Veía tele en la cama, en mi cuarto y me escriben.
Estamos comiendo un Zambito (es un helado conocido en Lima) a unas cuadras de tu casa.
Ven
¡Voy!
Me escribe mi amiga. Vamos a Paracas tres días.
Una propuesta demasiado provocadora, quizá subida en inversión para pocos días.
¡Vamos!
Siempre comemos en los mismos sitios, rico, interesante, local bonito, pero probemos otra cosa.
¡Probemos!
Ya tomé un par pero me provoca un Negroni más.
Si quieres, puedes.
¡Qué pase el Negroni!
Qué dolor de pies y ya son casi las cinco de la mañana.
Qué buena canción ¿una más?
¡Cinco más por lo menos!
Todo el trámite de viajar para cuatro días. Cómo estará el clima. ¿Será muy caro?
¡Compra el pasaje!
Y así una cantidad de propuestas todas decentes hasta ahora que por ahí te sacan de tu zona de comfort solo un poco, nada exagerado, pero que hacen la diferencia cuando dices Yes I Do. Se siente buenísimo quedarse en casa en las noches viendo streaming, descansando, organizándote para el día siguiente, pero ¿todos los días?
Hoy un amigo me responde a una mini filosofada esta mañana, así:
“Eso refuerza lo que dice aquel sabio filósofo Bad Bunny “vamo a disfrutar, que nunca se sabe si nos queda poco”
Burla o no. Su razón tiene.
