Se siente casi un alivio saber lo que quieres, que muchas veces viene en forma de saber lo que no quieres. A todos les debe pasar en algún momento de su vida. O quizá no. Hay una diferencia muy grande entre vivir la vida que deberías vivir y la que quieres vivir. A veces hasta una combinación de ambas, va muy bien.
El gran tema está, en qué hacer cuando lo descubres.
¿Cómo cambiar ese día a día que viene repitiéndose por miles de días por el qué quieres? ¿Cómo dejar lo que estás acostumbrado a hacer, a ver, a escribir, a hablar por acostumbrarte a hacer lo que quieres?
¿Cómo empezar a crear lo que está en tu mente?
Cuando camino por las calles, por el malecón, por los parques, cruzando puentes, cruzando distritos de día o de noche, todo se empieza a escribir en mi mente, lo que me gusta, lo que no me gusta, lo que acepto y no debería aceptar, lo que quiero escribir pronto, lo que quiero conseguir. Para mi caminar es como un activador de ideas, un coach, un terapeuta, un ‘amiga, date cuenta’.
Pero qué pasa una vez que tienes ese Got it!
Lo que sigue puede ser tan difícil como empezar la dieta, pero nunca imposible.
Una noche antes de dormir, navegando por el infinito scroll de los reels, tuve un encuentro visual de amor a primera vista que me obligó a sumergirme aún más en los colores, la estética, las ideas de Agnès Varda que al parecer la llamaban the “grandmother” of the French New Wave. Directora de cine, fotógrafa, artista francesa fascinante. Ya había visto sin saber que era de ella o sin acordarme, la película Cleo de 5 a 7, así que seguí amándola.
Cuando fui a volverme oficialmente su follower en Instagram, me di cuenta que el baby, mi novio que murió hace dos años, la seguía, y claro, empecé a relacionar y recordar su pasión por las películas antiguas, el buen cine de antes. Por él vi unas cinco veces El Globo Rojo y 8 ½ de Fellini y traíamos libros gigantes de películas para la coffee table.
Y pensé,
por qué no hicimos más cosas juntos relacionadas al cine, por qué no me mostró el Instagram de Agnès, por qué no conversamos más sobre cine, por qué no navegamos rebuscando más datos, por qué no buscamos más libros cuándo viajábamos, por qué no nos sentamos con un café a analizar la película, por qué no vimos más películas de ese época, por qué no cambiamos noches de HBO por noches de cine clásico.
Una noche, sola en el depa, ¿qué es lo mejor que puedo hacer? Ver ‘Envidiosa’, que estrenó hace unos días su entiendo última temporada. Ahora amo a Vicky, la protagonista, cuando en la primera temporada me chocó su intensidad, ahora todo bien. Y la serie buenísima, será porque siempre hay algo con qué o con quién identificarse.
Hay un momento tenso entre la protagonista y un vendedor en el market por un cepillo de dientes. Este cepillo venía en un pack de dos cepillos y ella solo quería uno. Así que o te llevabas los dos cepillos o nada.
Eso es porque todo viene en pack, en combo, con mochila, con antecedentes, con carga.
En la vida todo viene con algo al lado, encima, abajo, dentro, fuera.
Todo viene con algo pequeño o grande y no te dan a elegir. Aunque a veces, sí, por ahí que puedes decidir agrandar y ponerle extra condimento.
Y así es cómo funciona este gran escenario de la vida. Sin ensayo previo y sin que puedas hacer un casting previo. Cada persona que conoces viene con su historia, con sus capas.
Aprovechando que me acuerdo y que además son divertidos los sueños (a veces). Son esa realidad paralela, que solo Dios sabe cómo llegan a tu mente y se recrean en imágenes mientras duermes. Será de lo que hablas y miras durante el día, lo que se queda en tu subconsciente. A veces para los más susceptibles, pueden ser avisos premonitorios. Los sueños sueños son y siempre tendrán muchísimos enigmas.
Aquí vamos con el mio.
Calculo fue entre las seis y las siete de la mañana, luego de una noche de insomnio, donde minutos antes, a eso de las cinco, estaba analizando salones de belleza para cortarme el pelo.
Ahora sí, vamos al sueño.
Yo estaba en España, más que probable que sea en Madrid que lo tengo más fresco de un viaje a inicios de año. Paseaba con una amiga, Pati se llama, que ahora vive en Florida y dicho sea de paso, no nos hablamos seguido, pero cuando hablamos, intensa la cosa.
Bueno, estábamos paseando por alguna plaza, mucha gente alrededor. Y ella tenía que ir a atender a sus hijas, así que le dije para encontrarnos en la noche, en un lugar específico, en alguna zona de bares mejor y estando ahí decidimos dónde aterrizar.
Al irse mi amiga me quedo paseando sola en esta plaza llena de restaurantes. Y de repente ya estoy sentada en una mesa, grande, rectangular, con mantel de papel blanco y con flores encima. La comida la servían sobre el papel blanco, sobre el mantel, no habían platos, pero no lograba distinguir lo que servían, solo unos trozos de sandía que probé uno y estaba muy rico, fresco.
La mesa ya estaba llena, de personas mayores que yo, señoras entre los setenta y ochenta serían. A mi izquierda, el único hombre que al parecer era un nuevo novio y a mi derecha, mi mamá. Al ver el ambiente ya sabía que me quedaría un buen rato y que no iba a llegar al encuentro con Pati más tarde, era imposible. Y fue cuando desesperadamente quería comunicarme con ella, momento de estrés en el sueño que andaba tan relajado. No podía marcar, había cambiado de número, la tecnología era como de otra época. Es más, el celular era gris oscuro y no combinaba bien dentro del styling de mi sueño, un color muy muerto y sin gracia, que desentonaba para mal.
Luego, después de un buen rato estresada y angustiada por no poder hablar con ella para avisarle, sin razón aparente, me olvidé del tema, me olvidé de mi amiga y empecé a tomar vino. Me estaban sirviendo una copa y la vi tan grande que intuí que pesaba mucho. Entonces lo que hice es cargarla con mucha fuerza, pero no, era muy liviana, así que salió por los aires, bailando y moviéndose en cámara lenta. Yo, asombrada y sorprendida, lo único que quería era que al bajar y volver de su pequeño paseo, no se derrame, así que puse la cabeza y la cogí en el aire con el ojo. Sí, con el ojo, eso puede pasar en un sueño. Sonreí triunfante y miré a mi izquierda donde mi nuevo novio y tres señoras reían con cara de asombro. No se distinguen rostros en mi sueño. Solo yo me veo definida y una de las señoras.
Esta señora en particular era pequeña, pelo oscuro algo marrón rojizo lacio por debajo de las orejas, hizo un gesto muy especial, de ¡no lo puedo creer! Y me dio tanta risa que con la carcajada me desperté.
Es parte de la letra de una canción de Luz Casal. Sugiero busques ‘Un año de amor’ y seguramente verás el video de Bosé en un vestido de brillos y lentejuelas rojas cantando en la película ‘Tacones lejanos’. Y sí, eran inicios de los noventas, unos noventas jóvenes, radiantes, que con las manos abiertas entregaban felicidad por donde pasaban, la chispa de la vida como diría Coca-Cola en alguna de sus campañas.
Al escucharla y cantarla a todo pulmón, sufriendo, imaginando estar sola, abandonada y con esa mezcla de tristeza y rabia que lleva entre las manos una copa, siempre hay una copa en escena, me pregunto, ¿realmente se sufría?, pues no. La verdad que no. Era la magia de las canciones en esa época cuando las redes sociales no estaban ni en proyecto de procreación. Sufrías lo que no entendías. Drama. Amaba el drama. Pensaba si alguna vez me pasaría lo que pasaba en esas letras dolidas y ensombrecidas por el desamor.
Y no, nunca sufrí tanto, un poco sí, pero nunca tanto creería. Quizá nací para otro tipo de drama. Y es que también depende de cómo sea el fin de la relación, el duelo de ese momento. Y en qué momento de tu vida sucede. Depende, todo depende, como todo en esta vida.
Está la relación que termina solo por un lado. Y el otro lado es como que WTF. Qué pasó, todo estaba bien. Y nunca se enteró de nada esa otra ‘mitad’. ¿Qué sientes? que actuaron en todo momento, desde cuándo, ¿solo al final? Es muy probable que nunca te enteres, si te agarró por sorpresa, quién sabe cuánto tiempo de la relación fue sorpresa también.
Por otro lado, el lado oscuro, tenemos la traición. La maldad. La novela venezolana en los capítulos de mayor rating. Aquí intervienen las y los amantes, las estafas, los golpes, los hijos no reconocidos, las familias duplicadas. Terminar por una traición duele más o menos que una terminada sorpresa. Como bien dice Kundera en ‘La insoportable levedad del ser’, nunca sabrás cómo se siente en ambos lados porque nunca podrás experimentar los dos, o qué camino es mejor, porque no vas a poder compararlos, algo por ahí.
Y están las terminadas donde ambos saben que no va más y bueno lo que queda es cada uno vivir su vida. Claro que cuando hay hijos, lo de cada uno vivir su vida no es una realidad. En esta clasificación de ruptura donde los dos saben, hay además dos estilos, el light, donde todo cool, te deseo lo mejor, fue lindo lo que vivimos juntos, bye. Y el estilo más bold es cuando una de las partes quiere salvar la relación. Intenta, intenta y sigue intentando hasta que algo hace boom y no dá para más. Aquí sí, alguien sufre.
Por último, para este relato, porque seguramente habrán muchos más estilos de ruptura, está la muerte de una de las partes. Todo va bien hasta que la muerte te agarra de sorpresa, hasta que la muerte los separa. Ahí te das cuenta de que es totalmente cierto que todo tiene solución, menos la muerte. Y es como un amigo me dijo: Yo tengo alguna posibilidad por más mínima que sea de volver con mi ex. Por el simple hecho de que está viva. Tú, ninguna. Por el simple hecho de que no está en esta vida. Probablemente este estilo de ruptura tenga algo de relación con la primera, donde solo una de las partes sale del juego, sin una previa sospecha.
De vez en cuándo entran esas ganas de escuchar una playlist cortavenas y sufrir. ¿Por qué? Porque será que alguien deliberadamente quiera sufrir. Será porque la vida es así, no la he inventado yo.
Habían fines de semana que saltaban esas dudas por un momento y luego de disipaban.
Ubiquémonos en el tiempo, año más o menos 2005, entre jóvenes y adultos. Una edad que no sabes bien si ya ‘debes sentar cabeza’, estar casado o pensando en tener hijos o hacer lo que te venga en gana con tu vida. También estábamos quiénes simplemente vivíamos el momento sin pensar en ninguna opción aún.
Cada fin de semana religiosamente asistíamos a un bar para conversar y tomar unas cervezas. Luego del bar y antes de las tres de la mañana que los locales empezaban a restringir los ingresos, caminábamos unas cuadras hasta la discoteca para bailar sin parar hasta casi las seis.
La música iba entre los ochentas, noventas, con un estilo synth pop, new wave, indie. Muy buenos temas, buena mezcla. Un local oscuro como el feeling de su música y una barra no muy prometedora, donde pedir cerveza era lo más seguro.
Ya se sabía qué canción seguía o qué canción ponía a bailar a todos y a dar algunos grititos de emoción y cantar eufóricamente mirando a la cabina del DJ como si estuviéramos en un concierto. Otros bailaban con los parlantes y algunos mirando la pantalla de videos. Grandes noches.
En esa confusión de temas, conversaciones, luces en medio de la oscuridad, dos personas se reconocían, y empezaban a bailar uno cerca del otro. Al ritmo de la música se acercaban poco a poco, paso a paso, ritmo a ritmo, cantada a cantada hasta quedar uno frente al otro, como si hubiera existido la pregunta: ‘¿quieres bailar?’
Poco después ya estaban de la mano y bailando como si hubieran llegado juntos.
Así cada sábado. Novios Bailables, puede ser una nueva categoría y se resuelve el misterio del título.
Todos se sienten más emocionales en algún momento. Definitivamente no todos a la vez porque sería una desgracia. Una depresión que tocaría fondo, muy al fondo. Todo el mundo se oscurecería hasta que en algún momento todos volvamos a un nivel energético positivo.
Pero eso es una fantasía.
Lo up and downs son individuales, independientes. Vienen de a uno.
Paso por aquí solo para dejar frases de canciones que a mi me ‘tocan’, me causan algún efecto. Alguna sensación. Alguna emoción.
Estos días que están cómo ‘especiales’, no estoy segura si por algún planeta retrógrado, alineado o por simple gusto y gracia de la vida.
Pero previo a llegar a las frases de canciones, tengo ganas de contarles que vi la película con Ryan Goslin, Project Hail Mary que le hicieron fama de buenísima, la mejor de estos tiempos, que te saca todas las emociones. Debo confesar que más emociones me causó Barbie que esta película. Cero. Ni una risa. Ni una lágrima. Raro, pero es cuando te das cuenta, que no todos sentimos igual, claramente. Depende no solo de la persona, si no del día en qué estés.
Y también fui al teatro a ver El Túnel, una obra con música de los ochentas y noventas que sí generó más emociones, quizá por ser más cercana a mi realidad.
Ahora sí, vamos con las frases de canciones que a mi me causan algún efecto. Así la escuche hoy o cuando la escuché cinco, diez o veinte años atrás. Solo unas cuantas, porque deben haber muchísimas letras. Porque soy de las que prestan más atención a las letras que la música.
If you leave don’t look back, please don´t take me all away.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.
One day we gonna live in Paris, I promise.
And I told you to be patient
And I told you to be fine
But if you wait around a while I’ll make you fall for me
(I promise you)
I wish, I could just make you turn around
Turn around and see me cry
No habrá fiestas para mañana
Abandónate, abandónate
Como una hoja en el viento ¡viento!
How I wish
How I wish you were here
And I thank you
For bringing me here
For showing me home
Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
Carricoches de miga de pan, soldaditos de lata
Me ha pasado mi hora, ¿quién robó mis años?
Cambio toda esta familia por un segundo con vos
Buscando otro cuerpo, otra voz
Fui consumiendo infiernos
Para salir de vos
The wind in my hair makes me so aware
How good it is to live tonight
An older version of me Is she perverted like me? Would she go down on you in a theatre?
Estamos comiendo un Zambito (es un helado conocido en Lima) a unas cuadras de tu casa.
Ven
¡Voy!
Me escribe mi amiga. Vamos a Paracas tres días.
Una propuesta demasiado provocadora, quizá subida en inversión para pocos días.
¡Vamos!
Siempre comemos en los mismos sitios, rico, interesante, local bonito, pero probemos otra cosa.
¡Probemos!
Ya tomé un par pero me provoca un Negroni más.
Si quieres, puedes.
¡Qué pase el Negroni!
Qué dolor de pies y ya son casi las cinco de la mañana.
Qué buena canción ¿una más?
¡Cinco más por lo menos!
Todo el trámite de viajar para cuatro días. Cómo estará el clima. ¿Será muy caro?
¡Compra el pasaje!
Y así una cantidad de propuestas todas decentes hasta ahora que por ahí te sacan de tu zona de comfort solo un poco, nada exagerado, pero que hacen la diferencia cuando dices Yes I Do. Se siente buenísimo quedarse en casa en las noches viendo streaming, descansando, organizándote para el día siguiente, pero ¿todos los días?
Hoy un amigo me responde a una mini filosofada esta mañana, así:
“Eso refuerza lo que dice aquel sabio filósofo Bad Bunny “vamo a disfrutar, que nunca se sabe si nos queda poco”
No quiero tenerlas en un florero, que además me da trabajo de ponerle el agua, para que se mueran a los dos días.
Prefiero algo que dure más.
Un bolso.
Ropa.
Una gift card quizá.
También podemos ir a cenar, invítame a ese restaurante nuevo.
Confieso que yo también caí en esa tendencia y me dejé llevar por la onda de mujeres no tan sensibles que ya no se emocionaban por un ramo de flores.
Hasta ahora, que scrolleando en un momento zombie que no paraba de pasar reel tras reel, escucho a Drew Barrymore entrevistando a un chico que decía que las flores son para eso.
Están hechas para durar un momento.
Poco tiempo.
Y eso las hace especiales, eso hace especial el momento en el que te las regalan. Es solo disfrutar el momento en el que te llegan y las horas de vida que le quedan.
Ahora sí quiero recibir flores y darle atención a ese momento especial.
Puede haber un motivo como que ninguno y eso es mejor, que lleguen por puro gusto.
Ya no voy a pensar que van a morir pronto.
Voy a admirarlas, a ponerlas en el lugar que merecen.
Cuántos momentos igual que las flores se mueren antes de estar en unas manos, en un florero, en una mesa. Cuántas veces haces una historia en tu cabeza de lo que va a pasar y de lo que pudo pasar antes de vivir el momento.
Hay que hacer que pasen cosas.
Hay que vivirlas, disfrutarlas. Justo cuando están ahí, para nosotros.
Cuando recibas flores, no pienses en qué vas a hacer con ellas, no pienses que se van a morir, no pienses que mejor hubiera sido otro regalo, no pienses que son feas.
Mejor piensa en por qué te las dieron, por qué te las mereces, admíralas, ponlas en un florero y date cuenta como cambia todo el ambiente. Cómo cambias tú por lo lindo que se ve.