. Y si compartes el momento con más personas desconocidas que están en lo mismo, también es un momento happy.
Leer sin distracciones mentales me genera felicidad.
Soy feliz cuando leo los blogs que escribí antes y me gustan. Me pasa mucho que no recuerdo lo que escribo y cuando los leo, me sorprendo gratamente de haberlo hecho. Me gusta lo que leo.
Entrar a una librería cool y tocar las carátulas de los libros que causan algún efecto en mi. Creo que hacerles una pequeña caricia es como decirles ‘hey, me gustas y quisiera llevarte conmigo’. Probablemente no lleve ninguno pero ver que estén ahí, estéticamente acomodados, me hace feliz. Me atrevería a decir que se puede tratar de una felicidad visual.
Salir con mis amigos del colegio me hace feliz.
Me hace feliz la comodidad que se siente con personas de confianza extrema. Conocerse con alguien desde los cinco años y seguir con las misma confianza a los cincuenta. Esa conversación absolutamente auténtica y sin poses es una conversación feliz.
Finalmente, analizando qué tienen en común estas situaciones, me di cuenta de qué va la felicidad.
No es mi verdadera intención ser aguafiestas, pero es evidente que lo seré. De otra manera no hubiera empezado así este blog.
Te hago una pregunta, ¿cómo sabes cómo es tu vida? ¿cómo sabes lo que viviste? Lo que hiciste. Lo que dijiste. Cómo hiciste sentir a las personas con las que interactuaste. Al final no lo sabes a ciencia cierta.
Solo guardas lo que tu mente hasta ahora lúcida recuerda, que finalmente es lo que quieres guardar contigo. Me pasó anoche que caminaba regreso a casa, comiendo frutos secos. Y una semillita pequeña de girasol se escapó de mi boca. Lentamente cayó sobre mi brazo. Sobre mi saco. Inmediatamente vino a mi mente una imagen de hace más de treinta años, en el aula del colegio. En las carpetas de atrás, con mi mejor amiga en esa época y el chico que me gustaba en esa época también. Comíamos pecanas y caramelos de limón – buena combinación – a escondidas mientras el profesor dictaba su clase.
Y fue por reirme que abro la boca para que salga la carcajada, pero a la vez sale volando el caramelo de limón. Chupado claro está.
El caramelo, ya pequeño por haberlo mantenido unos buenos minutos en mi boca aterriza sobre mi chompa de colegio, que en los años ochenta era gris y de lana. Se quedó pegado. Y yo seguía riéndome de lo más disforzada coqueteando con el chico que me gustaba, por la gracia tan asquerosa que había hecho.
Luego que todo lo que acabo de contar pasó por mi cabeza por un microsegundo, le hablé a mi amiga y le pregunté si se acordaba. Bueno, me dijo que sí, que algo, pero ella más se acordaba del modelo de mi chompa (modelo murciélago), que de toda la escena que acabo de describir. En conclusión, terminas armando tu vida a tu manera. Claro que hay cosas que son concluyentes y que todos los protagonistas recuerdan lo mismo, pero la emoción nunca será la misma.
Y eso finalmente me parece que está bien. Prefiero tener una propia versión de mi vida. Y si me olvido de algo, que vengan mis amigos a recordármelo.
Cuando salgo a caminar y estoy sin audífonos, me gusta escuchar lo que habla la gente. Las personas con las que me cruzo. No los runners, porque ellos no hablan. Me refiero a los que van al parque a pasear. Los que van con sus perritos. Los que hacen picnic en el malecón. Los que salen para cambiar de ambiente. Para ver el mar.
Pasaron a mi lado un hombre y una mujer, no sé qué relación o parentesco tendrían. Él le dice: ‘Claro como los tacos, ¿no probaste los tacos, la comida mexicana?’
–No
Le respondió ella.
Y pensé que cómo no había comido tacos en su vida. Nunca. Jamás.
En ese momento entendí que cada individuo tiene su propio algoritmo. Respondemos, probamos lo que nos parece conocido. Consumimos lo que está a nuestro alrededor, la vida nos pone en un bucle constante. Nos muestra lo que queremos ver. Vemos lo que queremos ver. Escuchamos lo que nos gusta, lo que nos conviene.
Y así se va formando la vida. La vida que quieres tener. ¿O que te obligan a tener? La mujer que nunca en su vida había probado tacos, quizá si nos pusiéramos a hablar me diría que cómo puedo tomar el café sin azúcar. Cómo que nunca has cambiado un pañal. Y que se yo. Mil cosas más que ella da por sentado que todos deben saber o hacer.
Eso es lo interesante. Que siempre te puedes sorprender. Puedes conocer. Puedes probar. Puedes escuchar nuevas canciones. Puedes aprender. Puedes comer algo por primera vez. O por última vez. Puedes bailar esa canción que dijiste nunca bailarías. Conversar con esa persona que nunca se te habría ocurrido antes.
Rompe el algoritmo. Y si no te gusta lo que ves, siempre puedes volver.
Espero que después del paseo el hombre le haya invitado unos tacos.
“Más vale que no tengas que elegir entre el olvido y la memoria”
Es parte de una canción del español Joaquín Sabina. Me encanta. Escuchando la canción pienso en la memoria que es nuestro disco duro y luego están los recuerdos. Que finalmente son interpretaciones de las escenas que armamos de lo que recordamos. La emoción que sentíamos en ese momento influye en cómo es ese recuerdo. Cómo llega el evento a nuestra mente. A nuestro corazón.
Y decidí recolectar algunas escenas. Algunas aventuras. Momentos de esos años cuando el único propósito de vida era pasarla bien. Hablo de los años ochentas básicamente.
Años en los que jugaba en la calle sin temor a que me secuestren.
Años en los que la música se quedaba en la memoria. Todas las letras. Todos los ritmos. Compraba y aprendía los cancioneros. Que eran folletos impresos en blanco y negro con las letras de las canciones de moda. Y los vendían en el quiosco de la esquina, junto a los periódicos.
Vivía en un edificio de solo ocho departamentos.
Aquí habitaban los personajes de los cuentos y las historias más emocionantes: mi mejor amiga (hasta el día de hoy), una bruja, unos seres misteriosos, un político, un dentista, una estilista y nueve niños incluyendo a mi mejor amiga y a mi.
Cuando jugábamos a Los Magníficos yo interpretaba a Murdoch, el espacio de se podría decir el lobby del edificio que era bastante pequeño, antes de las escaleras, era nuestro cuartel. Ahí planeábamos cómo atacaríamos al enemigo. Ahí también llegaba ese enemigo y echaba gases tóxicos que nos tiraban al piso ahogándonos y tratando de alcanzar la salvación. Que era la caja eléctrica. Si llegábamos a abrirla nos salvábamos.
Compartíamos escenario con Los Ángeles de Charlie, Miami Vice, El Super Agente 86 y también algunas veces ese lobby se volvía en el condominio de Barbie y sus múltiples novios.
Solo eran cuatro pisos en el edificio y habían días que lo convertíamos en una fábrica de hojas. Un balde amarrado con una soga, hojas de eucalipto y alguien que reciba el balde era suficiente. En un piso lavábamos las hojas, las metíamos al balde. Y el balde subía gracias a alguien que jalaba de la soga al otro extremo. Ese alguien también lo bajaba vacío. Y se repetía la acción. Una y otra vez.
Teníamos un club.
No recuerdo qué hacíamos. Había una mesa construida con tablas. Hojas. Colores. Y una presidenta. Sí, mi hermana mayor era la presidenta. Y también la tesorera. Solo Dios sabe qué hacía con lo qué recolectaba.
Vendimos limonada obviamente. Quién no ha vendido limonada en la vereda. A los transeúntes que amablemente cedían ante nuestro relato y colaboraban con el emprendimiento.
Jugábamos Matagente, Bata, Siete Pecados, Policias y Ladrones.
Salíamos con las bicicletas a encontrarnos con los chicos vecinos. Con los guapos. Pero a veces nos intersectaban los malos del barrio. Era febrero, carnaval y globos de agua. El terror. Yo podía entrar en pánico extremo si veía globos de agua. Y paseando en la bici, lo vi venir. Era el amigo del gordo. Ni idea cuál era su nombre. Ni el suyo ni el del gordo. Di la vuelta para avisar a los compañeros y manejé a toda velocidad gritando:
¡Ahí viene el amigo del miserable gordoooooooooo!
Todos corrimos hacia el interior del edificio para mantenernos a salvo y este salvaje con otros de su pandilla empezaron a lanzar los globos de agua dentro de los departamentos más bajos que evidentemente por el calor, estaban con las ventanas abiertas.
Pero cuando nos cruzábamos con los chicos guapos, otra era la historia. Recuerdo que nosotras íbamos. Ellos venían. Todos en bicicletas por el medio de la pista. Y cuando pasa uno de los chicos a mi lado, me dice: “Amorosa”. Que palabra para más rara en esa circunstancia. Pero claro que emocionada hasta las lágrimas.
Lo más osado que hicimos con mi amiga era comprar en la ferretería un spray y escribir en las paredes de San Isidro, un barrio o distrito donde hacer eso era casi delincuencial. Me parece que escribimos “Te Amo Julito”. Nunca sabremos si se enteró de nuestra declaración de amor.
Ya un poco más grandes nos llevaban al Club El Bosque. Debe haber sido la época en que conocimos más chicos. Los retábamos a mini partidos de basquet o quinelas. Ganábamos siempre y ellos invitaban las cremoladas.
Los retábamos a que suban a las abejitas. Un subibaja que daba vueltas y los asientos eran abejas. Se subían pensando era un juego de niños, pero se convertía en una escena de terror cuando les dábamos vueltas con todas nuestras fuerzas y luego nos lanzábamos al jardín mientras gritaban que por favor paremos.
Júgabamos NAM. Una serie de guerra. La canción era Paint it Black de The Rolling Stones. Rodábamos por los jardines, nos metíamos entre los bungalows con armas que ahora mismo mientras escribo no recuerdo si eran juguetes o eran imaginarios, solo con nuestros brazos. Creería que lo segundo.
Entre poner de cabeza el celular y escribir a todos los chats. Entre mirar el cielo y scrollear eufóricamente.
A veces estoy así, en extremos. A veces al mismo tiempo y un extremo le habla al otro. Oye pero qué te pasa que no haces algo. Pero para ya de perder el tiempo. No hagas nada. Descansa. Recarga. Y quién te dijo a ti que puedes descansar con todo lo que hay por hacer en esta vida. En tu hermosa vida.
Y está bien, porque cada minuto la cosa cambia.
Sí, así como cambia la tecnología.
Por eso a veces me extraña cuando me dicen ‘pero si a ti no te gusta esto’, ‘ese chico no es tu tipo’, ‘como que te pusiste short, de cuándo acá’ —— Y me extraña, porque es un poco obvio que la vida es un constante cambio. Pero pasa que sí miras desde fuera a alguien más, crees que debe quedarse como lo conociste. Y si a tu amiga le gustaron morenos siempre, pobre de ella que ahora se fije en un rubio pálido.
Si vieron ‘Perfect Days’ habrán sentido esa nostalgia por la tranquilidad. Por lo análogo. Por lo simple. Por tener la capacidad de elegir cómo quieres vivir. Por sentir. Y eso no significa que no quiera ser también Carrie Bradshaw comprando Manolo Blahnik y migajear de vez en cuando. Al final todo es posible. Ya depende de ti. No tienes que ser la misma persona todo el tiempo. Haz los cambios que quieras. Como diría mi amiga Mel: ‘hechas mierda de cansancio, pero lo importante es que estamos haciendo algo, amiga’ –
Y es más que probable que hayas escuchado decir lo contrario. Y varias veces. Varias veces. Y no es corta. Es que no la usas cómo deberías. La derrochas. La malgastas. No la disfrutas.
Claramente hay excepciones. Como en los terremotos, desastres naturales que no avisan. Y si alguien muere niño, joven. Se puede decir que su vida fue corta. Pero aún así, si la vivió bien, probablemente se vaya de este plano, satisfecho. Porque si te pones a pensar, quien muere no racionaliza que ha muerto o cuánto tiempo vivió, pero sí sabe mientras estuvo en vida, cómo le ha ido con ella. La famosa y manoseada ‘calidad de vida’.
¿A qué viene toda esta filosofía?
Llega por el gentil auspicio de Séneca y su libro Sobre la brevedad de la vida dónde menciona algo parecido: La vida no es corta, es que tú la malgastas. Y me pareció genial darle la contra a todos los que dicen que la vida es corta. Todo depende desde dónde lo digas.
Entonces qué hacemos.
Empezar a vivir si crees que puedes hacerlo mejor.
Empezar a vivir la vida que quieres, mejor dicho.
Empezar a dejar el automático.
Empezar a incomodarte más.
Empezar a ver la otra parte del mundo que no veías.
Hoy no era como todos los días. El sol quemaba más. Y solo cinco nubes, muy grandes y alegres cubrían todo el cielo de Cusco. Sentí algo especial, una intuición como de esas que ya no se tienen tanto. Positiva.
Ya eran las diez de la mañana cuando llegó el primer grupo del día. Y la tienda estaba en mes de apertura. 100% baby alpaca. Suave. Calidad de exportación.
-Jaime, hoy es un gran día.
Me dije mientras recibía a este grupo de turistas. Las puertas abiertas tanto como lo estaban mis brazos y mi sonrisa.
Ella fue la primera en entrar. Pequeña, delgada, pelo largo, ondeado color caramelo. Podía imaginar el olor a frutos secos de su pelo. Sus ojos, inmensos como una luna llena en cielo despejado. Me miraron. Y yo los miré como nunca había mirado a nadie en mi vida. Diciéndole que se quede conmigo, que vivamos en la montaña, lejos de la ciudad.
Y no sé si pudo leer lo que decían mis ojos, pero en ese momento se acercó a mi. Me preguntó por una pashmina. Colombiana. Me lo dijo su acento y esa voz que alborotaba todos mis sentidos.
-Esta me encanta. Le va perfecto a todo. Es tan suave. Seguro que me durará mucho tiempo.
Apoyé la pashmina sobre sus hombros y le dije que le quedaba perfecto.
La compró y se fue corriendo porque la dejaba el grupo. Salí a la puerta y en ese momento mientras la veía subir al bus, sonaba en el auto de al lado una canción de Joaquín Sabina. Esa letra, esa canción, ese momento jamás se me olvidó, así ya hayan pasado once años desde aquel encuentro.
´No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió’
-Sí que yo sepa, sigo siendo Joaquín y tú quién eres…
-Mírame bien
-Sí, me eres muy familiar
-Y es que eramos casi familia, acuérdate… ¡chato bajaaaaa!
-Toto, ¡Toto! eres tú, claro que eres tú pero calvo jaja.
-Joaco, si no fuera por esa marca de la sacada de mierda con la bici, no te sacaba.
-Y tú, te desapareciste como si te hubiera tragado la tierra.
-Sí pues, me acuerdo la última vez que nos vimos fue en tu cumpleaños, a los diecinueve. Tremenda borrachera.
-¿Qué te pasó? ¿Dónde estabas? ¿De dónde saliste? Sabes que justo en la época que despareciste, también nos enteramos de la desgracia de Laura, la del piso cuatro en el edificio ¿Te acuerdas de ella? ¿Supiste que murió? Todos estuvimos en el velorio menos tú.
-Huevón, me fui a estudiar fuera. Por el terrorismo y que todo el Perú estaba movidazo, por eso mis viejos me mandaron con mis tíos a Houston.
-Sí, tus papás algo me dijeron, pero no me dieron mucha info. Y luego se mudaron y también perdimos contacto. Rarazo todo ese año, pero bueno, en esos tiempos sin internet, ni redes sociales, era más normal perderse.
-Bueno chato, ya estoy por aquí, después de treinta años y mira dónde te vengo a encontrar, en un supermercado. Ya estamos viejos.
-Viejos ni cagando, pero cuéntame por qué te fuiste tanto tiempo y sin comunicarte.
-Nada, estaba metido en mis business… Oye y te acuerdas ¿Cómo era eso qué hacíamos como un juramento, como una promesa entre nosotros?
-Asu, no me acuerdo.
-Era cada vez que alguno hacía algo malo, algo que nadie se podía enterar, y menos nuestros papás. Todo quedaba entre nosotros.
-Sí, en eso me ganabas, yo era el que más guardaba todos tus secretos, en mucha huevada te metías.
-Ya me acordé. Con la mano en el pecho, nos mirábamos sin parpadear diez segundos y luego decíamos: ‘¡queda entre nosotros!’
-Ya me acordé, ‘¡queda entre nosotros!’, sí.
-A ver, hagámoslo.
-No friegues Toto, mejor quedemos en tomar unas chelas para ponernos al día.
-Hagámoslo.
-No Toto, para qué.
-Hagámoslo pues huevón. Que nuestro encuentro no sea en vano.
-Habla, cuándo puedes salir, ¿este fin de semana?
-Hagámoslo pues.
-Qué pesado te pones, mierda. Y además con esa cara de loco.
Era un sábado soleado en Lima, por la mañana y como de costumbre, salgo a caminar por el malecón. Estaba por el distrito de Miraflores y bajé por un caminito hacia el llamado ‘Parque de la Juventud’. Este parque o espacio más que parque, está especialmente diseñado para deportistas, jóvenes aparentemente.
No soy ni deportista ni tan joven como la edad me imagino pensaron cuando se les ocurrió poner el nombre, pero claro que tengo el ingreso permitido. Fui directo a las barras para colgarme y estirarme. Es desestresante al máximo. Además de relajar el cuerpo, entiendo que ayuda a la columna y más allá. Por ahora es lo único que puedo hacer en este parque. Además de sorprenderme con la fuerza y agilidad de ciertos hombres (el 99% son hombres por algún motivo) que vienen a realmente hacer uso del espacio. Y qué mejor que frente al mar.
Los que son de mi generación habrán visto la serie de Maxwell Smart el Agente 86. Y si recuerdan y eran super fanáticos como yo, hay un capítulo que ‘Kaos’ captura a Max. No recuerdo si también a la 99 o al jefe, pero había alguien más con él. Y los empiezan a torturar para que hablen.
La tortura era en unas máquinas. Amarrados de brazos y piernas, los empiezan a estirar. Así como yo en mis barras miraflorinas. Y Max, más allá de sufrir y decir lo que ‘Kaos’ quería lograr con semejante tortura, era disfrutarlo.
-Pueden ponerlo más fuerte por favor.
Bueno, parece que sentí lo mismo que el Super Agente 86.
Luego de mi intermedio de estiramiento en plena caminata, entro al baño antes de subir y seguir mi camino y me cruzo con una chica muy jovencita que se graduaba de alguna escuela y sale del baño con un vestidito blanco, bien peinada, algo maquillada y especialmente producida para las fotos que suelen hacer en estos eventos. Aprovechan el escenario natural del mar para tomarse fotos. La chica sale del baño mientras yo entraba. Su papá la esperaba afuera.
-Papito ya estoy, agarra esto, le dice entregándole su casaca.
Y ya lista, suben juntos para la foto.
Me acordé de mi papá, cuando yo tenía cinco años, estaba en kinder. Me metieron a clases de ballet y tap. Así que mi papá me recogía del kinder y me llevaba a las clases. Al llegar al cole, entraba al baño para cambiarme con mi tutú rosado y un moño en el pelo con una malla rosada también. Me alistaba y nos íbamos a las clases.
Mi papá me recogía y me llevaba a todos lados.
Escuchando salsa en el auto, hasta que crecí y escuchábamos Radio Doble 9 y me decía que era rock fuerte, que estaba bueno. No sé si realmente le parecía bueno o quería complacerme.
Dónde está esa delgada línea entre tu vida real y tu personaje.
Me pasó que estaba en un taller, en una de las clases del taller con Alonso Cueto, un reconocido escritor peruano. Muy capo.
Y bueno, tengo la buena suerte de estar aprendiendo con él. En realidad suerte no fue. Fue mi amiga que me pasa el dato, averiguo y me inscribo. Así va la vida. Causa y efecto. Una cosa lleva a la otra. Pero vamos a ver qué es lo que pasó en este taller.
Estamos analizando mi futura novela. Intercambiando ideas, consejos.
Cuando le respondo a una de sus sugerencias.
-Claro, es que yo estaba caminando mirando a la nada y entonces bla bla…
Me interrumpe y dice
-Tú no. No eres tú. Es tu personaje.
Y boom. No se por qué pero me impactó mucho esa frase. Claro, yo muy metida en mi personaje, que como está basado en parte de mi vida, me la creía que era yo. Y nada más irreal, es mi personaje, creado por mi, pero no soy yo.
Y me quedé pensando. Cuántos personajes se pueden crear en la vida real. Somos muchos en uno. Actuamos distinto según la ocasión, nos adecuamos al escenario. Entonces, ¿en realidad soy yo? Me mandé una fumada imaginaria jodida. Porque pensé en mi, en Karina Higashi, con nombre y apellido. Y luego pensé en mi otra vez, con otro nombre y otro apellido: Stella Gallo. Que al ser mi segundo nombre y segundo apellido, legalmente también soy yo. Pero en mi rol de (futura) escritora.
Repito. Una fumada imaginaria jodida. Que me animo a creer que esa fumada, escrita en este blog, se siente más light. En fin, toda esta situación me obligó a preguntarle a mi terapeuta.
Qué tan peligroso es que sea yo pero dos veces y dos personas semi distintas. ¿Estoy camino a algo grave?
La verdad es que sonrió y me dijo que esté tranquila. Que todos tenemos dos o más roles en la vida y eso está bien, es lo normal. Solo que yo le estoy poniendo una marca, un nombre a mi rol de escritora. No es que me esté desdoblando o empezando a multiplicar mis personalidades. No va por ahí.
Hay noches de fin de semana que ni siquiera me acuerdo de ti
o solo en una canción en especial.
Pero esta noche
Me acordé con OMD, Enola Gay cuando en el concierto me decías ‘qué flaquito y baila como hace treinta años’.
Me acordé con videos que nunca había visto y tú me decías que cómo no los había visto, que qué veía en los ochentas y noventas. Que era una nerd que no había visto nada.
Me acordé cuando te querías ir y yo me molestaba porque quería seguir bailando.
Y llegando a casa, limpiando el maquillaje con miles de algodones con agua micelar y jabón líquido con ácido hialurónico y centella asiática, me pregunto:
Llegaba a casa, algo cansada de estar todo el día fuera. Me saco los zapatos, la ropa, para ponerme literalmente cómoda. Limpieza de rostro y toda la rutina de noche que haría toda mujer que sigue los cuidados que la vida a gritos y empujones le ha obligado a seguir religiosamente.
Miro mi teléfono para escuchar y leer los últimos mensajes antes de echarme a leer o escribir como ahora.
– Amiga mira, tú debes conocer esta marca y saber cuánto cuesta este saco.
– Pues así es, compré uno y está alrededor de los cien dólares, quizá alguito más. Pero es lindo. Es diferente. Amor a primera vista.
Y si te enamoras no vas a estar midiéndote en el precio. Así funciona.
Dicho esto, mi amiga y yo nos vimos envueltas en un ida y vuelta de mensajes que bordeaban lo filosófico. Salió todo un ‘Backrooms’, edición moda.
¿Qué pasó?
Llegamos a la conclusión que en Lima no había ropa buena, diferente y a precio decente. Probablemente nos falte buscar, caminar calles, entrar a todas las tiendas, olfatear hasta encontrar. El que busca encuentra, dicen.
Me quedé pensando y llegué a una triste conclusión. Que en realidad la ropa que uso es la que puedo usar, la que buenamente me ofrecen marcas como Zara, H&M, algunos viajes y tiendas que aparecen de buena fe, en algún momento. Como diría el gran José José: ‘Uno no es lo que quiere si no lo que puede ser’. Y mi poder adquisitivo ahora me dice que puedo ser una chica Zara, con sus variantes.
La ropa muy cool y creativa es muy cara y no es para comprar al día a día.
Y eso me llevó a pensar.
Eso es el mundo, eso es lo que vives. Traslada tu existencialismo de mediana costura a la vida en sus diferentes aristas y puedes encontrar semejanzas. La ‘vida’ te llevó a ese trabajo. La ‘vida’ te llevó a ese depa. La ‘vida’ te llevó a ese distrito. A ese chico. A esa amiga. A esa música. A ese vino. A tus hijos. A la falta de hijos. Al país dónde vives. La vida te lleva y te lleva y tú vas aceptando el paseo según tus posibilidades.
Sí claro, está la determinación, el libre albedrío y demás etcéteras. Pero creería que tienen un porcentaje muy pequeño de participación, por más que quieras creer y aparentar lo contrario.
Están los presidentes. Los primeros mundos. Los papás. El Instagram. El TikTok. Todos moldeándote de a poquitos. Poniéndote capas y máscaras.
Pregúntate ¿eres tú? ¿soy yo?
Es buen ejercicio.
Y cómo terminó la conversación con mi amiga.
-Qué vengan de una vez los extraterrestres y nos lleven.
Para encontrarme con el taxi que me lleve a mi oficina estaba por cruzar un semáforo en una avenida, en una esquina con tres cruces. Llego para caminar por las zebras y me doy cuenta de un desorden inusual. Más movimiento. Bocinas sonando. Algunos gritos de hombres que al parecer no han dormido bien la noche anterior o tienen un problema de manejo de ira.
Mire con atención a mi alrededor toda esa variación en el ambiente y luego subí la mirada para ver en qué color estaba el semáforo. Y oh sorpresa, no hay colores. No hay semáforo funcionando. Entendí todo. Una chica, bastante más joven que yo, se acerca también para cruzar la pista, pero antes cruzamos algunas palabras. La miro y le empiezo a hablar.
-No hay semáforos
-Uy sí… y ahora
-Hay que cruzar
Y bueno, cruzamos. Pidiendo a algunos autos que paren.
Un diálogo tan corto, tan preciso. Tan importante.
Cuando tengas una realidad en la vida, un escenario diferente, una situación inesperada. Actúa. Piensa rápido y empieza a hacer algo. Porque si te quedas analizando qué pasó, por qué pasó, quién es el responsable, a quién le corresponde. Olvídate, se te va la vida. Haz algo, así sea lo mínimo. Ese pequeño movimiento te llevará a otro, y a otro y a otro. Hasta que cumplas tu objetivo. Hasta que estés encaminado. Lo que venga primero.
Este episodio común de la vida diaria me hizo ver la importancia de tomar acción en todo y cuando dudo, cuando demoro, recuerdo a la chica diciéndome: Uy sí… y ahora
Ahora todo está como loco, desquicio, caos. El mundo está como un adolescente, con todos los sentimientos revueltos, rebelde, obediente. Como una mujer con menopausia, con calor, con frío, con calor extremo, con los cambios de humor de un minuto a otro. Hoy lloro. Mejor no. Mejor me río y mañana lloro, si no me olvido antes. Y también podemos sumar las lunas en escorpio, las alineaciones de planetas, los meteoritos cayendo, sinceramente, una distracción y nos podemos volver cucú.
Por un motivo sea astrológico, hormonal o mental, todos deben estar pasando por algo que los mueve. Me atrevo a decir que cada uno está bailando a su ritmo, pero se está moviendo y que ese movimiento telúrico interno sea para bien. Cómo bien dice mi terapeuta: todo cambio es una crisis, chiquita, grande, 2 x1, como venga, está bueno recibir los cambios con besos y abrazos.
Le pregunté esperando por respuesta una canción de amor, de amantes que se prometen amor eterno, incondicional, como si eso fuera posible. Como si el amor se pudiera prometer. Como si el amor pudiera entrar en una canción o en el soundtrack de una película con final feliz.
El domingo se dio en Lima la carrera 42k de Adidas. Mientras tanto en el mundo paralelo que es mi mundo, salgo a caminar por el malecón como todas las mañanas de domingo. Y me sumergí, me uní, me complementé, me mezclé, entre estas personas que regresaban de correr orgullosas esta carrera, regresaban felices, con medallas colgando del cuello, sudando, contando anécdotas.
Yo que casi estaba vestida como una corredora, pensé si me verían como uno de ellos y como parte de su comunidad.
Ni por asomo soy runner.
Pero nunca digo nunca en esta vida.
Con esta escena es probable que así se sienta cuando quieres pertenecer a un grupo. Cuando empiezas algo nuevo. Una relación nueva. Un trabajo. Un proyecto. Empiezas como un outsider y poco a poco te vas mezclando, te vas mixeando con el tema y con las personas. Un buen ejercicio sería analizar esas situaciones y vivir el proceso.
Sobre el título merge qué significa mezclarse, unirse, viene de cuando manejando en Miami con mi hermana por la highway y de pronto ahí está: merge.
Cada vez que aparecía ese pedazo de asfalto con la palabra las dos gritábamos meeeeerrrg!!
Y nos uníamos a la velocidad de los autos compañeros de al lado.
Todos los días voy a la oficina, mitad caminando, mitad en taxi y fue en uno de esos taxis que el señor conductor me da la bienvenida y me dice: señorita, usted tiene más de 200 viajes con nosotros, eso es bastante.Y lo mejor aún es que tiene una puntuación de 4.98 de 5. Casi llegando a la excelencia, que seguro con mi puntuación positiva, llega ya a 5.
Y terminó con un alegre ¡felicitaciones!
Wow, gracias. Le dije yo. Y qué me dan, cómo me premian, qué significa esto en mi vida.
Y bueno, ser un 5 en esta aplicación de taxi quiere decir que me van a dar prioridad, que si estoy de noche, tarde, una madrugada de fin de semana, lejos de casa, me atenderán antes que a otros.
¿Qué hace que me califiquen bien? No lo sé. Quizá el no estar hablando tanto, saludar amablemente, sonreir, pagar a tiempo. Quién sabe.
Es muy probable que muchos de los que están leyendo ya sabían de esta dinámica, pues yo no. Solo sabía de la calificación que hacemos los pasajeros a los conductores y a cómo mantienen su auto. El enterarme me pareció bien de capítulo Black Mirror la escena.
Es bueno saber que soy un 5 virtual para alguien.
Y que existe gente tan entusiasta como este señor conductor que obviamente también recibió mi buena calificación.
Está especialmente bonita. Como una sonrisa, como ese columpio donde se sientan a pescar en las presentaciones de algunas películas. Regresaba caminando a casa y la vi, con un cielo especialmente despejado y de un azul intenso, raro en Lima la gris y a finales de mayo. Pero hoy salió sol y dejó así el cielo.
Pensaba en cómo la verías, de qué forma y desde qué perspectiva. Si en ese mismo momento que yo o en un momento distinto y si te preguntaste lo mismo. O no pensaste en mi. Al menos no con la luna. Si yo fuera tú, pensaría en mi con la luna y no con el sol. Me gusta el sol, pero me va mejor nuestra compañera en común que aparece en las noches, aunque a veces se deja ver y otras veces no.
Empecé a contarte cómo me había ido en el día, lo que había hecho en la semana, mis dudas, lo que me hizo renegar más de lo esperado y mis últimas decisiones. Cuando volvi a mirar ya no estaba, una nube chismosa se acercó demasiado a escuchar, tanto, que la tapó.
Seguí caminando mientras escuchaba ‘La Mataré’ de Loquillo y Los Trogloditas, que me hizo acordar a ti. A cuando íbamos a bailar, lanzaban esa canción y me mirabas diciendo: anda, sal, baila, muévete, expláyate en la pista de baile. Te gusta esta canción, disfrútala. Todo eso con un micro segundo de mirada.
Dicen que esta frase trae un mensaje oculto, misterioso, que no significa lo que realmente dice. Que es una frase doble cara. Doble sentido.
Y es que vamos por un café significa vamos a conversar, te quiero ver, qué es de tu vida. Significa dejar el chat de vez en cuando. Significa hacer contacto visual, hacer una sola cosa mientras conversas : hablar
Significa dejar de contarte cómo estoy mientras atiendes un meet, pagas tus recibos o miras la serie del momento. Significa darle entonación a mis palabras, darle vida a mi historia.
Sí, ¡Vamos por un café! Y que te quede claro que ese café puede tener varias personalidades. Se puede comportar como un Negroni, un vino, unas alitas, una ensalada. Lo importante es hacer realidad la frase y simplemente ir.
Y debo confesar que tengo un amigo que sin exagerar me dice para tomar ese café hace más de un año. Y mis aparentes múltiples ocupaciones no lo han hecho realidad. Y sí, es verdad que no coincidimos en horarios porque él es más día y yo más noche.
Pero ayer prometí coincidir en tiempo y espacio. Y hoy escribo esto. No tengo escapatoria.
Se siente casi un alivio saber lo que quieres, que muchas veces viene en forma de saber lo que no quieres. A todos les debe pasar en algún momento de su vida. O quizá no. Hay una diferencia muy grande entre vivir la vida que deberías vivir y la que quieres vivir. A veces hasta una combinación de ambas, va muy bien.
El gran tema está, en qué hacer cuando lo descubres.
¿Cómo cambiar ese día a día que viene repitiéndose por miles de días por el qué quieres? ¿Cómo dejar lo que estás acostumbrado a hacer, a ver, a escribir, a hablar por acostumbrarte a hacer lo que quieres?
¿Cómo empezar a crear lo que está en tu mente?
Cuando camino por las calles, por el malecón, por los parques, cruzando puentes, cruzando distritos de día o de noche, todo se empieza a escribir en mi mente, lo que me gusta, lo que no me gusta, lo que acepto y no debería aceptar, lo que quiero escribir pronto, lo que quiero conseguir. Para mi caminar es como un activador de ideas, un coach, un terapeuta, un ‘amiga, date cuenta’.
Pero qué pasa una vez que tienes ese Got it!
Lo que sigue puede ser tan difícil como empezar la dieta, pero nunca imposible.
Una noche antes de dormir, navegando por el infinito scroll de los reels, tuve un encuentro visual de amor a primera vista que me obligó a sumergirme aún más en los colores, la estética, las ideas de Agnès Varda que al parecer la llamaban the “grandmother” of the French New Wave. Directora de cine, fotógrafa, artista francesa fascinante. Ya había visto sin saber que era de ella o sin acordarme, la película Cleo de 5 a 7, así que seguí amándola.
Cuando fui a volverme oficialmente su follower en Instagram, me di cuenta que el baby, mi novio que murió hace dos años, la seguía, y claro, empecé a relacionar y recordar su pasión por las películas antiguas, el buen cine de antes. Por él vi unas cinco veces El Globo Rojo y 8 ½ de Fellini y traíamos libros gigantes de películas para la coffee table.
Y pensé,
por qué no hicimos más cosas juntos relacionadas al cine, por qué no me mostró el Instagram de Agnès, por qué no conversamos más sobre cine, por qué no navegamos rebuscando más datos, por qué no buscamos más libros cuándo viajábamos, por qué no nos sentamos con un café a analizar la película, por qué no vimos más películas de ese época, por qué no cambiamos noches de HBO por noches de cine clásico.
Una noche, sola en el depa, ¿qué es lo mejor que puedo hacer? Ver ‘Envidiosa’, que estrenó hace unos días su entiendo última temporada. Ahora amo a Vicky, la protagonista, cuando en la primera temporada me chocó su intensidad, ahora todo bien. Y la serie buenísima, será porque siempre hay algo con qué o con quién identificarse.
Hay un momento tenso entre la protagonista y un vendedor en el market por un cepillo de dientes. Este cepillo venía en un pack de dos cepillos y ella solo quería uno. Así que o te llevabas los dos cepillos o nada.
Eso es porque todo viene en pack, en combo, con mochila, con antecedentes, con carga.
En la vida todo viene con algo al lado, encima, abajo, dentro, fuera.
Todo viene con algo pequeño o grande y no te dan a elegir. Aunque a veces, sí, por ahí que puedes decidir agrandar y ponerle extra condimento.
Y así es cómo funciona este gran escenario de la vida. Sin ensayo previo y sin que puedas hacer un casting previo. Cada persona que conoces viene con su historia, con sus capas.
Aprovechando que me acuerdo y que además son divertidos los sueños (a veces). Son esa realidad paralela, que solo Dios sabe cómo llegan a tu mente y se recrean en imágenes mientras duermes. Será de lo que hablas y miras durante el día, lo que se queda en tu subconsciente. A veces para los más susceptibles, pueden ser avisos premonitorios. Los sueños sueños son y siempre tendrán muchísimos enigmas.
Aquí vamos con el mio.
Calculo fue entre las seis y las siete de la mañana, luego de una noche de insomnio, donde minutos antes, a eso de las cinco, estaba analizando salones de belleza para cortarme el pelo.
Ahora sí, vamos al sueño.
Yo estaba en España, más que probable que sea en Madrid que lo tengo más fresco de un viaje a inicios de año. Paseaba con una amiga, Pati se llama, que ahora vive en Florida y dicho sea de paso, no nos hablamos seguido, pero cuando hablamos, intensa la cosa.
Bueno, estábamos paseando por alguna plaza, mucha gente alrededor. Y ella tenía que ir a atender a sus hijas, así que le dije para encontrarnos en la noche, en un lugar específico, en alguna zona de bares mejor y estando ahí decidimos dónde aterrizar.
Al irse mi amiga me quedo paseando sola en esta plaza llena de restaurantes. Y de repente ya estoy sentada en una mesa, grande, rectangular, con mantel de papel blanco y con flores encima. La comida la servían sobre el papel blanco, sobre el mantel, no habían platos, pero no lograba distinguir lo que servían, solo unos trozos de sandía que probé uno y estaba muy rico, fresco.
La mesa ya estaba llena, de personas mayores que yo, señoras entre los setenta y ochenta serían. A mi izquierda, el único hombre que al parecer era un nuevo novio y a mi derecha, mi mamá. Al ver el ambiente ya sabía que me quedaría un buen rato y que no iba a llegar al encuentro con Pati más tarde, era imposible. Y fue cuando desesperadamente quería comunicarme con ella, momento de estrés en el sueño que andaba tan relajado. No podía marcar, había cambiado de número, la tecnología era como de otra época. Es más, el celular era gris oscuro y no combinaba bien dentro del styling de mi sueño, un color muy muerto y sin gracia, que desentonaba para mal.
Luego, después de un buen rato estresada y angustiada por no poder hablar con ella para avisarle, sin razón aparente, me olvidé del tema, me olvidé de mi amiga y empecé a tomar vino. Me estaban sirviendo una copa y la vi tan grande que intuí que pesaba mucho. Entonces lo que hice es cargarla con mucha fuerza, pero no, era muy liviana, así que salió por los aires, bailando y moviéndose en cámara lenta. Yo, asombrada y sorprendida, lo único que quería era que al bajar y volver de su pequeño paseo, no se derrame, así que puse la cabeza y la cogí en el aire con el ojo. Sí, con el ojo, eso puede pasar en un sueño. Sonreí triunfante y miré a mi izquierda donde mi nuevo novio y tres señoras reían con cara de asombro. No se distinguen rostros en mi sueño. Solo yo me veo definida y una de las señoras.
Esta señora en particular era pequeña, pelo oscuro algo marrón rojizo lacio por debajo de las orejas, hizo un gesto muy especial, de ¡no lo puedo creer! Y me dio tanta risa que con la carcajada me desperté.
Es parte de la letra de una canción de Luz Casal. Sugiero busques ‘Un año de amor’ y seguramente verás el video de Bosé en un vestido de brillos y lentejuelas rojas cantando en la película ‘Tacones lejanos’. Y sí, eran inicios de los noventas, unos noventas jóvenes, radiantes, que con las manos abiertas entregaban felicidad por donde pasaban, la chispa de la vida como diría Coca-Cola en alguna de sus campañas.
Al escucharla y cantarla a todo pulmón, sufriendo, imaginando estar sola, abandonada y con esa mezcla de tristeza y rabia que lleva entre las manos una copa, siempre hay una copa en escena, me pregunto, ¿realmente se sufría?, pues no. La verdad que no. Era la magia de las canciones en esa época cuando las redes sociales no estaban ni en proyecto de procreación. Sufrías lo que no entendías. Drama. Amaba el drama. Pensaba si alguna vez me pasaría lo que pasaba en esas letras dolidas y ensombrecidas por el desamor.
Y no, nunca sufrí tanto, un poco sí, pero nunca tanto creería. Quizá nací para otro tipo de drama. Y es que también depende de cómo sea el fin de la relación, el duelo de ese momento. Y en qué momento de tu vida sucede. Depende, todo depende, como todo en esta vida.
Está la relación que termina solo por un lado. Y el otro lado es como que WTF. Qué pasó, todo estaba bien. Y nunca se enteró de nada esa otra ‘mitad’. ¿Qué sientes? que actuaron en todo momento, desde cuándo, ¿solo al final? Es muy probable que nunca te enteres, si te agarró por sorpresa, quién sabe cuánto tiempo de la relación fue sorpresa también.
Por otro lado, el lado oscuro, tenemos la traición. La maldad. La novela venezolana en los capítulos de mayor rating. Aquí intervienen las y los amantes, las estafas, los golpes, los hijos no reconocidos, las familias duplicadas. Terminar por una traición duele más o menos que una terminada sorpresa. Como bien dice Kundera en ‘La insoportable levedad del ser’, nunca sabrás cómo se siente en ambos lados porque nunca podrás experimentar los dos, o qué camino es mejor, porque no vas a poder compararlos, algo por ahí.
Y están las terminadas donde ambos saben que no va más y bueno lo que queda es cada uno vivir su vida. Claro que cuando hay hijos, lo de cada uno vivir su vida no es una realidad. En esta clasificación de ruptura donde los dos saben, hay además dos estilos, el light, donde todo cool, te deseo lo mejor, fue lindo lo que vivimos juntos, bye. Y el estilo más bold es cuando una de las partes quiere salvar la relación. Intenta, intenta y sigue intentando hasta que algo hace boom y no dá para más. Aquí sí, alguien sufre.
Por último, para este relato, porque seguramente habrán muchos más estilos de ruptura, está la muerte de una de las partes. Todo va bien hasta que la muerte te agarra de sorpresa, hasta que la muerte los separa. Ahí te das cuenta de que es totalmente cierto que todo tiene solución, menos la muerte. Y es como un amigo me dijo: Yo tengo alguna posibilidad por más mínima que sea de volver con mi ex. Por el simple hecho de que está viva. Tú, ninguna. Por el simple hecho de que no está en esta vida. Probablemente este estilo de ruptura tenga algo de relación con la primera, donde solo una de las partes sale del juego, sin una previa sospecha.
De vez en cuándo entran esas ganas de escuchar una playlist cortavenas y sufrir. ¿Por qué? Porque será que alguien deliberadamente quiera sufrir. Será porque la vida es así, no la he inventado yo.
Habían fines de semana que saltaban esas dudas por un momento y luego de disipaban.
Ubiquémonos en el tiempo, año más o menos 2005, entre jóvenes y adultos. Una edad que no sabes bien si ya ‘debes sentar cabeza’, estar casado o pensando en tener hijos o hacer lo que te venga en gana con tu vida. También estábamos quiénes simplemente vivíamos el momento sin pensar en ninguna opción aún.
Cada fin de semana religiosamente asistíamos a un bar para conversar y tomar unas cervezas. Luego del bar y antes de las tres de la mañana que los locales empezaban a restringir los ingresos, caminábamos unas cuadras hasta la discoteca para bailar sin parar hasta casi las seis.
La música iba entre los ochentas, noventas, con un estilo synth pop, new wave, indie. Muy buenos temas, buena mezcla. Un local oscuro como el feeling de su música y una barra no muy prometedora, donde pedir cerveza era lo más seguro.
Ya se sabía qué canción seguía o qué canción ponía a bailar a todos y a dar algunos grititos de emoción y cantar eufóricamente mirando a la cabina del DJ como si estuviéramos en un concierto. Otros bailaban con los parlantes y algunos mirando la pantalla de videos. Grandes noches.
En esa confusión de temas, conversaciones, luces en medio de la oscuridad, dos personas se reconocían, y empezaban a bailar uno cerca del otro. Al ritmo de la música se acercaban poco a poco, paso a paso, ritmo a ritmo, cantada a cantada hasta quedar uno frente al otro, como si hubiera existido la pregunta: ‘¿quieres bailar?’
Poco después ya estaban de la mano y bailando como si hubieran llegado juntos.
Así cada sábado. Novios Bailables, puede ser una nueva categoría y se resuelve el misterio del título.
Todos se sienten más emocionales en algún momento. Definitivamente no todos a la vez porque sería una desgracia. Una depresión que tocaría fondo, muy al fondo. Todo el mundo se oscurecería hasta que en algún momento todos volvamos a un nivel energético positivo.
Pero eso es una fantasía.
Lo up and downs son individuales, independientes. Vienen de a uno.
Paso por aquí solo para dejar frases de canciones que a mi me ‘tocan’, me causan algún efecto. Alguna sensación. Alguna emoción.
Estos días que están cómo ‘especiales’, no estoy segura si por algún planeta retrógrado, alineado o por simple gusto y gracia de la vida.
Pero previo a llegar a las frases de canciones, tengo ganas de contarles que vi la película con Ryan Goslin, Project Hail Mary que le hicieron fama de buenísima, la mejor de estos tiempos, que te saca todas las emociones. Debo confesar que más emociones me causó Barbie que esta película. Cero. Ni una risa. Ni una lágrima. Raro, pero es cuando te das cuenta, que no todos sentimos igual, claramente. Depende no solo de la persona, si no del día en qué estés.
Y también fui al teatro a ver El Túnel, una obra con música de los ochentas y noventas que sí generó más emociones, quizá por ser más cercana a mi realidad.
Ahora sí, vamos con las frases de canciones que a mi me causan algún efecto. Así la escuche hoy o cuando la escuché cinco, diez o veinte años atrás. Solo unas cuantas, porque deben haber muchísimas letras. Porque soy de las que prestan más atención a las letras que la música.
If you leave don’t look back, please don´t take me all away.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.
One day we gonna live in Paris, I promise.
And I told you to be patient
And I told you to be fine
But if you wait around a while I’ll make you fall for me
(I promise you)
I wish, I could just make you turn around
Turn around and see me cry
No habrá fiestas para mañana
Abandónate, abandónate
Como una hoja en el viento ¡viento!
How I wish
How I wish you were here
And I thank you
For bringing me here
For showing me home
Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
Carricoches de miga de pan, soldaditos de lata
Me ha pasado mi hora, ¿quién robó mis años?
Cambio toda esta familia por un segundo con vos
Buscando otro cuerpo, otra voz
Fui consumiendo infiernos
Para salir de vos
The wind in my hair makes me so aware
How good it is to live tonight
An older version of me Is she perverted like me? Would she go down on you in a theatre?
Estamos comiendo un Zambito (es un helado conocido en Lima) a unas cuadras de tu casa.
Ven
¡Voy!
Me escribe mi amiga. Vamos a Paracas tres días.
Una propuesta demasiado provocadora, quizá subida en inversión para pocos días.
¡Vamos!
Siempre comemos en los mismos sitios, rico, interesante, local bonito, pero probemos otra cosa.
¡Probemos!
Ya tomé un par pero me provoca un Negroni más.
Si quieres, puedes.
¡Qué pase el Negroni!
Qué dolor de pies y ya son casi las cinco de la mañana.
Qué buena canción ¿una más?
¡Cinco más por lo menos!
Todo el trámite de viajar para cuatro días. Cómo estará el clima. ¿Será muy caro?
¡Compra el pasaje!
Y así una cantidad de propuestas todas decentes hasta ahora que por ahí te sacan de tu zona de comfort solo un poco, nada exagerado, pero que hacen la diferencia cuando dices Yes I Do. Se siente buenísimo quedarse en casa en las noches viendo streaming, descansando, organizándote para el día siguiente, pero ¿todos los días?
Hoy un amigo me responde a una mini filosofada esta mañana, así:
“Eso refuerza lo que dice aquel sabio filósofo Bad Bunny “vamo a disfrutar, que nunca se sabe si nos queda poco”
No quiero tenerlas en un florero, que además me da trabajo de ponerle el agua, para que se mueran a los dos días.
Prefiero algo que dure más.
Un bolso.
Ropa.
Una gift card quizá.
También podemos ir a cenar, invítame a ese restaurante nuevo.
Confieso que yo también caí en esa tendencia y me dejé llevar por la onda de mujeres no tan sensibles que ya no se emocionaban por un ramo de flores.
Hasta ahora, que scrolleando en un momento zombie que no paraba de pasar reel tras reel, escucho a Drew Barrymore entrevistando a un chico que decía que las flores son para eso.
Están hechas para durar un momento.
Poco tiempo.
Y eso las hace especiales, eso hace especial el momento en el que te las regalan. Es solo disfrutar el momento en el que te llegan y las horas de vida que le quedan.
Ahora sí quiero recibir flores y darle atención a ese momento especial.
Puede haber un motivo como que ninguno y eso es mejor, que lleguen por puro gusto.
Ya no voy a pensar que van a morir pronto.
Voy a admirarlas, a ponerlas en el lugar que merecen.
Cuántos momentos igual que las flores se mueren antes de estar en unas manos, en un florero, en una mesa. Cuántas veces haces una historia en tu cabeza de lo que va a pasar y de lo que pudo pasar antes de vivir el momento.
Hay que hacer que pasen cosas.
Hay que vivirlas, disfrutarlas. Justo cuando están ahí, para nosotros.
Cuando recibas flores, no pienses en qué vas a hacer con ellas, no pienses que se van a morir, no pienses que mejor hubiera sido otro regalo, no pienses que son feas.
Mejor piensa en por qué te las dieron, por qué te las mereces, admíralas, ponlas en un florero y date cuenta como cambia todo el ambiente. Cómo cambias tú por lo lindo que se ve.
Hay varios estilos de amigos. Nunca lo había analizado así tan racional. Como un menú de amigos. Como una carta de tu restaurante favorito.
Puedes elegir con quien hablar de negocios. Con quien salir a probar nuevos restaurantes, sobre todo aquí en Lima que abren un restaurante a la semana. Estoy exagerando quizá pero casi.
Amigos para bailar y beber. Amigos para filosofar y dramatizar. Amigos para reírte solo con mirarse. Amigos para viajar. Amigos para ponerte al día con podcast de audios interminables para sacar conclusiones de vida. Amigos para conciertos. Amigos para shopping. Amigos fitness. Amigos para compartir reels. Amigos para renegar de la vida.
Amigos mix and match que van bien para todo lo anterior enfatizando en algunos temas y categorías. Definitivamente cada uno tiene especialidades y maestrías donde destacar.
Y todo este análisis semi exhaustivo del tipo de amistades, nace de una conversación con un amigo que no tengo claro ahora en qué categoría o categorías posicionarlo pero es algo parecido a mi asesor personal también y fan de los vinos. Hablábamos de algo que es mejor hablar con cierto estilo de amistades y de ahí surgió el concepto de haber un amigo para cada tema.
Y además, días después tuve la suerte (casi no llego) de ir a una reunión con un compañero de escuela que estudiamos juntos desde cuarto de primaria, unos cuatro cinco años, luego se fue a otro país. Pocos años y tantos a la vez. Equis cantidad de años significa mucho o poco dependiendo la etapa de vida y edad en la que estés.
Llego a esa reunión y ahí estaba él. Sin vernos desde hace treinta y ocho años. Wow. Muchos años realmente. Y suena a frase cliché pero realmente parecía que nos habíamos visto el día anterior. La misma confianza. Cariño auténtico. Conexión inmediata. Y analizando el tema. Ese tipo de conexiones libres de interferencia yo creo se logran además de tener una buena energía de ambas partes es también cuando te conociste, en este caso de niños, cuando no había mucha contaminación mental.
Hoy que existen más estilos de comunicación, hay amigos con los que dividimos (hablo en plural porque creería que la mayoría hace lo mismo) _ dividimos las conversaciones según el medio de contacto: WhatsApp, correo, Instagram. Y en los mismos treinta minutos podemos hablar con la misma persona diferentes temas por los diferentes medios.
Yo tengo pocos amigos y los temas los dividimos según el medio de contacto. Así que al final son muchos amigos.
Y todo eso sonaba a despectivo, a amenaza, a sarcasmo puro y duro.
Pero es así, es tu vida.
Parece obvio, pero yo siento que recién me doy cuenta lo que significa ser dueño de una vida. Es como dejar de vivir en automático.
A veces hasta (creo) me doy cuenta de cómo viven los demás y lo veo como algo en paralelo, ya no como parte de mi vida.
Me explico mejor.
Cuando alguien que conozco hace, dice, deja de decir – pienso en esa acción por un momento y entiendo que es parte de la vida de esa persona, no de la mia.
Me sigo explicando mejor.
Hace dos años mueren mi papá y mi novio con un mes y días de diferencia.
Alguien me dice: ‘Que terrible, que mala suerte, los dos tan cerca’
Yo nunca lo había tomado así, hasta que lo mencionaron.
Alguien me dice que me cambie de ropa porque esas dos texturas no combinan.
Para mi estaba re cool.
Alguien presta más atención a sus mensajes que a lo que le estoy hablando.
La próxima elijo mejor qué hablarle o con quien hablar.
Alguien me reclama una atención que nunca le di.
No tengo nada que hacer ahí.
Alguien cree tener la razón siempre.
Si no me va a escuchar, le digo lo que quiere oir.
La realidad es la que tú ves.
Y tú creas esa realidad. Creas lo que sientes. Creas tus propias emociones.
Un mismo evento es distinto para todos.
Un mismo concierto lo siente distinto cada asistente.
And I don’t know if I should care or should I stay or should I go. Entre The Clash y The Cure me queda más que claro que hace poco pasó un lunes por aquí, como todas las semanas de esta vida.
Y fue un lunes blue para mí.
Nada drama, pero blue. Después de un fin de semana bueno, relajado, soleado, bailado, bien comido y bebido, aire libre, cielo despejado. Todo lo bueno entre un viernes y un domingo por la noche. Muchos privilegios que hay que saber vivirlos.
Y quizá son esos días buenos que te dan una bofetada y, de alguna manera, te hacen acordar que también hay días malos y que la verdad ni siquiera son malos, son parte de lo que se vive y se goza, como dicen los salseros o al menos eso creo que dicen.
Finalmente, el punto es que hubo un bajón en mi mente y en mi corazón —quizá más en mi mente, debo confesar— y mientras navegaba por esas aguas turbias cantaba para mí: I don’t care if Monday’s blue Tuesday’s grey and Wednesday too…
Y pensé… qué lindo sería que la vida funcionara como un disco: poder elegir entre lado A y lado B, cambiar cuando quisieras. Que si quieres bailar, bailas. Que si quieres relajarte, cambias el ritmo. Que si necesitas parar… simplemente pones pausa.
Ese Blue Monday, todo me pedía pausa.
Me imaginaba lo buenísimo que sería parar, el lujo que eso implica en este estilo de vida que vengo llevando. Pero no se puede. Yo no puedo. Puedo a veces, pocas horas. La vida sigue. El trabajo sigue. El tiempo sigue.
Y entonces pensé algo más: que no habría un solo soundtrack para mi vida como en las películas. Cada momento, cada hora, tendría su propio soundtrack. Su propio disco. No todo sonaría igual. No todo tendría que sentirse igual.
Me pregunto también si le daré cabida a algunos géneros musicales que ahora están algo alejados. Me pregunto si bailaré más sola. Más acompañada. Más pasos del robot.
Me pregunto si en algún momento pararé de bailar.
Lo más probable es que la vida sea como esos variaditos que grababa en los ochentas y noventas y que tenían de todo. Como en bodega. De todo.
Conclusión, la vida es una bodega que solo cierra una vez y para siempre, con sus blue monday incluidos.
‘Buenas vibras’ suena cliché y en mi mente aparece la imagen de un surfer limeño. Cliché o prejuicio, no lo sé, pero fue lo primero que visualicé. Pero últimamente tengo más claro y más presente que las buenas vibras, la buena energía, eso que sientes sin saber por qué, esa buena onda que con solo mirar a alguien sabes que está ahí, que existe. Es real.
Hace unos días en una conversación por whatsapp que aunque medio difícil, no es imposible conversar por ahí. Creo nos estamos volviendo un poco expertos en descifrar emociones solo escribiendo por chat, qué miedo.
Pero volviendo al tema de esa conversación, es esta frase que resalto del chat:
“…cuando se comparten buenas ideas entre gente buena … algo sale. Aunque sea por buena energía…”
Y me gustó porque es verdad.
En una Lima que como dijo Bryce Echenique:
“En Lima la gente no muere de hambre, se muere de envidia”
En una Lima que siguiendo esa línea, a veces puede ser difícil encontrar una persona buena onda, buena vibra, buena energía, buena, simplemente buena de verdad.
Y cuando la encuentras la vida fluye, las conversaciones fluyen, la confianza fluye, las risas, la joda. Al final es lo que se busca de una relación, que las energías se entiendan y se complementen como el churro y el manjar, qué rico.
Ese mismo día que parece que mis contactos estaban inspirados, llegamos a la conclusión con una amiga (sí, también por whatsapp): Que qué importante es una voz tranquila, que te hable con ideas claras, así sea algo inclusive no tan relevante para ti, pero escucharla te calma , te hace prestar atención. Eso también es buena energía.
No es novedad que los buenos oradores se dejan escuchar mientras que los estresados, quejones, amargados, gritones, no se dejan escuchar tanto.
Y bueno, encuentren su personabuena vibra, sus personas buenas vibras y manténgalas cerca. Y ustedes también séanlo. No siempre se puede, pero vale la pena intentar, la vida avanza rapidito y es mejor ir bien acompañados.
Tienes una oficina donde vas a diario. Amigos a quienes escribir, hablar, salir.
Tienes personas que te extrañan.
Y ni te enteras.
Tienes café todas las mañanas.
Hay personas que miran la misma luna que tú.
Hay personas que miran la misma luna que tú
Y que además piensan en ti mientras la miran.
Hay quienes sienten tu energía.
Hay quienes quieren verte y te ven.
Hay quienes quieren verte y no se atreven a intentar.
Y aún así sientes que algo te falta. Que alguien te falta.
No te ubicas y no importa. No esta mal ser homeless mientras encuentras tu propio hogar.
Lo más probable es que la vida te está preparando la cancha, te está construyendo un apartamento que por ahora está en planos. ¿Un consejo? no lo compres en planos, no te banques una sorpresa, sigue sintiendo que no tienes donde ir, que estás como en el medio de todo y de nada a la vez.
Y espera.
En ese mundo paralelo, espera que se siga construyendo.
Y cuando esté listo, lo vas a encontrar hasta decorado a tu gusto.
Tuve un sueño que recuerdo clarísimo. Recuerdo muy bien lo importante al menos y eso definitivamente no es muy común. En los últimos años, he despertado con la sensación de haber soñado algo relacionado a un tema, pero no pasaba más allá de eso.
Era un cielo azul.
Azul intenso.
No muy oscuro, no muy claro.
Esa hora que ni es de día ni es de noche y generalmente estás terminando algo o a punto de iniciarlo. Era más cerca de la noche que del día definitivamente y ahi estaba bajo ese cielo azul, azul intenso y además estrellado, un juego de columpios. Como los de antes que hasta hoy existen, en más variantes que en los años ochenta, pero con la misma mecánica y funcionalidad.
El ambiente es el que era un poco difuso al despertar, pero en el sueño era muy claro, que era una habitación sin techo, alguien la limpiaba o acomodaba.
Yo vi el columpio, me emocioné y sin pensarlo subí a columpiarme. Empecé a darme impulso con los pies, para llegar lo más alto posible. Esa era la consigna, lo más alto posible. De a pocos me balanceaba, pero había un fierro del mismo columpio muy cerca, me golpeaba. Y si me elevaba un poco más, mis pies estaban a unos escasos centímetros de golpear a la señora que ordenaba ese espacio que entiendo era mi espacio.
Un poco frustrada por no poder volar cada vez más alto, más lejos, decidí sentarme al revés, mirando al lado opuesto. Y empezar nuevamente a impulsarme, los pies adelante, los pies para atrás. Y así, con cada movimiento fui tomando velocidad, tomando vuelo. Cada vez más alto. Cada vez menos esfuerzo. No me chocaba con nada. Con nadie. Veía las estrellas más cerca y una sensación de felicidad. De libertad.
En una tarde fría en Madrid entra un señor a un restaurante.
Era el restaurante del hotel donde estaba hospedada, entra este señor, se sienta en una mesa pequeña, pide dos bebidas, se sienta a leer un periódico y llama a creería era su esposa a avisarle que se encontraría con alguien, posiblemente. Hasta donde estuve no llegó nadie.
Lo que llamó mi atención es que el señor pide por favor un café descafeinado y un agua sin gas. Automáticamente en mi mente pensé, pero que tío para más aburrido, café sin cafeína y agua sin gas, sin alegría burbujeante. Y en segundos imaginé su vida así, lo juzgué por su pedido, un hombre sin gracia. Absolutamente irracional mi pensamiento, claro está, pero fue inevitable que mi mente viaje por ese lado ante ese pedido que captó mi atención, tanto así que escribí algo sobre ello y tú lo estás leyendo ahora.
Y a los segundos también me dije,
-¿Pero no es esa la vida que buscas?
Estar en un café sin nada que te altere, sin llamadas, sin celular en mano.
Tanto como quiero llenarme de ocupaciones también quiero quitármelas, principalmente del espacio mental. De ese espacio que no para y siempre quiere más.
Estar solo leyendo sin apuro y por placer, con un café y un agua. Así de simple. Con cafeína y con gas en mi caso, pero café y agua al fin y al cabo.
Pedí un taxi para regresar a casa, lo esperé unos minutos, llega, y al subir me sentí cómoda porque era un auto moderno, limpio, con aire acondicionado. Todo bien.
En la radio terminaba de sonar una canción de Reik o Río Roma, me van a disculpar no domino mucho ese género musical, pero sí la canción me era conocida. Inmediatamente después empieza:
Laura no está, Laura se fue y no la encontraré en tu piel, es enfermizo sabes que no quisiera besarte a ti pensando en ella.
Lo primero que pensé fue, interesante, la pinta de este chico no la relaciono con la música que estamos escuchando. Joven, una combinación de rasta con chico malo, tatuajes, anillos.
Lo segundo es que estaba manejando rápido, algo más rápido de lo se espera normalmente, pero manejaba seguro, noté que sabía manejar rápido, no frenaba y aceleraba, no movía el auto en forma brusca.
Viajaba nerviosa y confiada a la vez mientras me gustaba escuchar Laura no está Laura se fue.. muchos sentimientos, muchas emociones en tan pocos minutos.
Y claro que este blog no trata de mi experiencia en el taxi.
Pero todo eso que sentí es la vida finalmente.
Un buen soundtrack de fondo.
Y no necesariamente de la música que te guste, mejor aún si es una música que acompaña y que va bien en ese momento, sea te guste o no. Escucha, siente el momento.
Prejuicios con la gente que ni conoces, con la que sí, hasta contigo.
Tenía que haber estado escuchando reggae porque tenía dreads, rock porque tenía tattoos y anillos. I don’t think so.
Acelera sin problema
Si a veces tienes que ir rápido o tienes que viajar por la vida con alguien que va rápido y hacia algo bueno. Dale, vamos, acelera, porque si vas seguro, vas bien. Pasa lo mismo si la velocidad es menos, lo importante es avanzar.
es muy probable que no sepas cuándo lo vas a estar y es porque no tienes cómo saberlo.
Hoy no estoy para hablar contigo.
Hoy no estoy para tener esta conversación.
Hoy no estoy para asistir a esa reunión.
Hoy no estoy para salir a cenar.
Hoy no estoy para salir a bailar.
Hoy no estoy para visitarte.
Hoy no estoy para escribirte.
Lo haré cuando esté listo.
Pero el problema es que puede que nunca lo estés, si no pruebas, si no haces, si no dices, si no caminas, si no corres, si no empiezas.
Si no empiezas.
Nunca se me hubiera ocurrido que la palabra empezar fuera tan importante. Es la única acción que te lleva a algo. Que te acerca a lo que quieres para que no se quede solo en un sueño, en una idea, en un concepto, en un que hubiera sido si.
Te pasa que alguna vez o muchas veces dices que nunca tienes tiempo para nada. Para nada. Piensa qué es ese nada, es justamente lo que te llena, lo que te gusta, ese nada es todo. Ese tiempo que no le das a lo que te gusta porque dices que no tienes un minuto en tu vida, te puede estar quitando algo importante, algo que te llena.
La próxima vez que pienses
hoy no estoy para eso
piensa que mañana puede que tampoco.
Todos tenemos algo para sanar
algo por solucionar
algo por olvidar
Pero si vas a esperar estar bien para hacer las cosas, podría pasar que sigas esperando.
Y no, no se trata de un relato misterioso ni de deseos de morir o que te mates. Tampoco soy argentina pero iba bien para el título.
Memento Mori
Memento Mori
Bella frase, con ritmo, y llena de emes.
Es una frase que ha cruzado siglos, continentes, desde la antigua Roma. Pero llega a mi gracias a Depeche Mode, sí, bien superficial su llegada pero bueno, la conocí, no importa por dónde venga lo bueno y cuándo llega. Lo que importa es saberlo reconocer, saberlo aprovechar.
Este grupo – Depeche Mode – sacó un disco con ese nombre, muy en su onda dark wave o synth pop y no hace mucho con una amiga que nos encanta el grupo fuimos al cine a ver nada más y nada menos que Memento Mori, el concierto en México. Era esa mezcla hermosa de ver a David Gahan moverse en el escenario con la poesía de los mexicanos que aman la muerte, una combinación exquisita, muy poética.
Y Memento Mori
que significa recuerda que vas a morir, recuerda que no eres eterno, recuerda que estás aquí para vivir, recuerda que mueres porque mueres. Y es lo mejor que te pueden recordar. Si no te acuerdas que vas a morir y te crees inmortal, vas a vivir como inmortal, probablemente aburrido porque el tiempo te sobra. Haciendo lo mismo todos los días, adorando tu rutina, creando tu espacio inmortal donde los mortales no podemos entrar.
Para qué dejar entrar algo que incomode tu inmortalidad.
Si cada día recuerdas esta frase, este concepto y lo pones como tu vision board, seguramente empezarás a vivir. A vivir más. A vivir mejor. A empujar hacia un costado esa rutina que está tan cómoda y acurrucada a tu lado, a querer sentir frío cuando amas el calor, a querer sudar cuando te encanta estar a temperatura promedio.
Vas a querer salir.
Hablar.
Conocer nueva música, nuevas personas.
Bailar hasta abajo.
Vas a querer tomar ese curso.
Hacer ese viaje.
Hablar con la gente.
Saludar a más desconocidos.
Vas a pedir incomodidad.
Estar incómodo es vivir más emociones de las que estás acostumbrado.
Vas a querer.
No te vas a conformar.
Vas a querer.
Memento Mori para todos.
Para todos nosotros que vamos a morir y solo por eso tenemos que vivir.
Definitivamente me considero joven aunque matemáticamente algunos digan que soy una persona adulta. Y sea por la juventud, la no juventud, adultez cerebral o lo que fuera, hay una realidad de falta de memoria.
Podría ser atrevida y generalizar o decir que son ya muchas personas las que tienen una memoria frágil. Y hace poco leí que sentimos que el tiempo pasa más rápido, esto también tiene explicación y está relacionada a la memoria.
Antes y por antes me refiero a los años ochentas y los años noventas especialmente, se vivía más, las experiencias eran más relevantes, estaban mejor atendidas, les prestábamos la atención que merecían en ese momento. Voy a pensar en un ejemplo por si algunos en edad temprana me están leyendo.
Vayamos a los años 90, viviendo en Lima, Perú, trabajando en una agencia de publicidad, un fin de semana nos ibamos a Punta Hermosa, a la playa, a la casa que habíamos alquilado. Viernes, cinco de la tarde, empezaba el relajo.
-¡Suelten la línea uno!
Escuchabas gritar. Y es que sí, no te llamaban al smartphone, perdón, no te escribían. Te llamaban a un teléfono fijo, para salir, para tomar algo, para ver a qué hora nos encontrábamos para salir a comprar y luego a la carretera para ir a la playa. Ya luego de haber coordinado, salíamos a comprar, bien equipados, nos metíamos al auto que se pudiera y directo a Punta. Ya en la casa, a airear un poco el cuarto, una limpiadita, una arreglada y nos alistamos para recibir a los chicos para luego de unos drinks, ir a bailar a Parnaiba o algo por ahí. Quizá en la misma terraza de la casa, sacábamos el equipo de música (sí, el equipo, nada de parlante) y unos buenos discos variaditos.
No entraré en detalle, pero debo decir que me acuerdo de varias fiestas, varias conversaciones, varias noches con la emoción de esperar a que llegue el chico que me gustaba, para empezar a hablar de música, de The Doors, de la vida. Y sin monitorear con mensajes qué dónde estás, que a qué hora llegas, que qué vas a traer, que con quien vienes, que qué hacemos. Nada, simplemente llegaba y que la noche nos sorprenda, relax. A lo Mr. Mojo Risin’.
Hoy es un poco distinto, al menos en lo que me toca vivir a mi.
Quedas en salir semanas antes, separas fecha, anotas para no olvidarte y no quedar con varias personas a la vez. Llega el día, digamos de ir a un bar, una fiesta. A qué hora, dónde nos encontramos, qué llevamos. Quién irá. Quién no. Y probablemente no recuerde qué hablé al detalle o qué baile, y no solo por efecto de los negronis, es por estar entre viendo el celular, escribiendo, por ahí te muestran algo que está pasando en Instagram, mira aquí, mira allá. No lo sé, pero muchos estímulos, muchos temas para atender. Y la emoción no es la misma que concentrarte en un solo evento o en dos a lo mucho.
Hablo un poco en general y estoy siendo mala gente con algunas salidas actuales como las ‘fiestas Estigma’ que son algo especial porque vamos con amigas a bailar lo que nos gusta y básicamente prestamos atención a bailar y no a mucho más, un negroni, una Stella a lo mucho. Bajarle los to do’s a la noche está bueno. Ayuda a que la memoria no sea frágil y acumule más recuerdos placenteros.
Al inicio hablaba de hoy, de los tiempos de ahora, que se olvidan las cosas más fácilmente y que no existe la buena memoria. Y mencionaba también lo que leí. Básicamente y en fácil, es que con lo digital hacemos tantas cosas a la vez que sin darnos cuenta no le prestamos la atención necesaria a una acción en especial. Y a eso súmale la edad frente a los noventas, donde posiblemente ahora tengas mayores responsabilidades, preocupaciones, personas que atender, que mantener.
El cerebro se está acostumbrando a esa velocidad, a interactuar con estímulos rápidos y varios a la vez, a vivir rápido, a tener todo inmediato, a desesperarse si no te contestan, si no te mantienen al tanto, si no llega el delivery, si no carga pronto una página web. Y eso ha hecho que la vida cambie, que la memoria cambie, porque el cerebro actúa distinto.
Hace poco salí a caminar con mi mejor amiga que nos conocemos la vida y al despedirnos, ella se iba a la derecha y yo a la izquierda. Al segundo las dos recordamos cuando hacíamos lo mismo pero teníamos quince años y estábamos horas en la calle sin celular, sin presiones, sin saber qué iba a pasar porque no teníamos un aparatito que nos decía que estaba pasando a esa misma hora pero unos metros, unos kilómetros más lejos. Vivíamos solo el momento y el ver de no pasarnos la hora para volver a casa y no nos den por muertas o secuestradas.
Esa memoria de cuando teníamos quince años quedó ahí, en nuestro cerebro y se activó cuando recreamos la misma situación sin darnos cuenta. La culpa no es de la tecnología, es de cómo la lleves en tu vida.
Así en medio de la calle, no tienes nada que hacer por lo menos en unas diez horas. Nadie te espera. Nadie te llama. Nadie te escribe. Ni por Whatsapp. Ni por DM. Nadie te comparte un reel gracioso. Nadie te comparte una publicación que podría ser interesante para ti. Nadie te deja un audio.
Nadie se acuerda de ti.
Nadie te necesita.
Nadie.
En qué pensarías. Qué harías.
Yo
me sentiría cien por ciento libre.
Ni yo me necesito.
Pensé en poner una botella de vino en la escena, pero creo que ni eso es necesario.
La hora es importante.
Seis de la mañana.
Lima, Perú. Verano. Vacaciones. San Isidro.
Dudo que muchos carros pasen y ya está iluminado por la temporada pero no tanto como para morirte de calor. No tanto como para incomodarte. It’s ok.
No faltará un Maltipoo saliendo a pasear con su dueño runner.
Pasé ya el medio siglo de existencia y no tengo muy claro cuánto tiempo de ese medio siglo lo pasé viviendo. Viviendo como yo quise, como quiero, como me siento feliz, triste, sin control. Estaré más atenta ahora a lo que hago por la vida. Y estaré también escribiendo más.
Bailo.
Bailo.
Bailo no como profesional, bailo en el bar, en el club, en mi sala. Bailo tanto cuando me gusta la música que no sabría decir qué siento cuando lo hago. Voy a tener más conciencia de mis sentimientos al bailar, a ver qué pasa. Quizá nada, porque para qué tener conciencia de algo tan libre.
Podría decir que escribo desde chica, porque en el colegio, esa etapa maravillosa, libre, feliz, donde empezar a reirse era no parar y no parar hasta perder el control de mi cuerpo, graciosamente lo que me pasa también ahora. Si me excedo en risas, podría salir desde dentro de mi una agüita amarilla cálida y tibia, como muy bien decían Los Toreros Muertos, la banda española.
Qué escribía en la escuela.
El periódico mural, The Giant View se llamaba.
El horóscopo, donde yo, scorpio, hacia match con el chico de turno. Capricornio puede ser. Puede ser.
Los dialogues, sí, así en inglés. English Day Our Day, era un día maravillosamente especial, donde actuábamos los diálogos que escribíamos. Y me gustaba mucho que pusieramos en escena algo que yo había escrito. Lástima no guardé las copias de los guiones, pero recuerdo la línea de inicio de uno de los últimos:
I wanna be rich, I wanna be famous, to have the world in my hands… I want power, power, and more power… ha ha haaa… (risa típica de científico loco)
Ya en el último año del colegio me preguntan que quiero estudiar y dije:
Algo corto y creativo.
Y aquí estoy ahora de directora creativa de mi agencia de marketing, donde sigo escribiendo, no lo que me da la gana, pero escribiendo, creando.
¿Qué más me gusta?
Viajar. Y es algo que haré más seguido.
¿Familia propia?
No por ahora. No nací para traer niños al mundo y quedé viuda hace algo más de un año. Ya pronto volveré a crear otra familia.
Por lo pronto me dedico a trabajar, bailar mientras pueda, a tomar vino y negronis. Hablar con mis amigas, almorzar religiosamente todos los domingos con mi familia y me encantaría
En marzo del 2020 llegó oficialmente la pandemia por el COVID a Perú, y claro, a Lima, a Miraflores, que era donde vivíamos. Y podría pensar que pasar una pandemia en un departamento de 64 metros, ese departamento que marcó profundamente mi etapa de independencia. Una independencia física, que realmente llegó en forma orgánica, como lo que tenía que pasar, simple, con hechos y personas que estaban ahi para hacerlo posible. Así era mi vida, todo pasaba sin mayor drama, todo bien, todo cool. Hoy entiendo que todo depende de la energía con la que vivas, con la que actúes, con la que te muevas y de la gente que decidas entre a tu espacio.
Pasaron unos años, no sé, 6, 7, 8 años después de haberme mudado, que llegaste a mi vida. Siempre feliz, desde la primera vez que nos vimos. Tanto que yo no sabía si iba a poder enfrentarme a un ser así. Y en la primera cita y la primera gran conversación ya solos, donde sale el auditor que llevas dentro que va separando todo lo bueno, lo lindo, lo que te hace intuir que podrías seguir saliendo, podrías seguir compartiendo, conversando, viviendo. De esa primera cita, se me quedó grabada una frase.
-Podemos ir a Máncora y quedarnos donde ‘el Wawa’
Y te reíste luego de decirlo porque ya sospechabas que pondría cara rara por no mencionar un hotel ‘lindo’. O te reiste nervioso porque no tenía sentido mencionar un viaje juntos en la primera cita. No lo sé, pero todo fluia tan natural, que era obvio hablar de lo que haríamos juntos, por qué no, si nos llevamos bien, cuál era el impedimento.
En esa primera salida nos citamos en Larcomar, no recuerdo si pasaste por mi, creo que sí y nos encontramos con una pareja de amigos. La primera parada era el cine, el estreno de la película argentina ‘Relatos Salvajes’, buen inicio. Luego solos la seguimos y llegaron los bares, existía aún ‘Huaringas’ y luego terminamos en ‘Eka’, donde todo es más confiable, más natural. Entonces, hablar de viajes, de no querer tener hijos, de música, fue lo que me hizo pensar: ‘ok, zona segura, go for it’.
Fue luego de un año y un par de viajes nacionales que decidimos ir por fin de año a Playa del Carmen. Y una pequeña conversación mientras planificamos el viaje, cambió todo.
–Que tal si regresando ya empezamos a vivir juntos.
–Me parece perfecto.
Y llegó la segunda mudanza importante.
La primera convivencia importante, all day long, todos los días, todas las noches, todas tus cosas, todas mis cosas. Claro, cada uno trabajaba fuera de casa, así que no es que estés pegado for ever. Todo bien. Y regresando a lo que comentaba sobre la pandemia que para muchas parejas, muchas familias fue una prueba de fuego, para nosotros fue de lo más divertido. Y sí, en un depa de 64 metros, super bien distribuido y con un balconcito que se volvió protagonista de la temporada. Con el tiempo fuimos cambiando algunas cosas, no en forma radical, pero adapté un poco mi decoración de ‘lentejitas’ como le llamabas, que se refería a las lentejitas D’Onofrio, un dulce ochentero en Perú, que podrían ser los m&m de la época. Y bueno, era una decoración colorida, ecléctica, que en algunas partes del depa hice algunos ajustes para complacerlo y para que sea más nuestro hogar.
–Voy a vender el depa. Vi alguien que busca algo justo como este.
Con esa frase fue que empecé a vender el depa de soltera y a buscar el depa de pareja. Recuerdo muy claro cuando le dije a la vendedora que si los planetas se alinean y todo sale a la vez, lo hacemos. Y bueno, así fue.
Aquí vamos con la tercera mudanza.
Los dos igual pero a algo nuevo, un poco más grande y muy cerca a todo el movimiento miraflorino. Todo cerca, todo diferente, si bien con el anterior depa no había más de 20 cuadras de diferencia. Calculo vivimos casi dos años, soy muy mala para recordar cantidad de años, fechas y casi todo en general lo que tenga que ver con números.
–Ven, siéntate que te tengo que decir algo. Tengo cáncer y está avanzado.
Si yo sentí que no entendía nada, que no entendía por qué, en qué momento. Es imposible imaginar lo que él pensaría, sentiría. Imposible. Cambiemos de vida entonces, comamos saludable, hagamos tratamiento.
Aquí vamos con la cuarta mudanza.
Después de prepararte tu plato favorito, no de la vida, más bien el plato favorito que yo te hacía. Pasta con carne molida y salsa roja, ya me pediste que te lleve a la clínica. Y bueno, empezó una etapa de hacer lo que hay que hacer, escuchar a los médicos, ver opciones, exámenes. Y lo principal, tratar de hacer que sufras lo menos posible. Sé que todo lo decide Dios, pero aquí uno trata de hacer todo lo que se puede.
–¿Estás bien? ¿Te hiciste daño?
Son una de las frases que me quedaron grabadas que dijiste cuando intenté cerrar una ventana del cuarto de la clínica y estaba muy dura. Yo no entendía como se te ocurría preocuparte por algo tan tonto frente a lo que estabas pasando. En ese momento volví a entender quién eras, cómo eras. A quién tuve la suerte de tener en mi vida.
Pasaron menos de 2 meses y te mudaste solo a esa otra vida que quieras o no, me vas a ver más adelante. Por ahora sé que sabes lo que hago y que de alguna forma guias mis decisiones, que ahora permito que lo hagas al 100% porque tienes buenos asesores en tu nueva casa, tu nuevo cielo.
Sabes que me mudo ¿cierto?
Sí, es una de las cosas que me dijo mi intuición en la cuál confío mucho, solo que a veces no sé cómo hacerle caso. Pero ahora lo hice y me voy por un tiempo de este depa.
Y alguien más se muda aquí, alguien a quién seguramente también le está cambiando la vida y por eso se muda. Todos ganamos. Todos nos mudamos para un cambio. No importa cuál, todos los cambios son importantes, son los que te hacen vivir, crecer. Hay cambios más cómodos que otros, pero eso también depende de cómo los vivas.
Sin querer sonar mentalmente un poco desviada, siempre he sentido que tengo dos YOs que viven juntitas, roomies, inclusive buenas amigas, porque tienen gustos parecidos y hasta se ríen de las mismas cosas. La diferencia es que cada una se expresa diferente. Stella, viene con novedades, con brillo propio, con energía repotenciada. Por ahora no tengo más detalles, pero espero que pronto nos de algunas sorpresas. La del espejo es Stella.
Me gusta eso de tangibilizar a las dos, mejor dicho a Stella, yo ya estoy tangible hace rato. Stella puede darse el lujo de mirar desde un cómodo sofá las situaciones que Karina provoca o que vive y eso está muy bueno porque puede dar su opinión no contaminada y buscar acciones más rápidas, más efectivas. Y mientras escribo me la imagino aprobando estas líneas.
Stella
llegó de a pocos a mi vida, asomándose como si fuera tímida, como si alguien le fuera a decir algo de por qué se mete en vida ajena. La verdadera historia de Stella, se remonta allá en los años (adivina), cuando mi madre, muy italiana ella, quiso ponerme como segundo nombre Stella efectivamente, pero parece que quien tuvo la importante misión fue mi padre. No es momento de hablar de cómo son los hombres pero solo diré que de “Carina Stella”, pasé a Karina Estela, y todo bien claro está, es mi nombre y lo quiero mucho. A mitad de mi vida, hubo un momento de numerología y algunas conexiones astrales donde un señor experto en esos menesteres, me dijo: “Si te llamaran Estela, tu vida sería diferente, más iluminada”, por decir una palabra, era algo semejante que no recuerdo con exactitud, pero era algo parecido. Y dije, y bueno, como hago ahora para cambiar de sitio mi nombre, bueno, no lo hice simplemente. Pero por ahi fue apareciendo. En un cuadrito personalizado y en mensajes de chat.
Pasaron los años y digamos que más marketero se ve Stella y en este aún 2025, estuvo más nombrado que cualquier otro año. Por eso es que me animo a escribir sobre mi otro yo, porque siento que ya tiene relevancia y vida propia, más figureti. Más expuesta. Más creativa.
Hace unos treinta años pensé en una forma muy novelesca que dejaría de existir en este mundo al día siguiente de cumplir veintinueve años. ¿Por qué?
Aquí vamos con la explicación de donde salió ese mini guión al estilo ‘Scream’ o semejantes. Eran tiempos de salidas, de estar en la calle y con amigas. Una de ellas, María Rosa que era mi fiel compañera para ir donde sea que nos lleve el día y la noche. Nada especial hasta ahora que viene el verdadero motivo, y es que donde íbamos veíamos el 11:11. En la hora. En la emisora de radio. En la gasolinera. Everywhere.
Y claro, que a los 28 lo espiritual no está muy presente, así que no le vimos un significado importante o una señal o un vaticinio o un ¡hey!
Pronto llegaría mi cumpleaños 29.
Cumplo años el 10 del 11.
2 más 9 es 11.
Y al día siguiente sería 11:11
Por lo tanto algo pasaría ese 11:11 con 2+9 cumplidos, que suman 11, ya lo dije. Pero nada pasó de diferente además de la resaca de la celebración.
Este 2025 dicen que el portal 11:11 es importante y oh coincidencia pasé mi cumpleaños, justo este cumpleaños con María Rosa también y sin planearlo. También dicen que no existen las coincidencias, si no que son una serie de hechos que te llevan a ese evento porque así tenía que ser. Y la verdad que lo creo así.
Les seguiré llamando coincidencias y me seguiré asombrando con ellas, pero lo que creo es que son parte de lo que llaman destino o vida.
Y si tenías que leer este relato porque empezaste a ver 11:11 o números repetidos en forma frecuente, hazle caso e investiga qué significa, claro, puedes preguntar a chat GPT sin problema. Es muy probable que algo te resuene y te inspire a hacer cosas que las tienes pensadas muy en el fondo sin aflorar aún.
Cuántas veces te preguntas qué está pensando alguien de ti, de lo que haces, de lo que piensas, de lo que dijiste o hiciste. Estará pensando algo o cero. Probablemente si es alguien con quien no tienes mucho contacto o confianza nunca lo sabrás, con alguien que sí, solo pregunta y ya está.
A mi la curiosidad me mata.
Ahora justamente porque jamás lo podré saber.
No sabré qué piensas, qué opinas o qué me dirías, de qué te reirías y de qué simplemente ni te inmutarías. Cabe la posibilidad que me lo digas en sueños, pero la verdad que lo veo poco probable, no soy tan sensible, al menos no hasta ahora. Me queda intuirlo, imaginarlo y creer que es así, ya cuando nos encontremos me dirás si te sentabas en una nube con canchita a ver qué hacía con mi vida.
Quiero saber qué opinas de lo que me pongo cuando salgo.
De las personas nuevas que conocí desde que no estás, de las que dejé de conocer.
De mis decisiones, de mis cambios y movidas.
De dejarme el pelo largo one more time ¿te gusta?
Dónde me hubieras llevado de viaje por mi cumpleaños.
Qué opinas que ahora soy más buena y menos bitchy.
Qué estoy usando tu ropa gracias a qué volvió el oversize o que estoy un poco más grande, pero definitivamente prefiero pensar lo primero.
Te perdiste la inteligencia artificial y estoy segura que tendría mil reels de cockers hablando en mi DM y estaría renegando del algoritmo que me obligarías a tener.
Te perdiste mis cambios middle age, alguien más los tendrá que soportar.
Te perdiste ver crecer a los chachos, que probablemente te amarían más que a mi.
Te perdiste las fiestas Estigma que seguro te hubiera obligado a ir.
Te perdiste que estuviera en casa sin salir, por mi propia convicción.
Te perdiste los últimos presidentes, uno peor que el otro.
Te perdiste el haberte burlado de mi por comer chifa con vino, así como yo me burlaba de ti cuando hacías lo mismo. Todo cambia y lo que era jamás no qué horror, hoy puede ser un mira, no está nada mal.
Pero te ganaste con toda mi lista de pedidos y un checklist enorme de las cosas que debes hacer que se cumplan. Seguro andas ocupado con otras cosas y cuidando a más personas pero si el tiempo no existe dónde estás, puedes ser multitasking.
Ya nos vemos, no tan pronto creería. Mientras, sigue ahí, trata de no reirte mucho de lo que hago, aunque no te imagino de otra manera y está bien, ya estoy grandecita para decidir bien, y seguiré comprando polos con quotes o dibujos ¡aunque no te gusten!
No, no soy villamariana ni hablo (tanto) spanglish. Pero estudié en el Abraham Lincoln que al menos en mi época todo primaria era en inglés y me hizo desentenderme de ciertas palabras en español que hasta el día de hoy primero me salen en english. Cómo qué, como ‘fence’, ‘quarter’, ‘necklace’, entre otros… pero bueno, no vamos por ahí. Venía a hablar de mis friends for ever, que definitivamente son los buenos amigos del cole, que conozco desde hace casi 45 años.
De hecho tengo dos amigos en especial que siempre salimos a comer y tomar. Por lo menos una vez al mes, últimamente. Somos dos mujeres y un hombre, totalmente diferentes entre nosotros, profesiones, trabajos, forma de vestir, música, todo es diferente, menos el gusto por la comida y la bebida, claro. Aunque uno es artesanal, otra Cristal y otra Pilsen, ahí vamos por la vida, bien amigos siempre.
Hace unas noches, en una de esas salidas, sale la frase: ‘oye, ya toca que escribas de nosotros pues’. Y sí, por qué no. Además de amigos, son fan de mi blog, espero que en serio y no porque crean que me voy a molestar si no les gusta.
Pero no es que aquí vaya a hablar de sus vidas, esto más bien es una oda a la amistad y a esa confianza y amor que hay con quienes te conoces desde kinder y pasaste 11 años, casi 7 horas al día, de lunes a viernes. No contentos con ese tiempo de vernos, conversar, reir, jugar, llegando a casa, hablaba horas por teléfono de lo que pasó en el día. Ya de más grandes, no solo nos veíamos de lunes a viernes y hablábamos por teléfono. También nos veíamos los sábados en Camino Real, en el cine o en alguna fiestita. Todo era tan genuino, hasta inocente diría, al menos en mi mundo, en mi burbuja. Creo nunca me he reído tanto como en el colegio. Felicidad total sin tecnología. Ni los jalados, ni las quinta nota, ni los exámenes en marzo, nada opacaba mi felicidad. Aunque creo que lo único era cuando perdíamos en algún partido, ahí si podía llorar.
Y bueno, esa felicidad vuelve a sentirse cuando estoy con ellos, con mis amigos Clau y Pancake, cenando en el restaurante que toque, en el que alguna tarjeta haga descuento. Y es él, el chico del grupo, el genio matemático, que divide la cuenta y simplemente dice ‘me yapean’. Además de conocernos de por vida, ya conocemos quien no perdona una cena, quien come poquito, quien prueba cosas nuevas, quién no, quién llega tarde, quién separa la mesa, quién reniega, quién se caga de risa, quién no cuenta el chisme completo, quién se olvida de lo que iba a contar.
Y así seguirán siendo nuestras reuniones, con nuevas cosas por decirnos, viejas cosas por recordar o no recordar. Con anécdotas por las cual renegar para terminar riendo siempre. Hablar y hablar, sin ser juzgados, de cualquier tema y escuchándonos siempre.
Y si bien cada año será distinto sea por las cosas que nos pasen o por la edad que avanza, los temas clásicos y básicos, la carnecita pura y dura, nunca va a cambiar. Hasta seguro seguiremos hablando del viaje que algún día haremos, hasta que llegue el día de hablar del viaje que hicimos.
Larga vida a la amistad, a esta amistad que conoce todas tus vidas. Larga vida a lo que nos diferencia y que nunca nos separó. Solo nos da más nuevas anécdotas y nos permite seguirnos sorprendiendo, como si no nos conociéramos. Hoy especialmente, me di cuenta que quiero mucho a mis amigos, más de lo que pensaba.
Y si tú también los tienes, aprovéchalos, quiérelos, disfrútalos.
Dale play al Spotify, al parlante, al tocadisco, a la casetera, al minicomponente, al equipo. Depende tu edad y de que tanto te guste la música, le habrás dado play a muchas o a pocas cosas en tu vida. En mi caso la música está siempre presente, estuvo siempre. Desde que iba de niña en el auto y mi papá escuchaba Rubén Blades, Buscando América.
Y como mi memoria no está trabajando en su máximo nivel en estos tiempos, esto es lo más antiguo que recuerdo. A Blades, Palito Ortega, Rafaella Carrá.
Los de mi edad crecimos con la música 100% ochentera, entre mis 12 y 15 años (1985 a 1987) que dicen es la edad en que se queda grabada en tu memoria y cuando más la sientes en tu corazón. Por eso crecí inventando dramas y queriendo vivirlos tal cual la canción por más que todo era felicidad a esa edad.
Aprendí hasta las letras, gracias a los cancioneros. Si las matemáticas, física y química hubieran venido en cancioneros, otra sería la historia.
Volviendo al 2025, hace unos días puse una canción en Spotify que creó una radio ‘para mi’ con esa canción y me di cuenta que no escuchaba ‘indie’ hace muchos años y disfrute cada sonido, cada letra. Y me puse a pensar, de dónde sale mi gusto por determinada música, qué me gustaba en los 80, 90, 2000, hoy. Por qué me gusta lo que me gusta. Y los ex han tenido también influencia en mi música. Los que pasaron por mi vida y me hicieron escuchar algo nuevo, algo que me gustó y se quedó conmigo y seguro también varias canciones y géneros que se fueron pronto.
Lo más probable es que la música que se quedó conmigo es la que alguna palabra o frase me impactó, me emocionó, me identifiqué de alguna forma, porque soy la que escucha la letra primero, luego la música.
Y vamos uno a uno.
De los que más se quedaron en mi mente y en mi playlist.
Mi ex compañero de salón, de la B.
Aquellos años de los cassettes, de los variaditos, los más fichos, los dorados de cromo. En el Pasaje Los Pinos en Miraflores era el lugar donde tenías que ir si querías grabar algo bueno. O en casa rezando para que el locutor no hablara encima de tu canción favorita, eso era adrenalina pura. Volvamos a mi amigo del cole que me graba un variadito, a su gusto, su elección, tomando en cuenta también lo que me podría gustar de esa selección. Y oh maravilla, ahí estaba:
‘Light my fire’ de The Doors. Ese fue mi primer encuentro con Morrison, con mi Jim.
Y como en los 80’s mi corazoncito más estaba con G3 que con Lluvia, tus besos fríos como la lluvia, The Doors en el variadito fue mi favorita. Y la segunda canción que me llamó la atención fue una de Ziggy Marley que ya olvidé su nombre.
Hablemos sobre mi ex noventero que no me dejó mucho porque era más fan de la pachanga, así que no hay mucho que contar por aquí, solo que si voy a una fiesta pachangera puedo identificar algunos tonitos. Pero lo importante de esta relación, musicalmente hablando, es que llega Alanis Morissette y su You oughta know, justo en el momento perfecto de la separación, así que disfrute cantarla a todo volumen en mi Golf noventero. Jagged little pill, un discazo.
El próximo ex importante en música me dejó lo indie, el house. Passion Pit, Cut Copy, MGMT, Zoe. Buena música, buen playlist, buenos conciertos. Justamente este playlist en Spotify fue el que me inspiró a recordar y escribir.
El baby, más rockero clásico, medio panqueque, medio synth pop, fue la pareja perfecta para bailar en casa con vino, cerveza, una picada casera y cuando hubo la oportunidad, comprar discos en la feria de Brooklyn, NY.
Este año, me hicieron escuchar algunas canciones españolas y ver sus videos, que por algún motivo no veía antes muchos videos o probablemente no lo recuerde. Me parece raro, cuando prácticamente era lo único que había para ver. Me parece prefería mirar una y otra vez los VHS con los conciertos y a Axl Rose en su shortcito blanco. Pero bueno, estas canciones españolas, si bien no necesariamente pasaron a mi playlist de favoritas, me gustaron las letras y me gustó escuchar una de ellas en una de las fiestas ‘Gorila Amarillo’, que son fiestas con música en español toda la noche, mis fiestas favoritas en los 90’s y que este año volvieron.
Después de este recorrido musical, me quedé más con el rock clásico, wave, synth pop, rock en español (es muy amplio pero ya detallar que tipo de rock en español puede ser mucho). Ganaron las discotecas Bauhaus, Bizarro de los 90’s, Nirvana, Biz Pix, Psicosis, Nébula, Estigma… a The Piano, The Edge y algunas más seguramente. Pero claro, que igual estoy open mind a escuchar otros géneros y a Ca7triel & Paco Amoroso.
No se si tú también alguna vez pensaste más allá de lo evidente, de dónde nació tu música, tus gustos. Yo, primera vez.
Hoy que todo tiene que ser inmediato. Hoy que el scroll te seduce, te enamora, te promete casi casi amor eterno para que no lo alejes de tu dedo, para serle fiel día y noche. El scroll en tu vida es la rutina, lo que haces a diario, varias veces, todos los días, sin descanso, pero sin pasión, sin un motivo, solo porque está ahí, porque así tiene que ser, excluyendo claro a quienes lo hacen en un working mood.
No conviertas tu vida en un scroll que va y viene, que le sonries sin que te sonría de vuelta.
Suena fácil, pero cómo hacerlo. Ya sabemos que la vida viene sin manual y que vas a a hacer y deshacer como te lo enseñaron de pequeño, hasta que tienes voluntad, gustos propios y empiezas a explorar, a expandirte, a elegir, a ganar, a perder, a entender. Eres feliz (la mayoría al menos) en la adolescencia, a tus veintes que vives al máximo, sales, bailas, cantas, besas, enamoras, te enamoras, miedo cero, lo puedes todo. Llega la tecnología, para bien y para mal, llegan otras experiencias y responsabilidades que poco a poco te ‘encierran’ en un mundillo donde se puede decir que no eres tan libre y donde sin querer puedes caer en un scroll infinito.
Hoy, 2025, algunas décadas después y algo lejos (pero no tanto ja) de mis veintes vuelvo a empezar, cualquiera sea la interpretación de esta palabra cargada de emociones y que se dice mucho pero realmente es fuerte, es determinante, es complicada y de hecho es difícil empezar a empezar. Es, con esa sensación de re inicio reloaded que se detiene el scroll, mi scroll, ese dedo que prefiere no mirar atrás para seguir avanzando lo más rápido posible.
Que el scroll ahora, sea pasar por experiencias, viajes, conversaciones, reuniones (presenciales de preferencia), caminatas, libros, cine, copas de vino, vasos de Negroni, comida rica, buena música, bailes, risas, carcajadas, llanto, todo es bienvenido en este scroll infinito de la vida. ¿Qué es lo que realmente importa? No hacerlo en automático.
Mientras escribo me digo a mi misma que estaré atenta a no caer en la automatización, practicar el hacer de mi rutina una anti rutina, cambiar de ruta en las caminatas, cambiar de lugar los adornos en casa, cambiar de bar – bueno, siempre hay un favorito al que se vuelve pero intentarlo al menos – , fomentar nuevas charlas, nuevos temas. Y casi casi que esto se está volviendo una especie de ‘sal de tu zona de confort’, y no, no quise caer en algo derivado del coaching pero creo que se entiende el mensaje.
Que este scroll infinito de tu vida sea de los que le sonries y sí te sonríe de vuelta.
Solo para conocedores o para los que tienen buena memoria, este título es una canción de The Smiths, sí, Morrissey el cancelador de conciertos. Pero esa es otra historia.
Qué tan pronto es para qué.
Para lo que estés pensando, cambiando, queriendo.
Eso es algo que nunca se podrá saber sobre seguro pero que obvio nos vamos a decir siempre que ahora no era el momento, que no estás preparado, que no es tu año, que no es el planeta indicado el que ahora está sobre tu signo y muchos qué.
Y a veces solo es cuestión de valentía. De decidir y hacer. De hablar. De decir lo que sientes sin tanta vuelta, con amor, pero sin mucha vuelta. Y cuando te atreves a expresar lo que quieres te darás cuenta si estás soon,late o es el momento indicado.
Para que estas copas estén juntas pueden haber pasado muchas cosas, simplemente las ganas de tomar un buen vino o de tomar una foto aesthetic para instagram, eso solo lo sabes tú y hay que saber aceptar el momento. Aceptar si con quien compartes el vino te va bien una noche, un mes, un año o una vida. Y por aceptar me refiero a disfrutar el momento, a dar lo mejor de ti en lo que haces, sin pensar en qué pasará después. Porque si no vives ese instante, se pasó, adiós, bye, ciao, it’s gone. Siente el vino, su aroma, temperatura, sabor y los efectos que hace en ti luego de la primera, segunda, tercera copa.
Eso que te hace sentir en el momento y la resaca del día siguiente harán que tu intuición se ponga en marcha y ahí sabrás (o no) qué hacer. Y obvio que no lo vas a resolver, al menos no al momento. De eso se trata la vida, de cada vez acercarte más a lo que crees es una buena decisión y en cada decisión del momento aprenderás algo nuevo. Y no estoy hablando de vino ni de una noche divertida, aplica el alcohólico ejemplo a lo que esté dando vueltas y vueltas en tu cabeza o en tu corazón ahora mismo.
Sí, eso es para todo, desde decidir que algoritmo quieres en tu Instagram hasta qué algoritmo quieres en tu vida. Lo que aprendas a disfrutar y a querer de verdad, seguirá llegando así, tal cuál como los reels que te llegan y compartes con tus besties.
Por eso, cuando te preguntes How soon is now, piensa que no lo vas a saber, pero sí lo vas a sentir, que es mucho mejor. Y sigue tu instinto, uno de los mejores amigos del sentimiento y la emoción, buen trío ese. Ah, también puede haber la variante de How late is now y como Morrissey no va a leer esto, no se molestará que le de un twist a su canción. Pero sí me molestaré si cancela su concierto en Lima.
Qué te imaginas cuando lees parking lot. Si sabes inglés, posiblemente imagines un estacionamiento, lleno o vacio.
Yo me lo imagino vacio, gris, con líneas amarillas. Visto desde arriba como con un dron estático y luego entra mi mano con un carrito de Hot Wheels, rosa y negro. A ver, dónde lo pongo, aquí será. Y ahí está el autito en un espacio del parking lot. Pero vamos más allá del común parking lot, vamos al argot de los negocios, donde en ese estacionamiento, pones todos los temas que vas a tocar después, los dejas ahí estacionados por un momento, mientras haces focus en otro tema principal. Y poco a poco los vas sacando, vas hablando del tema, terminas, llamas al chofer y que por favor retire el auto.
Yo no sabía del tema porque digamos que no tengo muchas conversaciones de negocios, hasta que en una charla con un amigo, de esas conversaciones muy largas, muy variadas, muy que quieres hablar y hablar, pero a la vez muy enredadas, que se genera un tráfico de esos de las seis de la tarde, sí, en Lima.
Y bueno,
me dice, que entre el tema al parking lot.
Y yo feliz en mi mente con mi carrito Hot Wheels, estacionando y estacionando sin parar.
Tantos temas se fueron a ese parking nuestro, que muchos no salieron. Pero ahí están. De vez en cuando entra alguien a lavarlos con cera y todo. No hay un orden especial para elegir un autito, solo espero que aún prendan cuando querramos usarlos.
Hoy salió el tema por otro tema más, que entra a nuestro parking lot que se ha vuelto más sofisticado o complicado tal vez, no lo se. Pero los temas o modelos de autito que van entrando a veces pueden ser especiales y por eso entran al parking.
Cuántos autos hay en tu parking lot.
Todo bien mientras no sea algo tan caro como estacionar en New York y luego no tengas cómo sacarlos y prefieras olvidarlos.
(este relato es un ejercicio de un taller creativo donde muy breve tenías que describirte con todos ‘tus opuestos’, con todo lo que no eres, como el ultramundo o algo así – hagan si pueden uno de ustedes, es divertido y al final creo que realmente alguien te puede ‘conocer’, conociendo tu ‘No Yo’)
Mucho gusto, mi nombre es Anirak y muchos se preguntan cómo es una semana típica de mi vida, les contaré…
Muy puntual de lunes a viernes llego al gimnasio, a las 6 de la mañana justo cuando están abriendo. Solo llegando a esa hora puedo estar en el nido a las 9 para enseñar a esas pequeñas criaturas. Soy tan feliz viendo como 10 niños entre 3 y 4 años corren hacia mi gritando desaforadamente “Miss Anirak!!, Miss Anirak!! Las 3 horas jugando y aprendiendo con ellos se me pasa volando, es increíble.
Me quedaría todo el día con ellos pero debo volar a mi segundo trabajo como contadora, amos los números tanto como a los niños, trabajo en un estudio de abogados hasta las 5 de la tarde, que me meto al carro para regresar a casa escuchando mi playlist ‘Latin Vibes 2025’, en casa me esperan mis 3 hijos y nos queda tiempo para jugar, cocinarles algo y cenar todos juntos. Como verán mis días de semana están a full, pero los fines de semana que hay más tiempo para relajar corro 5 km por el malecón, mientras los chicos pasean con el papá. Luego nos encontramos y vamos al campo a caminar descalzos para recuperar energías… esta es una de mis semanas típicas.
Febrero empezó hot con la temperatura alta y con la vara alta también. Qué te preocupa o qué ocupa más tu mente… dónde veranear, dónde conseguir las promos de Aperol, dónde mostrar tu bronceado, donde comer el vero gelato italo limeño, donde alquilar casa de playa, que diablos hace ‘Al fondo hay sitio’ en China, cuál será el próximo hit de Tito Silva y lo más importante, tan tararaaaannn…. si todo bien con tus resoluciones para este 2025.
Todo bien con calatearse un poco para el astro rey, pero el verano es un elemento distractor que justo llega a este hemisferio iniciando el año, es el amigo que hace bulla, que le gusta la juerguita, que dices ‘uff qué calor’ y ya tienes dos heladas al frente. Hay que mejor estar atento, enfocado, para que no te jale las patas ese amigo endemoniado que te puede alejar de los objetivos del año.
Si no tienes una meta específica, hiciste un vision board, escribiste tus resoluciones, estás en nada. Y es en serio, el año y la vida se van como si los persiguieran los del Tren de Arangua. Lo mejor es que no te roben los días y mucho menos los años. Esta vez si hay algo que quieres lograr, no te distraigas ni bajes la guardia como yo ahora que acepto humildemente que me distraje por un momento alejándome de este relato, al escuchar Electric Feel de MGMT en mi parlante cercano, que automáticamente me hizo llevar mi mano derecha a la copa de vino cercana también.
Todo bien, después de un par de sorbos, una cantadita y movidita sobre mi sitio, volvemos a lo que estábamos y es a no perder el rumbo, focus on yourself, en ese feeling que te trae el 2025, un año especial, al parecer con tanto movimiento de astros.
Cada día dale así sean 20 minutos a tus objetivos y deja para los memes eso de que ya llegó Julio, después de marzo todo pasa volando, mejor no saco el arbolito de Navidad y mucho más etcétera. Esa frase nostálgica de ‘La Vida es HOY’ es lo más real que puedas escuchar en estos tiempos de Elon Musk, meteoritos y más.
Es domingo y empecé a escribir mientras desayunaba café, huevos con jamón y queso en un plato sobre un individual de tela de rayas grises y blancas con algunas manchas típicas de guardado, en tres años desde que me los regalaron, los habré usado, dos, ¿tres veces? Y pensé en todas las cosas que tengo para usar algún día. Tazas, platos, blocks de notas, libros por leer, maquillaje por usar, ropa por estrenar. Pensé en todos los restaurantes por conocer, los platos por probar, las recetas por preparar. Algún día lo haré, algún día vamos. Recordé a los amigos por ver, por conversar. Algún día tomamos un vino, un café, nos reunimos, cuadramos agenda.
Sentada en el sofá, escribiendo, miro frente a mi y veo algunos vinilos que algún día escucharé. Veo alrededor los cuadros que algún día colgaré. Pienso en los viajes que algún día haré. Y pienso en él, pienso en ti baby, como todos los días, pero hoy especialmente pienso en todas las cosas que algún día íbamos a hacer y se quedaron ahí. Se quedaron como dice Sabina, donde habita el olvido. Se quedaron en visto. Y es que te fuiste tan pronto, tan rápido, tan inesperadamente, que no nos dio tiempo el cumplir el ‘juntos hasta viejitos’ con tu cocker también viejo sentados en alguna terraza, pero si así estaba destinado a ser, está bien y estoy bien sabiendo que tú lo estás.
Algún día las cosas cambiarán, las personas se irán, tu cuerpo hablará, tu mente entenderá. Y si ahora, en este momento, el destino se las ingenió para que tú leas estas líneas y no las dejaste para algún día, aprovecha el momento y empieza a hacer, ponle fecha, cambia tres capítulos de una serie por una copa de vino con tu amigo, con tu amiga. Cambia una hora más en la cama, por una hora en la calle, cambia ese algún día por hoy.
Buuuuaaaaa… se escuchó en la sala de parto. Era yo, naciendo y pensando ese 10 de noviembre: ‘Hoy es mi primer día de libertad’ o ¿el primer día de encierro? De ti depende, también pensé, de ti depende.
Y aunque suene obvio, muchísimos subconscientes pueden pensar lo contrario y zambullirse en una scrolleada diaria de reels tan intensiva, que llegas a perder la noción de la vida real, además que nuestro gran amigo Algoritmo nos va a mostrar lo que queremos ver, lo que nos gusta, lo que nos encanta, lo que nos engancha, lo que nos aprisiona, lo que nos hace wanna be. En mayor o menor medida, muchos andamos metidos en este tema.
Y en el 2024, la parte linda de la vida digital se fue de golpe, dando paso a mi vida real sin filtros. Y sin exagerar, pasó de todo en el 2024, todo lo ‘malo’ o lo que terrenalmente se ve como malo, si bien es parte de la vida misma, porque, te paso el dato, la vida no es buena, no es mala, es todo, es una vida con todo mixeado. No creas que alguien está maldito o tiene mala suerte porque le pasan cosas más complicadas y al que le pasa todo lindo es un re suertudo, se ganó la Tinka. La vida es lo que es, una vida, distinta para cada uno.
Y si quieres sacarte la Tinka, tienes que jugarla todos los domingos, no lamentarte no haber ganado cuando ni siquiera la juegas… dah.
Volviendo a lo mio. Podría decir que nunca sufrí, nunca lloré de verdad en mi vida hasta el 2024. Mi vida burbuja con lunas resistentes al drama, cambió en ese año, pero la práctica de años anteriores creo que me mantuvo cool, mientras mis prácticas más espirituales de los últimos años me mantienen equilibrada.
Igual que las películas que cuando ves alegría extrema, sabes inmediatamente que la tragedia empezará pronto, pues bien, algo casi casi semejante fue en la real life. Salía de un 2023 de celebraciones por los grandes 50, con un primer viaje espectacular con amigas, empalmando un viaje con mi baby a New York que tanto amábamos. Y con muchos planes de grandes decisiones y cambios…. Que no eran los mismos planes que tenía el 2024.
Muere mi papá finales de marzo. En ese mismo mes pero alrededor de quincena, mi baby, que sí puedo decir sin caer en cursilerías o frases hechas que era el amor de mi vida, eramos tal para cual, pero en ese mismo mes le dieron la noticia que tenía cáncer de páncreas y el 2 de mayo, mes de su cumple, muere. Y todo cambia.
Empiezo a entender lo que es sufrir una pérdida, a entender lo que significa la muerte tanto a nivel tierra como a nivel espíritu. A cambiar de planes. A cambiar de humor. A esperar que abra la puerta como todos los días y yo correr a recibirlo como todos los días. Y a aceptar la famosa frase, ‘todo tiene solución menos la muerte’. Aquí no hay vara que te ayude, ni pasadas de tarjeta.
Entendí como perder alguien tan cercano, no solo te cambia el corazón y la mente, el cambio viene completo, en el día a día, porque la vida no para, todo sigue avanzando y tú tienes que seguir también, cambiando el ritmo, cambiando prioridades, reinventando escenarios y rutinas. Y es ahí cuando me doy cuenta de la gente que está a mi alrededor, que por más independiente que sea, la ayuda emocional, la ayuda material, la ayuda tácita, la lejana, la cercana, toda ayuda es bien recibida y valorada cuando llega en un buen momento.
Gran bienvenida del 2024 con dos grandes pérdidas, que cumplieron sus planes en la tierra y siguen viviendo de otra manera espiritual y que eso también es parte de la vida. Para mi tener eso claro, me ayudó bastante en dejar ir.
Y el año siguió dándome novedades, como reivindicandose de todo lo que no me habían dado los años anteriores, nunca antes había frecuentado tanto una clínica y jamás me habían operado, pero de un momento a otro mis bolsas de Zara pasaron a ser bolsas de Sanna y mis búsquedas en google pasaron de ‘dónde viajar’ a ‘a los cuántos días puedo barrer después de una histerectomia’.
Y al final del día o del año (pasado), para mi todo se resume en lo que dijo el padre en la misa de gallo: ‘no tienes la culpa de la cara que tienes pero sí de la cara que pones’. Ponle buena cara a lo que pase, porque tienes que seguir viviendo y los que se fueron están muy bien lejos de la tierra y si nos ven, nos sienten, para qué darles más problemas que no pueden resolver. Esto no significa bloquear la tristeza, significa llevarla de la mejor manera posible y en mi caso me queda claro que fue un año especial por decirlo de alguna manera pero no lo tomo como un año trágico o malo y no me pongo a decir ‘por qué a mi!!!’.
No me nace hacerlo, no me nace ponerle al 2024 el adjetivo de malo y estoy feliz de no hacerlo, porque veo oportunidades de cambio, de mejora con cada cosa que pasa.
Es tan difícil saber cómo y cuándo vas a reaccionar ante ciertos eventos, no lo sabes hasta que pasa y hasta que escuchas opiniones, algunas que pides, otras que no, pero ahí está todo, servido en bandeja para que tomes lo que te convenga. Y cada situación, cada duelo, cada enfermedad, cada alegría, cada cambio es distinto en cada persona, esto me hace volver al tema de los reels de Instagram, el que estuvo en fuerte tendencia en diciembre 2024 de ‘escuchamos pero no juzgamos’.
Ya estamos en el 2025, vívanlo, disfrútenlo sin presionarse tanto. No sabes cuándo o cómo cambian tus planes o tu idea de la vida. Vivan más y mejor su vida real que virtual.
Los de mi generación probablemente hayan leído esta frase como título de la sección de chistes de la revista Selecciones. Pero bueno, esta vez es el título de un relato sobre la risa y las relaciones. Sobre las parejas que se rien. Las que son más felices que preocupadas. Las easy going.
Enrique Higashi y Roma Gallo, mis papás en su boda civil.
Y bueno, fácil es decirlo, pero al ver esta foto de mis papás – que me inspiró este relato -, de su boda civil, recuerdo que mi papá literal siempre se está riendo. Y así la situación esté difícil o se esté discutiendo algo serio, siempre hay algo que le da risa.
Será la risa algo fundamental en las parejas? No digo sea lo único que las mantiene obvio, pero sí creo es algo importante. Mis papás ya pasaron los 50 años de matri celebrando en medio de la pandemia y la risa ha sido siempre protagonista.
Creo no por gusto en las películas siempre se quedan con quien hacer reir a las protagonistas y no con el millonario serio y estresado. Una combinación sería ideal, pero casi siempre es uno u otro. Una de las excepciones es Bridget Jones, que se queda con el señor Darcy, muy inglés y serio él, al menos hasta la 3ra parte.
La risa es algo que crea intimidad, fortalece relaciones, hace que quieras estar más tiempo con alguien y hace la vida más divertida! Pero algo curioso que veo con más frecuencia es hablar de hombres que hacen reir a mujeres… las mujeres somos menos sonrientes? Más histéricas? Más preocupadas? Más estresadas? Más serias? No lo sé, quizá en un estudio general mundial, pueda ser que así sea o solo sea una leyenda urbana.
En mi caso, mi novio se rie más que yo cuando las cosas están serias y la verdad me da un poco de cólera a veces, pero claro que me gusta que sea así, aunque a veces sea ya muy feliz para esta vida : )
Qué creen? La risa hace más duraderas las relaciones?