Se siente casi un alivio saber lo que quieres, que muchas veces viene en forma de saber lo que no quieres. A todos les debe pasar en algún momento de su vida. O quizá no. Hay una diferencia muy grande entre vivir la vida que deberías vivir y la que quieres vivir. A veces hasta una combinación de ambas, va muy bien.
El gran tema está, en qué hacer cuando lo descubres.
¿Cómo cambiar ese día a día que viene repitiéndose por miles de días por el qué quieres? ¿Cómo dejar lo que estás acostumbrado a hacer, a ver, a escribir, a hablar por acostumbrarte a hacer lo que quieres?
¿Cómo empezar a crear lo que está en tu mente?
Cuando camino por las calles, por el malecón, por los parques, cruzando puentes, cruzando distritos de día o de noche, todo se empieza a escribir en mi mente, lo que me gusta, lo que no me gusta, lo que acepto y no debería aceptar, lo que quiero escribir pronto, lo que quiero conseguir. Para mi caminar es como un activador de ideas, un coach, un terapeuta, un ‘amiga, date cuenta’.
Pero qué pasa una vez que tienes ese Got it!
Lo que sigue puede ser tan difícil como empezar la dieta, pero nunca imposible.
es muy probable que no sepas cuándo lo vas a estar y es porque no tienes cómo saberlo.
Hoy no estoy para hablar contigo.
Hoy no estoy para tener esta conversación.
Hoy no estoy para asistir a esa reunión.
Hoy no estoy para salir a cenar.
Hoy no estoy para salir a bailar.
Hoy no estoy para visitarte.
Hoy no estoy para escribirte.
Lo haré cuando esté listo.
Pero el problema es que puede que nunca lo estés, si no pruebas, si no haces, si no dices, si no caminas, si no corres, si no empiezas.
Si no empiezas.
Nunca se me hubiera ocurrido que la palabra empezar fuera tan importante. Es la única acción que te lleva a algo. Que te acerca a lo que quieres para que no se quede solo en un sueño, en una idea, en un concepto, en un que hubiera sido si.
Te pasa que alguna vez o muchas veces dices que nunca tienes tiempo para nada. Para nada. Piensa qué es ese nada, es justamente lo que te llena, lo que te gusta, ese nada es todo. Ese tiempo que no le das a lo que te gusta porque dices que no tienes un minuto en tu vida, te puede estar quitando algo importante, algo que te llena.
La próxima vez que pienses
hoy no estoy para eso
piensa que mañana puede que tampoco.
Todos tenemos algo para sanar
algo por solucionar
algo por olvidar
Pero si vas a esperar estar bien para hacer las cosas, podría pasar que sigas esperando.
Definitivamente me considero joven aunque matemáticamente algunos digan que soy una persona adulta. Y sea por la juventud, la no juventud, adultez cerebral o lo que fuera, hay una realidad de falta de memoria.
Podría ser atrevida y generalizar o decir que son ya muchas personas las que tienen una memoria frágil. Y hace poco leí que sentimos que el tiempo pasa más rápido, esto también tiene explicación y está relacionada a la memoria.
Antes y por antes me refiero a los años ochentas y los años noventas especialmente, se vivía más, las experiencias eran más relevantes, estaban mejor atendidas, les prestábamos la atención que merecían en ese momento. Voy a pensar en un ejemplo por si algunos en edad temprana me están leyendo.
Vayamos a los años 90, viviendo en Lima, Perú, trabajando en una agencia de publicidad, un fin de semana nos ibamos a Punta Hermosa, a la playa, a la casa que habíamos alquilado. Viernes, cinco de la tarde, empezaba el relajo.
-¡Suelten la línea uno!
Escuchabas gritar. Y es que sí, no te llamaban al smartphone, perdón, no te escribían. Te llamaban a un teléfono fijo, para salir, para tomar algo, para ver a qué hora nos encontrábamos para salir a comprar y luego a la carretera para ir a la playa. Ya luego de haber coordinado, salíamos a comprar, bien equipados, nos metíamos al auto que se pudiera y directo a Punta. Ya en la casa, a airear un poco el cuarto, una limpiadita, una arreglada y nos alistamos para recibir a los chicos para luego de unos drinks, ir a bailar a Parnaiba o algo por ahí. Quizá en la misma terraza de la casa, sacábamos el equipo de música (sí, el equipo, nada de parlante) y unos buenos discos variaditos.
No entraré en detalle, pero debo decir que me acuerdo de varias fiestas, varias conversaciones, varias noches con la emoción de esperar a que llegue el chico que me gustaba, para empezar a hablar de música, de The Doors, de la vida. Y sin monitorear con mensajes qué dónde estás, que a qué hora llegas, que qué vas a traer, que con quien vienes, que qué hacemos. Nada, simplemente llegaba y que la noche nos sorprenda, relax. A lo Mr. Mojo Risin’.
Hoy es un poco distinto, al menos en lo que me toca vivir a mi.
Quedas en salir semanas antes, separas fecha, anotas para no olvidarte y no quedar con varias personas a la vez. Llega el día, digamos de ir a un bar, una fiesta. A qué hora, dónde nos encontramos, qué llevamos. Quién irá. Quién no. Y probablemente no recuerde qué hablé al detalle o qué baile, y no solo por efecto de los negronis, es por estar entre viendo el celular, escribiendo, por ahí te muestran algo que está pasando en Instagram, mira aquí, mira allá. No lo sé, pero muchos estímulos, muchos temas para atender. Y la emoción no es la misma que concentrarte en un solo evento o en dos a lo mucho.
Hablo un poco en general y estoy siendo mala gente con algunas salidas actuales como las ‘fiestas Estigma’ que son algo especial porque vamos con amigas a bailar lo que nos gusta y básicamente prestamos atención a bailar y no a mucho más, un negroni, una Stella a lo mucho. Bajarle los to do’s a la noche está bueno. Ayuda a que la memoria no sea frágil y acumule más recuerdos placenteros.
Al inicio hablaba de hoy, de los tiempos de ahora, que se olvidan las cosas más fácilmente y que no existe la buena memoria. Y mencionaba también lo que leí. Básicamente y en fácil, es que con lo digital hacemos tantas cosas a la vez que sin darnos cuenta no le prestamos la atención necesaria a una acción en especial. Y a eso súmale la edad frente a los noventas, donde posiblemente ahora tengas mayores responsabilidades, preocupaciones, personas que atender, que mantener.
El cerebro se está acostumbrando a esa velocidad, a interactuar con estímulos rápidos y varios a la vez, a vivir rápido, a tener todo inmediato, a desesperarse si no te contestan, si no te mantienen al tanto, si no llega el delivery, si no carga pronto una página web. Y eso ha hecho que la vida cambie, que la memoria cambie, porque el cerebro actúa distinto.
Hace poco salí a caminar con mi mejor amiga que nos conocemos la vida y al despedirnos, ella se iba a la derecha y yo a la izquierda. Al segundo las dos recordamos cuando hacíamos lo mismo pero teníamos quince años y estábamos horas en la calle sin celular, sin presiones, sin saber qué iba a pasar porque no teníamos un aparatito que nos decía que estaba pasando a esa misma hora pero unos metros, unos kilómetros más lejos. Vivíamos solo el momento y el ver de no pasarnos la hora para volver a casa y no nos den por muertas o secuestradas.
Esa memoria de cuando teníamos quince años quedó ahí, en nuestro cerebro y se activó cuando recreamos la misma situación sin darnos cuenta. La culpa no es de la tecnología, es de cómo la lleves en tu vida.
Es domingo y empecé a escribir mientras desayunaba café, huevos con jamón y queso en un plato sobre un individual de tela de rayas grises y blancas con algunas manchas típicas de guardado, en tres años desde que me los regalaron, los habré usado, dos, ¿tres veces? Y pensé en todas las cosas que tengo para usar algún día. Tazas, platos, blocks de notas, libros por leer, maquillaje por usar, ropa por estrenar. Pensé en todos los restaurantes por conocer, los platos por probar, las recetas por preparar. Algún día lo haré, algún día vamos. Recordé a los amigos por ver, por conversar. Algún día tomamos un vino, un café, nos reunimos, cuadramos agenda.
Sentada en el sofá, escribiendo, miro frente a mi y veo algunos vinilos que algún día escucharé. Veo alrededor los cuadros que algún día colgaré. Pienso en los viajes que algún día haré. Y pienso en él, pienso en ti baby, como todos los días, pero hoy especialmente pienso en todas las cosas que algún día íbamos a hacer y se quedaron ahí. Se quedaron como dice Sabina, donde habita el olvido. Se quedaron en visto. Y es que te fuiste tan pronto, tan rápido, tan inesperadamente, que no nos dio tiempo el cumplir el ‘juntos hasta viejitos’ con tu cocker también viejo sentados en alguna terraza, pero si así estaba destinado a ser, está bien y estoy bien sabiendo que tú lo estás.
Algún día las cosas cambiarán, las personas se irán, tu cuerpo hablará, tu mente entenderá. Y si ahora, en este momento, el destino se las ingenió para que tú leas estas líneas y no las dejaste para algún día, aprovecha el momento y empieza a hacer, ponle fecha, cambia tres capítulos de una serie por una copa de vino con tu amigo, con tu amiga. Cambia una hora más en la cama, por una hora en la calle, cambia ese algún día por hoy.
Unos cuantos cuandos ¿no le hacen mal a nadie? U never know…
Cuando pague mi tarjeta de crédito viajamos todos.
Cuando tenga más plata arreglamos la casa.
Cuando baje 3 kilos empiezo a usarlo.
Cuando baje el trabajo nos vamos de viaje.
Cuando vayamos a un bar bonito me lo pongo.
Cuando aprueben el proyecto conversamos.
Cuando salga temprano del trabajo nos vemos.
Cuando esté cerca de tu casa te paso la voz.
Cuando baje mis deudas nos mudamos.
Cuando llegue fin de mes lo compramos.
Cuando puedas avísame.
Cuando puedan todos nos reunímos.
Cuando no esté cansada salimos.
Cuando me hable le digo.
Cuando salga el sol arreglamos la terraza.
Cuando haga frío vamos a salir menos.
Cuando me quede sola sigo leyendo mi libro.
Cuando sea mayor me voy unos meses a Europa.
Cuando nadie me moleste vuelvo a escribir.
Y así nos podemos pasar la vida de cuando en cuando. Me pasa. Me ha pasado y me seguirá pasando seguramente. Pero ya ven ahora, como estamos sin hacer planes, sin saber cuándo vamos a poder hacer algún plan. En una cuarentena donde felizmente la gente cercana a mi está bien. Está bien y además podemos ayudar a los que no tanto. Ese es un privilegio que hay que agradecer cada día.
Pero qué hacemos con tanto ‘cuando’ que ya pasó por nuestra vida. Tantos cuandos que segurmente me han hecho perder experiencias, amigos, amores, oportunidades. Ya nunca lo sabré. Nunca sabré que hubiera pasado si ese cuando lo hubiera hecho en el momento. Y ya fue. Ya no importa.
Pero empieza a importar lo que viene después de esta nueva y única experiencia llamada coronavirus. Porque ya nos puso la vida en la cara que en cualquier momento cambia todo. Y para todos.
Nadie dice que ahora iré por la vida diciéndole a todo el mundo lo que nunca dije y haciendo todo lo que quiero, lo que no hice y comprando lo que me da la gana, pero sí viviré más el día a día, haré un mejor equilibrio de las cosas. Me esforzaré por dar un poco más para lograr más y mejores respuestas, nuevos resultados, nuevas experiencias.