Hoy no era como todos los días. El sol quemaba más. Y solo cinco nubes, muy grandes y alegres cubrían todo el cielo de Cusco. Sentí algo especial, una intuición como de esas que ya no se tienen tanto. Positiva.
Ya eran las diez de la mañana cuando llegó el primer grupo del día. Y la tienda estaba en mes de apertura. 100% baby alpaca. Suave. Calidad de exportación.
-Jaime, hoy es un gran día.
Me dije mientras recibía a este grupo de turistas. Las puertas abiertas tanto como lo estaban mis brazos y mi sonrisa.
Ella fue la primera en entrar. Pequeña, delgada, pelo largo, ondeado color caramelo. Podía imaginar el olor a frutos secos de su pelo. Sus ojos, inmensos como una luna llena en cielo despejado. Me miraron. Y yo los miré como nunca había mirado a nadie en mi vida. Diciéndole que se quede conmigo, que vivamos en la montaña, lejos de la ciudad.
Y no sé si pudo leer lo que decían mis ojos, pero en ese momento se acercó a mi. Me preguntó por una pashmina. Colombiana. Me lo dijo su acento y esa voz que alborotaba todos mis sentidos.
-Esta me encanta. Le va perfecto a todo. Es tan suave. Seguro que me durará mucho tiempo.
Apoyé la pashmina sobre sus hombros y le dije que le quedaba perfecto.
La compró y se fue corriendo porque la dejaba el grupo. Salí a la puerta y en ese momento mientras la veía subir al bus, sonaba en el auto de al lado una canción de Joaquín Sabina. Esa letra, esa canción, ese momento jamás se me olvidó, así ya hayan pasado once años desde aquel encuentro.
´No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió’
Grande Joaquín.