Es domingo y empecé a escribir mientras desayunaba café, huevos con jamón y queso en un plato sobre un individual de tela de rayas grises y blancas con algunas manchas típicas de guardado, en tres años desde que me los regalaron, los habré usado, dos, ¿tres veces? Y pensé en todas las cosas que tengo para usar algún día. Tazas, platos, blocks de notas, libros por leer, maquillaje por usar, ropa por estrenar. Pensé en todos los restaurantes por conocer, los platos por probar, las recetas por preparar. Algún día lo haré, algún día vamos. Recordé a los amigos por ver, por conversar. Algún día tomamos un vino, un café, nos reunimos, cuadramos agenda.

Sentada en el sofá, escribiendo, miro frente a mi y veo algunos vinilos que algún día escucharé. Veo alrededor los cuadros que algún día colgaré. Pienso en los viajes que algún día haré. Y pienso en él, pienso en ti baby, como todos los días, pero hoy especialmente pienso en todas las cosas que algún día íbamos a hacer y se quedaron ahí. Se quedaron como dice Sabina, donde habita el olvido. Se quedaron en visto. Y es que te fuiste tan pronto, tan rápido, tan inesperadamente, que no nos dio tiempo el cumplir el ‘juntos hasta viejitos’ con tu cocker también viejo sentados en alguna terraza, pero si así estaba destinado a ser, está bien y estoy bien sabiendo que tú lo estás.

Algún día las cosas cambiarán, las personas se irán, tu cuerpo hablará, tu mente entenderá. Y si ahora, en este momento, el destino se las ingenió para que tú leas estas líneas y no las dejaste para algún día, aprovecha el momento y empieza a hacer, ponle fecha, cambia tres capítulos de una serie por una copa de vino con tu amigo, con tu amiga. Cambia una hora más en la cama, por una hora en la calle, cambia ese algún día por hoy.
