Últimamente escucho mucho que para qué flores.
Para qué me van a regalar flores.
No quiero.
No quiero tenerlas en un florero, que además me da trabajo de ponerle el agua, para que se mueran a los dos días.
Prefiero algo que dure más.
Un bolso.
Ropa.
Una gift card quizá.
También podemos ir a cenar, invítame a ese restaurante nuevo.
Confieso que yo también caí en esa tendencia y me dejé llevar por la onda de mujeres no tan sensibles que ya no se emocionaban por un ramo de flores.
Hasta ahora, que scrolleando en un momento zombie que no paraba de pasar reel tras reel, escucho a Drew Barrymore entrevistando a un chico que decía que las flores son para eso.
Están hechas para durar un momento.
Poco tiempo.
Y eso las hace especiales, eso hace especial el momento en el que te las regalan. Es solo disfrutar el momento en el que te llegan y las horas de vida que le quedan.
Ahora sí quiero recibir flores y darle atención a ese momento especial.
Puede haber un motivo como que ninguno y eso es mejor, que lleguen por puro gusto.
Ya no voy a pensar que van a morir pronto.
Voy a admirarlas, a ponerlas en el lugar que merecen.
Cuántos momentos igual que las flores se mueren antes de estar en unas manos, en un florero, en una mesa. Cuántas veces haces una historia en tu cabeza de lo que va a pasar y de lo que pudo pasar antes de vivir el momento.
Hay que hacer que pasen cosas.
Hay que vivirlas, disfrutarlas. Justo cuando están ahí, para nosotros.
Cuando recibas flores, no pienses en qué vas a hacer con ellas, no pienses que se van a morir, no pienses que mejor hubiera sido otro regalo, no pienses que son feas.
Mejor piensa en por qué te las dieron, por qué te las mereces, admíralas, ponlas en un florero y date cuenta como cambia todo el ambiente. Cómo cambias tú por lo lindo que se ve.
Recibe las flores.
Vive el momento.

