Llegaba a casa, algo cansada de estar todo el día fuera. Me saco los zapatos, la ropa, para ponerme literalmente cómoda. Limpieza de rostro y toda la rutina de noche que haría toda mujer que sigue los cuidados que la vida a gritos y empujones le ha obligado a seguir religiosamente.
Miro mi teléfono para escuchar y leer los últimos mensajes antes de echarme a leer o escribir como ahora.
– Amiga mira, tú debes conocer esta marca y saber cuánto cuesta este saco.
– Pues así es, compré uno y está alrededor de los cien dólares, quizá alguito más. Pero es lindo. Es diferente. Amor a primera vista.
Y si te enamoras no vas a estar midiéndote en el precio. Así funciona.
Dicho esto, mi amiga y yo nos vimos envueltas en un ida y vuelta de mensajes que bordeaban lo filosófico. Salió todo un ‘Backrooms’, edición moda.
¿Qué pasó?
Llegamos a la conclusión que en Lima no había ropa buena, diferente y a precio decente. Probablemente nos falte buscar, caminar calles, entrar a todas las tiendas, olfatear hasta encontrar. El que busca encuentra, dicen.

Me quedé pensando y llegué a una triste conclusión. Que en realidad la ropa que uso es la que puedo usar, la que buenamente me ofrecen marcas como Zara, H&M, algunos viajes y tiendas que aparecen de buena fe, en algún momento. Como diría el gran José José: ‘Uno no es lo que quiere si no lo que puede ser’. Y mi poder adquisitivo ahora me dice que puedo ser una chica Zara, con sus variantes.
La ropa muy cool y creativa es muy cara y no es para comprar al día a día.
Y eso me llevó a pensar.
Eso es el mundo, eso es lo que vives. Traslada tu existencialismo de mediana costura a la vida en sus diferentes aristas y puedes encontrar semejanzas. La ‘vida’ te llevó a ese trabajo. La ‘vida’ te llevó a ese depa. La ‘vida’ te llevó a ese distrito. A ese chico. A esa amiga. A esa música. A ese vino. A tus hijos. A la falta de hijos. Al país dónde vives. La vida te lleva y te lleva y tú vas aceptando el paseo según tus posibilidades.
Sí claro, está la determinación, el libre albedrío y demás etcéteras. Pero creería que tienen un porcentaje muy pequeño de participación, por más que quieras creer y aparentar lo contrario.
Están los presidentes. Los primeros mundos. Los papás. El Instagram. El TikTok. Todos moldeándote de a poquitos. Poniéndote capas y máscaras.
Pregúntate ¿eres tú? ¿soy yo?
Es buen ejercicio.
Y cómo terminó la conversación con mi amiga.
-Qué vengan de una vez los extraterrestres y nos lleven.
-Exacto. Que vengan.