Lo nuestro se acabó

Y te arrepentirás

de haberle puesto fin

a un año de amor

si ahora tú te vaaaaaaas

Es parte de la letra de una canción de Luz Casal. Sugiero busques ‘Un año de amor’ y seguramente verás el video de Bosé en un vestido de brillos y lentejuelas rojas cantando en la película ‘Tacones lejanos’. Y sí, eran inicios de los noventas, unos noventas jóvenes, radiantes, que con las manos abiertas entregaban felicidad por donde pasaban, la chispa de la vida como diría Coca-Cola en alguna de sus campañas.

Al escucharla y cantarla a todo pulmón, sufriendo, imaginando estar sola, abandonada y con esa mezcla de tristeza y rabia que lleva entre las manos una copa, siempre hay una copa en escena, me pregunto, ¿realmente se sufría?, pues no. La verdad que no. Era la magia de las canciones en esa época cuando las redes sociales no estaban ni en proyecto de procreación. Sufrías lo que no entendías. Drama. Amaba el drama. Pensaba si alguna vez me pasaría lo que pasaba en esas letras dolidas y ensombrecidas por el desamor.

Y no, nunca sufrí tanto, un poco sí, pero nunca tanto creería. Quizá nací para otro tipo de drama. Y es que también depende de cómo sea el fin de la relación, el duelo de ese momento. Y en qué momento de tu vida sucede. Depende, todo depende, como todo en esta vida.

Está la relación que termina solo por un lado. Y el otro lado es como que WTF. Qué pasó, todo estaba bien. Y nunca se enteró de nada esa otra ‘mitad’. ¿Qué sientes? que actuaron en todo momento, desde cuándo, ¿solo al final? Es muy probable que nunca te enteres, si te agarró por sorpresa, quién sabe cuánto tiempo de la relación fue sorpresa también.

Por otro lado, el lado oscuro, tenemos la traición. La maldad. La novela venezolana en los capítulos de mayor rating. Aquí intervienen las y los amantes, las estafas, los golpes, los hijos no reconocidos, las familias duplicadas. Terminar por una traición duele más o menos que una terminada sorpresa. Como bien dice Kundera en ‘La insoportable levedad del ser’, nunca sabrás cómo se siente en ambos lados porque nunca podrás experimentar los dos, o qué camino es mejor, porque no vas a poder compararlos, algo por ahí.

Y están las terminadas donde ambos saben que no va más y bueno lo que queda es cada uno vivir su vida. Claro que cuando hay hijos, lo de cada uno vivir su vida no es una realidad. En esta clasificación de ruptura donde los dos saben, hay además dos estilos, el light, donde todo cool, te deseo lo mejor, fue lindo lo que vivimos juntos, bye. Y el estilo más bold es cuando una de las partes quiere salvar la relación. Intenta, intenta y sigue intentando hasta que algo hace boom y no dá para más. Aquí sí, alguien sufre.

Por último, para este relato, porque seguramente habrán muchos más estilos de ruptura, está la muerte de una de las partes. Todo va bien hasta que la muerte te agarra de sorpresa, hasta que la muerte los separa. Ahí te das cuenta de que es totalmente cierto que todo tiene solución, menos la muerte. Y es como un amigo me dijo: Yo tengo alguna posibilidad por más mínima que sea de volver con mi ex. Por el simple hecho de que está viva. Tú, ninguna. Por el simple hecho de que no está en esta vida. Probablemente este estilo de ruptura tenga algo de relación con la primera, donde solo una de las partes sale del juego, sin una previa sospecha.

De vez en cuándo entran esas ganas de escuchar una playlist cortavenas y sufrir. ¿Por qué? Porque será que alguien deliberadamente quiera sufrir. Será porque la vida es así, no la he inventado yo.

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Lo nuestro se acabó

Bailamos o somos novios

Habían fines de semana que saltaban esas dudas por un momento y luego de disipaban. 

Ubiquémonos en el tiempo, año más o menos 2005, entre jóvenes y adultos. Una edad que no sabes bien si ya ‘debes sentar cabeza’, estar casado o pensando en tener hijos o hacer lo que te venga en gana con tu vida. También estábamos quiénes simplemente vivíamos el momento sin pensar en ninguna opción aún.

Cada fin de semana religiosamente asistíamos a un bar para conversar y tomar unas cervezas. Luego del bar y antes de las tres de la mañana que los locales empezaban a restringir los ingresos, caminábamos unas cuadras hasta la discoteca para bailar sin parar hasta casi las seis.

La música iba entre los ochentas, noventas, con un estilo synth pop, new wave, indie. Muy buenos temas, buena mezcla. Un local oscuro como el feeling de su música y una barra no muy prometedora, donde pedir cerveza era lo más seguro.

Ya se sabía qué canción seguía o qué canción ponía a bailar a todos y a dar algunos grititos de emoción y cantar eufóricamente mirando a la cabina del DJ como si estuviéramos en un concierto. Otros bailaban con los parlantes y algunos mirando la pantalla de videos. Grandes noches.

En esa confusión de temas, conversaciones, luces en medio de la oscuridad, dos personas se reconocían, y empezaban a bailar uno cerca del otro. Al ritmo de la música se acercaban poco a poco, paso a paso, ritmo a ritmo, cantada a cantada hasta quedar uno frente al otro, como si hubiera existido la pregunta: ‘¿quieres bailar?’

Poco después ya estaban de la mano y bailando como si hubieran llegado juntos.

Así cada sábado. Novios Bailables, puede ser una nueva categoría y se resuelve el misterio del título.

Bailamos o somos novios

Hello Emotions.

Todos se sienten más emocionales en algún momento. Definitivamente no todos a la vez porque sería una desgracia. Una depresión que tocaría fondo, muy al fondo. Todo el mundo se oscurecería hasta que en algún momento todos volvamos a un nivel energético positivo.

Pero eso es una fantasía.

Lo up and downs son individuales, independientes. Vienen de a uno.

Paso por aquí solo para dejar frases de canciones que a mi me ‘tocan’, me causan algún efecto. Alguna sensación. Alguna emoción.

Estos días que están cómo ‘especiales’, no estoy segura si por algún planeta retrógrado, alineado o por simple gusto y gracia de la vida.

Pero previo a llegar a las frases de canciones, tengo ganas de contarles que vi la película con Ryan Goslin, Project Hail Mary que le hicieron fama de buenísima, la mejor de estos tiempos, que te saca todas las emociones. Debo confesar que más emociones me causó Barbie que esta película. Cero. Ni una risa. Ni una lágrima. Raro, pero es cuando te das cuenta, que no todos sentimos igual, claramente. Depende no solo de la persona, si no del día en qué estés.

Y también fui al teatro a ver El Túnel, una obra con música de los ochentas y noventas que sí generó más emociones, quizá por ser más cercana a mi realidad.

Ahora sí, vamos con las frases de canciones que a mi me causan algún efecto. Así la escuche hoy o cuando la escuché cinco, diez o veinte años atrás. Solo unas cuantas, porque deben haber muchísimas letras. Porque soy de las que prestan más atención a las letras que la música.

If you leave don’t look back, please don´t take me all away.

No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.

One day we gonna live in Paris, I promise.

And I told you to be patient

And I told you to be fine

But if you wait around a while I’ll make you fall for me

(I promise you)

I wish, I could just make you turn around

Turn around and see me cry

No habrá fiestas para mañana

Abandónate, abandónate

Como una hoja en el viento ¡viento!

How I wish

How I wish you were here

And I thank you

For bringing me here

For showing me home

Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte

Carricoches de miga de pan, soldaditos de lata

Me ha pasado mi hora, ¿quién robó mis años?

Cambio toda esta familia por un segundo con vos

Buscando otro cuerpo, otra voz

Fui consumiendo infiernos

Para salir de vos

The wind in my hair makes me so aware

How good it is to live tonight

An older version of me
Is she perverted like me?
Would she go down on you in a theatre?


Como aquel entonces

Tan solo era un niño

Y en esa pobreza

Que feliz yo era

Hello Emotions.

Yes I do.

Veía tele en la cama, en mi cuarto y me escriben.

Estamos comiendo un Zambito (es un helado conocido en Lima) a unas cuadras de tu casa.

Ven

¡Voy!

Me escribe mi amiga. Vamos a Paracas tres días.

Una propuesta demasiado provocadora, quizá subida en inversión para pocos días.

¡Vamos!

Siempre comemos en los mismos sitios, rico, interesante, local bonito, pero probemos otra cosa.

¡Probemos!

Ya tomé un par pero me provoca un Negroni más.

Si quieres, puedes.

¡Qué pase el Negroni!

Qué dolor de pies y ya son casi las cinco de la mañana.

Qué buena canción ¿una más?

¡Cinco más por lo menos!

Todo el trámite de viajar para cuatro días. Cómo estará el clima. ¿Será muy caro?

¡Compra el pasaje!

Y así una cantidad de propuestas todas decentes hasta ahora que por ahí te sacan de tu zona de comfort solo un poco, nada exagerado, pero que hacen la diferencia cuando dices Yes I Do. Se siente buenísimo quedarse en casa en las noches viendo streaming, descansando, organizándote para el día siguiente, pero ¿todos los días?

Hoy un amigo me responde a una mini filosofada esta mañana, así:

“Eso refuerza lo que dice aquel sabio filósofo Bad Bunny “vamo a disfrutar, que nunca se sabe si nos queda poco”

Burla o no. Su razón tiene.

Yes I do.

Yo sí quiero flores

Últimamente escucho mucho que para qué flores.

Para qué me van a regalar flores.

No quiero.

No quiero tenerlas en un florero, que además me da trabajo de ponerle el agua, para que se mueran a los dos días.

Prefiero algo que dure más.

Un bolso.

Ropa.

Una gift card quizá.

También podemos ir a cenar, invítame a ese restaurante nuevo.

Confieso que yo también caí en esa tendencia y me dejé llevar por la onda de mujeres no tan sensibles que ya no se emocionaban por un ramo de flores.

Hasta ahora, que scrolleando en un momento zombie que no paraba de pasar reel tras reel, escucho a Drew Barrymore entrevistando a un chico que decía que las flores son para eso.

Están hechas para durar un momento.

Poco tiempo.

Y eso las hace especiales, eso hace especial el momento en el que te las regalan. Es solo disfrutar el momento en el que te llegan y las horas de vida que le quedan.

Ahora sí quiero recibir flores y darle atención a ese momento especial.

Puede haber un motivo como que ninguno y eso es mejor, que lleguen por puro gusto.

Ya no voy a pensar que van a morir pronto.

Voy a admirarlas, a ponerlas en el lugar que merecen.

Cuántos momentos igual que las flores se mueren antes de estar en unas manos, en un florero, en una mesa. Cuántas veces haces una historia en tu cabeza de lo que va a pasar y de lo que pudo pasar antes de vivir el momento. 

Hay que hacer que pasen cosas.

Hay que vivirlas, disfrutarlas. Justo cuando están ahí, para nosotros.

Cuando recibas flores, no pienses en qué vas a hacer con ellas, no pienses que se van a morir, no pienses que mejor hubiera sido otro regalo, no pienses que son feas.

Mejor piensa en por qué te las dieron, por qué te las mereces, admíralas, ponlas en un florero y date cuenta como cambia todo el ambiente. Cómo cambias tú por lo lindo que se ve.

Recibe las flores.

Vive el momento.

Yo sí quiero flores

Define Amistad.

Hay varios estilos de amigos.
Nunca lo había analizado así tan racional. Como un menú de amigos. Como una carta de tu restaurante favorito.

Puedes elegir con quien hablar de negocios. Con quien salir a probar nuevos restaurantes, sobre todo aquí en Lima que abren un restaurante a la semana. Estoy exagerando quizá pero casi.

Amigos para bailar y beber.
Amigos para filosofar y dramatizar.
Amigos para reírte solo con mirarse.
Amigos para viajar.
Amigos para ponerte al día con podcast de audios interminables para sacar conclusiones de vida.
Amigos para conciertos.
Amigos para shopping.
Amigos fitness.
Amigos para compartir reels.
Amigos para renegar de la vida.

Amigos mix and match que van bien para todo lo anterior enfatizando en algunos temas y categorías. Definitivamente cada uno tiene especialidades y maestrías donde destacar.

Y todo este análisis semi exhaustivo del tipo de amistades, nace de una conversación con un amigo que no tengo claro ahora en qué categoría o categorías posicionarlo pero es algo parecido a mi asesor personal también y fan de los vinos. Hablábamos de algo que es mejor hablar con cierto estilo de amistades y de ahí surgió el concepto de haber un amigo para cada tema.

Y además, días después tuve la suerte (casi no llego) de ir a una reunión con un compañero de escuela que estudiamos juntos desde cuarto de primaria, unos cuatro cinco años, luego se fue a otro país. Pocos años y tantos a la vez. Equis cantidad de años significa mucho o poco dependiendo la etapa de vida y edad en la que estés.

Llego a esa reunión y ahí estaba él.
Sin vernos desde hace treinta y ocho años. Wow. Muchos años realmente.
Y suena a frase cliché pero realmente parecía que nos habíamos visto el día anterior.
La misma confianza. Cariño auténtico. Conexión inmediata.
Y analizando el tema. Ese tipo de conexiones libres de interferencia yo creo se logran además de tener una buena energía de ambas partes es también cuando te conociste, en este caso de niños, cuando no había mucha contaminación mental.

Hoy que existen más estilos de comunicación, hay amigos con los que dividimos (hablo en plural porque creería que la mayoría hace lo mismo) _ dividimos las conversaciones según el medio de contacto: WhatsApp, correo, Instagram.
Y en los mismos treinta minutos podemos hablar con la misma persona diferentes temas por los diferentes medios.

Yo tengo pocos amigos y los temas los dividimos según el medio de contacto. Así que al final son muchos amigos.

Define Amistad.

Literal, es tu vida.

Alguna vez te dijeron 

-Es tu vida haz lo que te dé la gana.

-Haz de tu vida lo que quieras. 

-Total, es tu vida. Haz lo que quieras. 

Y todo eso sonaba a despectivo, a amenaza, a sarcasmo puro y duro. 

Pero es así, es tu vida.

Parece obvio, pero yo siento que recién me doy cuenta lo que significa ser dueño de una vida. Es como dejar de vivir en automático.

A veces hasta (creo) me doy cuenta de cómo viven los demás y lo veo como algo en paralelo, ya no como parte de mi vida. 

Me explico mejor. 

Cuando alguien que conozco hace, dice, deja de decir – pienso en esa acción por un momento y entiendo que es parte de la vida de esa persona, no de la mia.

Me sigo explicando mejor.

Hace dos años mueren mi papá y mi novio con un mes y días de diferencia.

Alguien me dice: ‘Que terrible, que mala suerte, los dos tan cerca’

Yo nunca lo había tomado así, hasta que lo mencionaron.

Alguien me dice que me cambie de ropa porque esas dos texturas no combinan.

Para mi estaba re cool.

Alguien presta más atención a sus mensajes que a lo que le estoy hablando.

La próxima elijo mejor qué hablarle o con quien hablar.

Alguien me reclama una atención que nunca le di.

No tengo nada que hacer ahí.

Alguien cree tener la razón siempre.

Si no me va a escuchar, le digo lo que quiere oir.

La realidad es la que tú ves.

Y tú creas esa realidad. Creas lo que sientes. Creas tus propias emociones.

Un mismo evento es distinto para todos.

Un mismo concierto lo siente distinto cada asistente.

Un cebiche. Un Negroni. Un vino.

Nada es igual para dos personas.

Es tu vida.

Vívela como tú quieres.

Compártela con quién quieras.

Y no jodas a los demás.

Literal, es tu vida.

I don’t care if Monday is blue

And I don’t know if I should care or should I stay or should I go.
Entre The Clash y The Cure me queda más que claro que hace poco pasó un lunes por aquí,
como todas las semanas de esta vida.

Y fue un lunes blue para mí.

Nada drama, pero blue. Después de un fin de semana bueno, relajado, soleado, bailado, bien comido y bebido, aire libre, cielo despejado. Todo lo bueno entre un viernes y un domingo por la noche.
Muchos privilegios que hay que saber vivirlos.

Y quizá son esos días buenos que te dan una bofetada y, de alguna manera, te hacen acordar que también hay días malos y que la verdad ni siquiera son malos, son parte de lo que se vive y se goza, como dicen los salseros o al menos eso creo que dicen.

Finalmente, el punto es que hubo un bajón en mi mente y en mi corazón —quizá más en mi mente, debo confesar— y mientras navegaba por esas aguas turbias cantaba para mí: I don’t care if Monday’s blue Tuesday’s grey and Wednesday too…

Y pensé… qué lindo sería que la vida funcionara como un disco:
poder elegir entre lado A y lado B, cambiar cuando quisieras.
Que si quieres bailar, bailas.
Que si quieres relajarte, cambias el ritmo.
Que si necesitas parar… simplemente pones pausa.

Ese Blue Monday, todo me pedía pausa.

Me imaginaba lo buenísimo que sería parar, el lujo que eso implica en este estilo de vida que vengo llevando.
Pero no se puede.
Yo no puedo.
Puedo a veces, pocas horas.
La vida sigue.
El trabajo sigue.
El tiempo sigue.

Y entonces pensé algo más:
que no habría un solo soundtrack para mi vida como en las películas.
Cada momento, cada hora, tendría su propio soundtrack.
Su propio disco.
No todo sonaría igual.
No todo tendría que sentirse igual.

Me pregunto también si le daré cabida a algunos géneros musicales que ahora están algo alejados.
Me pregunto si bailaré más sola. Más acompañada. Más pasos del robot.

Me pregunto si en algún momento pararé de bailar.

Lo más probable es que la vida sea como esos variaditos que grababa en los ochentas y noventas y que tenían de todo. Como en bodega. De todo.

Conclusión, la vida es una bodega que solo cierra una vez y para siempre, con sus blue monday incluidos.

I don’t care if Monday is blue

La buena vibra

‘Buenas vibras’ suena cliché y en mi mente aparece la imagen de un surfer limeño. Cliché o prejuicio, no lo sé, pero fue lo primero que visualicé. Pero últimamente tengo más claro y más presente que las buenas vibras, la buena energía, eso que sientes sin saber por qué, esa buena onda que con solo mirar a alguien sabes que está ahí, que existe. Es real.

Hace unos días en una conversación por whatsapp que aunque medio difícil, no es imposible conversar por ahí. Creo nos estamos volviendo un poco expertos en descifrar emociones solo escribiendo por chat, qué miedo.

Pero volviendo al tema de esa conversación, es esta frase que resalto del chat:

“…cuando se comparten buenas ideas entre gente buena … algo sale. Aunque sea por buena energía…”

Y me gustó porque es verdad.

En una Lima que como dijo Bryce Echenique:

“En Lima la gente no muere de hambre, se muere de envidia”

En una Lima que siguiendo esa línea, a veces puede ser difícil encontrar una persona buena onda, buena vibra, buena energía, buena, simplemente buena de verdad.

Y cuando la encuentras la vida fluye, las conversaciones fluyen, la confianza fluye, las risas, la joda. Al final es lo que se busca de una relación, que las energías se entiendan y se complementen como el churro y el manjar, qué rico.

Ese mismo día que parece que mis contactos estaban inspirados, llegamos a la conclusión con una amiga (sí, también por whatsapp): Que qué importante es una voz tranquila, que te hable con ideas claras, así sea algo inclusive no tan relevante para ti, pero escucharla te calma , te hace prestar atención. Eso también es buena energía.

No es novedad que los buenos oradores se dejan escuchar mientras que los estresados, quejones, amargados, gritones, no se dejan escuchar tanto.

Y bueno, encuentren su persona buena vibra, sus personas buenas vibras y manténgalas cerca. Y ustedes también séanlo. No siempre se puede, pero vale la pena intentar, la vida avanza rapidito y es mejor ir bien acompañados.

Buena vibra a tutti

La buena vibra

Homeless

Tienes dónde vivir, dónde llegar. Dónde llamar, dónde comer.

Tienes una oficina donde vas a diario. Amigos a quienes escribir, hablar, salir.

Tienes personas que te extrañan.

Y ni te enteras.

Tienes café todas las mañanas.

Hay personas que miran la misma luna que tú.

Hay personas que miran la misma luna que tú

Y que además piensan en ti mientras la miran.

Hay quienes sienten tu energía.

Hay quienes quieren verte y te ven.

Hay quienes quieren verte y no se atreven a intentar.

Y aún así sientes que algo te falta. Que alguien te falta.

No te ubicas y no importa. No esta mal ser homeless mientras encuentras tu propio hogar.

Lo más probable es que la vida te está preparando la cancha, te está construyendo un apartamento que por ahora está en planos. ¿Un consejo? no lo compres en planos, no te banques una sorpresa, sigue sintiendo que no tienes donde ir, que estás como en el medio de todo y de nada a la vez.

Y espera.

En ese mundo paralelo, espera que se siga construyendo.

Y cuando esté listo, lo vas a encontrar hasta decorado a tu gusto.

Y no estoy hablando de apartamentos.

Homeless