¿Te acuerdas o no?

Definitivamente me considero joven aunque matemáticamente algunos digan que soy una persona adulta. Y sea por la juventud, la no juventud, adultez cerebral o lo que fuera, hay una realidad de falta de memoria.

Podría ser atrevida y generalizar o decir que son ya muchas personas las que tienen una memoria frágil. Y hace poco leí que sentimos que el tiempo pasa más rápido, esto también tiene explicación y está relacionada a la memoria.

Antes y por antes me refiero a los años ochentas y los años noventas especialmente, se vivía más, las experiencias eran más relevantes, estaban mejor atendidas, les prestábamos la atención que merecían en ese momento. Voy a pensar en un ejemplo por si algunos en edad temprana me están leyendo.

Vayamos a los años 90, viviendo en Lima, Perú, trabajando en una agencia de publicidad, un fin de semana nos ibamos a Punta Hermosa, a la playa, a la casa que habíamos alquilado. Viernes, cinco de la tarde, empezaba el relajo.

-¡Suelten la línea uno!

Escuchabas gritar. Y es que sí, no te llamaban al smartphone, perdón, no te escribían. Te llamaban a un teléfono fijo, para salir, para tomar algo, para ver a qué hora nos encontrábamos para salir a comprar y luego a la carretera para ir a la playa. Ya luego de haber coordinado, salíamos a comprar, bien equipados, nos metíamos al auto que se pudiera y directo a Punta. Ya en la casa, a airear un poco el cuarto, una limpiadita, una arreglada y nos alistamos para recibir a los chicos para luego de unos drinks, ir a bailar a Parnaiba o algo por ahí. Quizá en la misma terraza de la casa, sacábamos el equipo de música (sí, el equipo, nada de parlante) y unos buenos discos variaditos.

No entraré en detalle, pero debo decir que me acuerdo de varias fiestas, varias conversaciones, varias noches con la emoción de esperar a que llegue el chico que me gustaba, para empezar a hablar de música, de The Doors, de la vida. Y sin monitorear con mensajes qué dónde estás, que a qué hora llegas, que qué vas a traer, que con quien vienes, que qué hacemos. Nada, simplemente llegaba y que la noche nos sorprenda, relax. A lo Mr. Mojo Risin’.

Hoy es un poco distinto, al menos en lo que me toca vivir a mi.

Quedas en salir semanas antes, separas fecha, anotas para no olvidarte y no quedar con varias personas a la vez. Llega el día, digamos de ir a un bar, una fiesta. A qué hora, dónde nos encontramos, qué llevamos. Quién irá. Quién no. Y probablemente no recuerde qué hablé al detalle o qué baile, y no solo por efecto de los negronis, es por estar entre viendo el celular, escribiendo, por ahí te muestran algo que está pasando en Instagram, mira aquí, mira allá. No lo sé, pero muchos estímulos, muchos temas para atender. Y la emoción no es la misma que concentrarte en un solo evento o en dos a lo mucho.

Hablo un poco en general y estoy siendo mala gente con algunas salidas actuales como las ‘fiestas Estigma’ que son algo especial porque vamos con amigas a bailar lo que nos gusta y básicamente prestamos atención a bailar y no a mucho más, un negroni, una Stella a lo mucho. Bajarle los to do’s a la noche está bueno. Ayuda a que la memoria no sea frágil y acumule más recuerdos placenteros.

Al inicio hablaba de hoy, de los tiempos de ahora, que se olvidan las cosas más fácilmente y que no existe la buena memoria. Y mencionaba también lo que leí. Básicamente y en fácil, es que con lo digital hacemos tantas cosas a la vez que sin darnos cuenta no le prestamos la atención necesaria a una acción en especial. Y a eso súmale la edad frente a los noventas, donde posiblemente ahora tengas mayores responsabilidades, preocupaciones, personas que atender, que mantener.

El cerebro se está acostumbrando a esa velocidad, a interactuar con estímulos rápidos y varios a la vez, a vivir rápido, a tener todo inmediato, a desesperarse si no te contestan, si no te mantienen al tanto, si no llega el delivery, si no carga pronto una página web. Y eso ha hecho que la vida cambie, que la memoria cambie, porque el cerebro actúa distinto. 

Hace poco salí a caminar con mi mejor amiga que nos conocemos la vida y al despedirnos, ella se iba a la derecha y yo a la izquierda. Al segundo las dos recordamos cuando hacíamos lo mismo pero teníamos quince años y estábamos horas en la calle sin celular, sin presiones, sin saber qué iba a pasar porque no teníamos un aparatito que nos decía que estaba pasando a esa misma hora pero unos metros, unos kilómetros más lejos. Vivíamos solo el momento y el ver de no pasarnos la hora para volver a casa y no nos den por muertas o secuestradas. 

Esa memoria de cuando teníamos quince años quedó ahí, en nuestro cerebro y se activó cuando recreamos la misma situación sin darnos cuenta. La culpa no es de la tecnología, es de cómo la lleves en tu vida.

Sí, sí es posible volver a vivir el momento.

Y volver a tener memoria.

¿Te acuerdas o no?

Take a seat

Siéntate.

No para trabajar.

No para conversar.

No para comer.

No para escribir.

Siéntate.

Así en medio de la calle, no tienes nada que hacer por lo menos en unas diez horas. Nadie te espera. Nadie te llama. Nadie te escribe. Ni por Whatsapp. Ni por DM. Nadie te comparte un reel gracioso. Nadie te comparte una publicación que podría ser interesante para ti. Nadie te deja un audio.

Nadie se acuerda de ti.

Nadie te necesita.

Nadie.

En qué pensarías. Qué harías.

Yo

me sentiría cien por ciento libre.

Ni yo me necesito.

Pensé en poner una botella de vino en la escena, pero creo que ni eso es necesario.

La hora es importante.

Seis de la mañana.

Lima, Perú. Verano. Vacaciones. San Isidro.

Dudo que muchos carros pasen y ya está iluminado por la temporada pero no tanto como para morirte de calor. No tanto como para incomodarte. It’s ok.

No faltará un Maltipoo saliendo a pasear con su dueño runner.

Pero hasta ahi llegamos.

Piénsalo.

Disfrútalo.

Take a seat

Yo

Pasé ya el medio siglo de existencia y no tengo muy claro cuánto tiempo de ese medio siglo lo pasé viviendo. Viviendo como yo quise, como quiero, como me siento feliz, triste, sin control. Estaré más atenta ahora a lo que hago por la vida. Y estaré también escribiendo más.

Bailo.

Bailo.

Bailo no como profesional, bailo en el bar, en el club, en mi sala. Bailo tanto cuando me gusta la música que no sabría decir qué siento cuando lo hago. Voy a tener más conciencia de mis sentimientos al bailar, a ver qué pasa. Quizá nada, porque para qué tener conciencia de algo tan libre.

Podría decir que escribo desde chica, porque en el colegio, esa etapa maravillosa, libre, feliz, donde empezar a reirse era no parar y no parar hasta perder el control de mi cuerpo, graciosamente lo que me pasa también ahora. Si me excedo en risas, podría salir desde dentro de mi una agüita amarilla cálida y tibia, como muy bien decían Los Toreros Muertos, la banda española.

Qué escribía en la escuela.

El periódico mural, The Giant View se llamaba.

El horóscopo, donde yo, scorpio, hacia match con el chico de turno. Capricornio puede ser. Puede ser.

Los dialogues, sí, así en inglés. English Day Our Day, era un día maravillosamente especial, donde actuábamos los diálogos que escribíamos. Y me gustaba mucho que pusieramos en escena algo que yo había escrito. Lástima no guardé las copias de los guiones, pero recuerdo la línea de inicio de uno de los últimos:

I wanna be rich, I wanna be famous, to have the world in my hands… I want power, power, and more power… ha ha haaa… (risa típica de científico loco)

Ya en el último año del colegio me preguntan que quiero estudiar y dije:

Algo corto y creativo.

Y aquí estoy ahora de directora creativa de mi agencia de marketing, donde sigo escribiendo, no lo que me da la gana, pero escribiendo, creando.

¿Qué más me gusta?

Viajar. Y es algo que haré más seguido.

¿Familia propia?

No por ahora. No nací para traer niños al mundo y quedé viuda hace algo más de un año. Ya pronto volveré a crear otra familia. 

Por lo pronto me dedico a trabajar, bailar mientras pueda, a tomar vino y negronis. Hablar con mis amigas, almorzar religiosamente todos los domingos con mi familia y me encantaría 

convertirme en escritora.

Coming soon. Stella Gallo.

Yo

La Mudanza

Me gustó pasar la pandemia contigo.

En marzo del 2020 llegó oficialmente la pandemia por el COVID a Perú, y claro, a Lima, a Miraflores, que era donde vivíamos. Y podría pensar que pasar una pandemia en un departamento de 64 metros, ese departamento que marcó profundamente mi etapa de independencia. Una independencia física, que realmente llegó en forma orgánica, como lo que tenía que pasar, simple, con hechos y personas que estaban ahi para hacerlo posible. Así era mi vida, todo pasaba sin mayor drama, todo bien, todo cool. Hoy entiendo que todo depende de la energía con la que vivas, con la que actúes, con la que te muevas y de la gente que decidas entre a tu espacio.

Pasaron unos años, no sé, 6, 7, 8 años después de haberme mudado, que llegaste a mi vida. Siempre feliz, desde la primera vez que nos vimos. Tanto que yo no sabía si iba a poder enfrentarme a un ser así. Y en la primera cita y la primera gran conversación ya solos, donde sale el auditor que llevas dentro que va separando todo lo bueno, lo lindo, lo que te hace intuir que podrías seguir saliendo, podrías seguir compartiendo, conversando, viviendo. De esa primera cita, se me quedó grabada una frase.

-Podemos ir a Máncora y quedarnos donde ‘el Wawa’

Y te reíste luego de decirlo porque ya sospechabas que pondría cara rara por no mencionar un hotel ‘lindo’. O te reiste nervioso porque no tenía sentido mencionar un viaje juntos en la primera cita. No lo sé, pero todo fluia tan natural, que era obvio hablar de lo que haríamos juntos, por qué no, si nos llevamos bien, cuál era el impedimento. 

En esa primera salida nos citamos en Larcomar, no recuerdo si pasaste por mi, creo que sí y nos encontramos con una pareja de amigos. La primera parada era el cine, el estreno de la película argentina ‘Relatos Salvajes’, buen inicio. Luego solos la seguimos y llegaron los bares, existía aún ‘Huaringas’ y luego terminamos en ‘Eka’, donde todo es más confiable, más natural. Entonces, hablar de viajes, de no querer tener hijos, de música, fue lo que me hizo pensar: ‘ok, zona segura, go for it’.

Fue luego de un año y un par de viajes nacionales que decidimos ir por fin de año a Playa del Carmen. Y una pequeña conversación mientras planificamos el viaje, cambió todo.

Que tal si regresando ya empezamos a vivir juntos.

Me parece perfecto.

Y llegó la segunda mudanza importante.

La primera convivencia importante, all day long, todos los días, todas las noches, todas tus cosas, todas mis cosas. Claro, cada uno trabajaba fuera de casa, así que no es que estés pegado for ever. Todo bien. Y regresando a lo que comentaba sobre la pandemia que para muchas parejas, muchas familias fue una prueba de fuego, para nosotros fue de lo más divertido. Y sí, en un depa de 64 metros, super bien distribuido y con un balconcito que se volvió protagonista de la temporada. Con el tiempo fuimos cambiando algunas cosas, no en forma radical, pero adapté un poco mi decoración de ‘lentejitas’ como le llamabas, que se refería a las lentejitas D’Onofrio, un dulce ochentero en Perú, que podrían ser los m&m de la época. Y bueno, era una decoración colorida, ecléctica, que en algunas partes del depa hice algunos ajustes para complacerlo y para que sea más nuestro hogar.

Voy a vender el depa. Vi alguien que busca algo justo como este.

Con esa frase fue que empecé a vender el depa de soltera y a buscar el depa de pareja. Recuerdo muy claro cuando le dije a la vendedora que si los planetas se alinean y todo sale a la vez, lo hacemos. Y bueno, así fue.

Aquí vamos con la tercera mudanza.

Los dos igual pero a algo nuevo, un poco más grande y muy cerca a todo el movimiento miraflorino. Todo cerca, todo diferente, si bien con el anterior depa no había más de 20 cuadras de diferencia. Calculo vivimos casi dos años, soy muy mala para recordar cantidad de años, fechas y casi todo en general lo que tenga que ver con números.

Ven, siéntate que te tengo que decir algo. Tengo cáncer y está avanzado.

Si yo sentí que no entendía nada, que no entendía por qué, en qué momento. Es imposible imaginar lo que él pensaría, sentiría. Imposible. Cambiemos de vida entonces, comamos saludable, hagamos tratamiento.

Aquí vamos con la cuarta mudanza.

Después de prepararte tu plato favorito, no de la vida, más bien el plato favorito que yo te hacía. Pasta con carne molida y salsa roja, ya me pediste que te lleve a la clínica. Y bueno, empezó una etapa de hacer lo que hay que hacer, escuchar a los médicos, ver opciones, exámenes. Y lo principal, tratar de hacer que sufras lo menos posible. Sé que todo lo decide Dios, pero aquí uno trata de hacer todo lo que se puede.

¿Estás bien? ¿Te hiciste daño?

Son una de las frases que me quedaron grabadas que dijiste cuando intenté cerrar una ventana del cuarto de la clínica y estaba muy dura. Yo no entendía como se te ocurría preocuparte por algo tan tonto frente a lo que estabas pasando. En ese momento volví a entender quién eras, cómo eras. A quién tuve la suerte de tener en mi vida.

Pasaron menos de 2 meses y te mudaste solo a esa otra vida que quieras o no, me vas a ver más adelante. Por ahora sé que sabes lo que hago y que de alguna forma guias mis decisiones, que ahora permito que lo hagas al 100%  porque tienes buenos asesores en tu nueva casa, tu nuevo cielo.

Sabes que me mudo ¿cierto?

Sí, es una de las cosas que me dijo mi intuición en la cuál confío mucho, solo que a veces no sé cómo hacerle caso. Pero ahora lo hice y me voy por un tiempo de este depa.

Y alguien más se muda aquí, alguien a quién seguramente también le está cambiando la vida y por eso se muda. Todos ganamos. Todos nos mudamos para un cambio. No importa cuál, todos los cambios son importantes, son los que te hacen vivir, crecer. Hay cambios más cómodos que otros, pero eso también depende de cómo los vivas.

La Mudanza

Stella.

Hola Stella, mi alter ego, mi otro yo.

Sin querer sonar mentalmente un poco desviada, siempre he sentido que tengo dos YOs que viven juntitas, roomies, inclusive buenas amigas, porque tienen gustos parecidos y hasta se ríen de las mismas cosas. La diferencia es que cada una se expresa diferente. Stella, viene con novedades, con brillo propio, con energía repotenciada. Por ahora no tengo más detalles, pero espero que pronto nos de algunas sorpresas. La del espejo es Stella.

Me gusta eso de tangibilizar a las dos, mejor dicho a Stella, yo ya estoy tangible hace rato. Stella puede darse el lujo de mirar desde un cómodo sofá las situaciones que Karina provoca o que vive y eso está muy bueno porque puede dar su opinión no contaminada y buscar acciones más rápidas, más efectivas. Y mientras escribo me la imagino aprobando estas líneas.

Stella

llegó de a pocos a mi vida, asomándose como si fuera tímida, como si alguien le fuera a decir algo de por qué se mete en vida ajena. La verdadera historia de Stella, se remonta allá en los años (adivina), cuando mi madre, muy italiana ella, quiso ponerme como segundo nombre Stella efectivamente, pero parece que quien tuvo la importante misión fue mi padre. No es momento de hablar de cómo son los hombres pero solo diré que de “Carina Stella”, pasé a Karina Estela, y todo bien claro está, es mi nombre y lo quiero mucho. A mitad de mi vida, hubo un momento de numerología y algunas conexiones astrales donde un señor experto en esos menesteres, me dijo: “Si te llamaran Estela, tu vida sería diferente, más iluminada”, por decir una palabra, era algo semejante que no recuerdo con exactitud, pero era algo parecido. Y dije, y bueno, como hago ahora para cambiar de sitio mi nombre, bueno, no lo hice simplemente. Pero por ahi fue apareciendo. En un cuadrito personalizado y en mensajes de chat. 

Pasaron los años y digamos que más marketero se ve Stella y en este aún 2025, estuvo más nombrado que cualquier otro año. Por eso es que me animo a escribir sobre mi otro yo, porque siento que ya tiene relevancia y vida propia, más figureti. Más expuesta. Más creativa.

Nos vemos pronto Stella querida,

Karina

o Stella

Quién soy.

I’m confused.

Ja.

Stella.

11:11

Hace unos treinta años pensé en una forma muy novelesca que dejaría de existir en este mundo al día siguiente de cumplir veintinueve años. ¿Por qué?

Aquí vamos con la explicación de donde salió ese mini guión al estilo ‘Scream’ o semejantes. Eran tiempos de salidas, de estar en la calle y con amigas. Una de ellas, María Rosa que era mi fiel compañera para ir donde sea que nos lleve el día y la noche. Nada especial hasta ahora que viene el verdadero motivo, y es que donde íbamos veíamos el 11:11. En la hora. En la emisora de radio. En la gasolinera. Everywhere.

Y claro, que a los 28 lo espiritual no está muy presente, así que no le vimos un significado importante o una señal o un vaticinio o un ¡hey!

Pronto llegaría mi cumpleaños 29.

Cumplo años el 10 del 11. 

2 más 9 es 11. 

Y al día siguiente sería 11:11 

Por lo tanto algo pasaría ese 11:11 con 2+9 cumplidos, que suman 11, ya lo dije. Pero nada pasó de diferente además de la resaca de la celebración. 

Este 2025 dicen que el portal 11:11 es importante y oh coincidencia pasé mi cumpleaños, justo este cumpleaños con María Rosa también y sin planearlo. También dicen que no existen las coincidencias, si no que son una serie de hechos que te llevan a ese evento porque así tenía que ser. Y la verdad que lo creo así. 

Les seguiré llamando coincidencias y me seguiré asombrando con ellas, pero lo que creo es que son parte de lo que llaman destino o vida.

Y si tenías que leer este relato porque empezaste a ver 11:11 o números repetidos en forma frecuente, hazle caso e investiga qué significa, claro, puedes preguntar a chat GPT sin problema. Es muy probable que algo te resuene y te inspire a hacer cosas que las tienes pensadas muy en el fondo sin aflorar aún. 

Hasta el próximo portal. 

11:11

Qué curiosidad

Cuántas veces te preguntas qué está pensando alguien de ti, de lo que haces, de lo que piensas, de lo que dijiste o hiciste. Estará pensando algo o cero. Probablemente si es alguien con quien no tienes mucho contacto o confianza nunca lo sabrás, con alguien que sí, solo pregunta y ya está.

A mi la curiosidad me mata.

Ahora justamente porque jamás lo podré saber.

No sabré qué piensas, qué opinas o qué me dirías, de qué te reirías y de qué simplemente ni te inmutarías. Cabe la posibilidad que me lo digas en sueños, pero la verdad que lo veo poco probable, no soy tan sensible, al menos no hasta ahora. Me queda intuirlo, imaginarlo y creer que es así, ya cuando nos encontremos me dirás si te sentabas en una nube con canchita a ver qué hacía con mi vida.

Quiero saber qué opinas de lo que me pongo cuando salgo.

De las personas nuevas que conocí desde que no estás, de las que dejé de conocer.

De mis decisiones, de mis cambios y movidas.

De dejarme el pelo largo one more time ¿te gusta?

Dónde me hubieras llevado de viaje por mi cumpleaños.

Qué opinas que ahora soy más buena y menos bitchy.

Qué estoy usando tu ropa gracias a qué volvió el oversize o que estoy un poco más grande, pero definitivamente prefiero pensar lo primero.

Te perdiste la inteligencia artificial y estoy segura que tendría mil reels de cockers hablando en mi DM y estaría renegando del algoritmo que me obligarías a tener.

Te perdiste mis cambios middle age, alguien más los tendrá que soportar.

Te perdiste ver crecer a los chachos, que probablemente te amarían más que a mi.

Te perdiste las fiestas Estigma que seguro te hubiera obligado a ir.

Te perdiste que estuviera en casa sin salir, por mi propia convicción.

Te perdiste los últimos presidentes, uno peor que el otro.

Te perdiste el haberte burlado de mi por comer chifa con vino, así como yo me burlaba de ti cuando hacías lo mismo. Todo cambia y lo que era jamás no qué horror, hoy puede ser un mira, no está nada mal.

Pero te ganaste con toda mi lista de pedidos y un checklist enorme de las cosas que debes hacer que se cumplan. Seguro andas ocupado con otras cosas y cuidando a más personas pero si el tiempo no existe dónde estás, puedes ser multitasking.

Ya nos vemos, no tan pronto creería. Mientras, sigue ahí, trata de no reirte mucho de lo que hago, aunque no te imagino de otra manera y está bien, ya estoy grandecita para decidir bien, y seguiré comprando polos con quotes o dibujos ¡aunque no te gusten!

Bye baby. Life goes on.

Qué curiosidad

Class of 90. Friends 4 ever.

No, no soy villamariana ni hablo (tanto) spanglish. Pero estudié en el Abraham Lincoln que al menos en mi época todo primaria era en inglés y me hizo desentenderme de ciertas palabras en español que hasta el día de hoy primero me salen en english. Cómo qué, como ‘fence’, ‘quarter’, ‘necklace’, entre otros… pero bueno, no vamos por ahí. Venía a hablar de mis friends for ever, que definitivamente son los buenos amigos del cole, que conozco desde hace casi 45 años.

De hecho tengo dos amigos en especial que siempre salimos a comer y tomar. Por lo menos una vez al mes, últimamente. Somos dos mujeres y un hombre, totalmente diferentes entre nosotros, profesiones, trabajos, forma de vestir, música, todo es diferente, menos el gusto por la comida y la bebida, claro. Aunque uno es artesanal, otra Cristal y otra Pilsen, ahí vamos por la vida, bien amigos siempre.

Hace unas noches, en una de esas salidas, sale la frase: ‘oye, ya toca que escribas de nosotros pues’. Y sí, por qué no. Además de amigos, son fan de mi blog, espero que en serio y no porque crean que me voy a molestar si no les gusta.

Pero no es que aquí vaya a hablar de sus vidas, esto más bien es una oda a la amistad y a esa confianza y amor que hay con quienes te conoces desde kinder y pasaste 11 años, casi 7 horas al día, de lunes a viernes. No contentos con ese tiempo de vernos, conversar, reir, jugar, llegando a casa, hablaba horas por teléfono de lo que pasó en el día. Ya de más grandes, no solo nos veíamos de lunes a viernes y hablábamos por teléfono. También nos veíamos los sábados en Camino Real, en el cine o en alguna fiestita. Todo era tan genuino, hasta inocente diría, al menos en mi mundo, en mi burbuja. Creo nunca me he reído tanto como en el colegio. Felicidad total sin tecnología. Ni los jalados, ni las quinta nota, ni los exámenes en marzo, nada opacaba mi felicidad. Aunque creo que lo único era cuando perdíamos en algún partido, ahí si podía llorar.

Y bueno, esa felicidad vuelve a sentirse cuando estoy con ellos, con mis amigos Clau y Pancake, cenando en el restaurante que toque, en el que alguna tarjeta haga descuento. Y es él, el chico del grupo, el genio matemático, que divide la cuenta y simplemente dice ‘me yapean’. Además de conocernos de por vida, ya conocemos quien no perdona una cena, quien come poquito, quien prueba cosas nuevas, quién no, quién llega tarde, quién separa la mesa, quién reniega, quién se caga de risa, quién no cuenta el chisme completo, quién se olvida de lo que iba a contar.

Y así seguirán siendo nuestras reuniones, con nuevas cosas por decirnos, viejas cosas por recordar o no recordar. Con anécdotas por las cual renegar para terminar riendo siempre. Hablar y hablar, sin ser juzgados, de cualquier tema y escuchándonos siempre.

Y si bien cada año será distinto sea por las cosas que nos pasen o por la edad que avanza, los temas clásicos y básicos, la carnecita pura y dura, nunca va a cambiar. Hasta seguro seguiremos hablando del viaje que algún día haremos, hasta que llegue el día de hablar del viaje que hicimos.

Larga vida a la amistad, a esta amistad que conoce todas tus vidas. Larga vida a lo que nos diferencia y que nunca nos separó. Solo nos da más nuevas anécdotas y nos permite seguirnos sorprendiendo, como si no nos conociéramos. Hoy especialmente, me di cuenta que quiero mucho a mis amigos, más de lo que pensaba.

Y si tú también los tienes, aprovéchalos, quiérelos, disfrútalos.

Class of 90. Friends 4 ever.

La música de mis ex

Dale play al Spotify, al parlante, al tocadisco, a la casetera, al minicomponente, al equipo. Depende tu edad y de que tanto te guste la música, le habrás dado play a muchas o a pocas cosas en tu vida. En mi caso la música está siempre presente, estuvo siempre. Desde que iba de niña en el auto y mi papá escuchaba Rubén Blades, Buscando América.

Y como mi memoria no está trabajando en su máximo nivel en estos tiempos, esto es lo más antiguo que recuerdo. A Blades, Palito Ortega, Rafaella Carrá.

Los de mi edad crecimos con la música 100% ochentera, entre mis 12 y 15 años (1985 a 1987) que dicen es la edad en que se queda grabada en tu memoria y cuando más la sientes en tu corazón. Por eso crecí inventando dramas y queriendo vivirlos tal cual la canción por más que todo era felicidad a esa edad.

Aprendí hasta las letras, gracias a los cancioneros. Si las matemáticas, física y química hubieran venido en cancioneros, otra sería la historia.

Volviendo al 2025, hace unos días puse una canción en Spotify que creó una radio ‘para mi’ con esa canción y me di cuenta que no escuchaba ‘indie’ hace muchos años y disfrute cada sonido, cada letra. Y me puse a pensar, de dónde sale mi gusto por determinada música, qué me gustaba en los 80, 90, 2000, hoy. Por qué me gusta lo que me gusta. Y los ex han tenido también influencia en mi música. Los que pasaron por mi vida y me hicieron escuchar algo nuevo, algo que me gustó y se quedó conmigo y seguro también varias canciones y géneros que se fueron pronto.

Lo más probable es que la música que se quedó conmigo es la que alguna palabra o frase me impactó, me emocionó, me identifiqué de alguna forma, porque soy la que escucha la letra primero, luego la música.

Y vamos uno a uno.

De los que más se quedaron en mi mente y en mi playlist.

Mi ex compañero de salón, de la B.

Aquellos años de los cassettes, de los variaditos, los más fichos, los dorados de cromo. En el Pasaje Los Pinos en Miraflores era el lugar donde tenías que ir si querías grabar algo bueno. O en casa rezando para que el locutor no hablara encima de tu canción favorita, eso era adrenalina pura. Volvamos a mi amigo del cole que me graba un variadito, a su gusto, su elección, tomando en cuenta también lo que me podría gustar de esa selección. Y oh maravilla, ahí estaba:

‘Light my fire’ de The Doors. Ese fue mi primer encuentro con Morrison, con mi Jim.

Y como en los 80’s mi corazoncito más estaba con G3 que con Lluvia, tus besos fríos como la lluvia, The Doors en el variadito fue mi favorita. Y la segunda canción que me llamó la atención fue una de Ziggy Marley que ya olvidé su nombre.

Hablemos sobre mi ex noventero que no me dejó mucho porque era más fan de la pachanga, así que no hay mucho que contar por aquí, solo que si voy a una fiesta pachangera puedo identificar algunos tonitos. Pero lo importante de esta relación, musicalmente hablando, es que llega Alanis Morissette y su You oughta know, justo en el momento perfecto de la separación, así que disfrute cantarla a todo volumen en mi Golf noventero. Jagged little pill, un discazo.

El próximo ex importante en música me dejó lo indie, el house. Passion Pit, Cut Copy, MGMT, Zoe. Buena música, buen playlist, buenos conciertos. Justamente este playlist en Spotify fue el que me inspiró a recordar y escribir.

El baby, más rockero clásico, medio panqueque, medio synth pop, fue la pareja perfecta para bailar en casa con vino, cerveza, una picada casera y cuando hubo la oportunidad, comprar discos en la feria de Brooklyn, NY.

Este año, me hicieron escuchar algunas canciones españolas y ver sus videos, que por algún motivo no veía antes muchos videos o probablemente no lo recuerde. Me parece raro, cuando prácticamente era lo único que había para ver. Me parece prefería mirar una y otra vez los VHS con los conciertos y a Axl Rose en su shortcito blanco. Pero bueno, estas canciones españolas, si bien no necesariamente pasaron a mi playlist de favoritas, me gustaron las letras y me gustó escuchar una de ellas en una de las fiestas ‘Gorila Amarillo’, que son fiestas con música en español toda la noche, mis fiestas favoritas en los 90’s y que este año volvieron.

Después de este recorrido musical, me quedé más con el rock clásico, wave, synth pop, rock en español (es muy amplio pero ya detallar que tipo de rock en español puede ser mucho). Ganaron las discotecas Bauhaus, Bizarro de los 90’s, Nirvana, Biz Pix, Psicosis, Nébula, Estigma… a The Piano, The Edge y algunas más seguramente. Pero claro, que igual estoy open mind a escuchar otros géneros y a Ca7triel & Paco Amoroso.

No se si tú también alguna vez pensaste más allá de lo evidente, de dónde nació tu música, tus gustos. Yo, primera vez.

La música de mis ex

Scroll Infinito

Hoy que todo tiene que ser inmediato. Hoy que el scroll te seduce, te enamora, te promete casi casi amor eterno para que no lo alejes de tu dedo, para serle fiel día y noche. El scroll en tu vida es la rutina, lo que haces a diario, varias veces, todos los días, sin descanso, pero sin pasión, sin un motivo, solo porque está ahí, porque así tiene que ser, excluyendo claro a quienes lo hacen en un working mood

No conviertas tu vida en un scroll que va y viene, que le sonries sin que te sonría de vuelta.

Suena fácil, pero cómo hacerlo. Ya sabemos que la vida viene sin manual y que vas a a hacer y deshacer como te lo enseñaron de pequeño, hasta que tienes voluntad, gustos propios y empiezas a explorar, a expandirte, a elegir, a ganar, a perder, a entender. Eres feliz (la mayoría al menos) en la adolescencia, a tus veintes que vives al máximo, sales, bailas, cantas, besas, enamoras, te enamoras, miedo cero, lo puedes todo. Llega la tecnología, para bien y para mal, llegan otras experiencias y responsabilidades que poco a poco te ‘encierran’ en un mundillo donde se puede decir que no eres tan libre y donde sin querer puedes caer en un scroll infinito.

Hoy, 2025, algunas décadas después y algo lejos (pero no tanto ja) de mis veintes vuelvo a empezar, cualquiera sea la interpretación de esta palabra cargada de emociones y que se dice mucho pero realmente es fuerte, es determinante, es complicada y de hecho es difícil empezar a empezar. Es, con esa sensación de re inicio reloaded  que se detiene el scroll, mi scroll, ese dedo que prefiere no mirar atrás para seguir avanzando lo más rápido posible. 

Que el scroll ahora, sea pasar por experiencias, viajes, conversaciones, reuniones (presenciales de preferencia), caminatas, libros, cine, copas de vino, vasos de Negroni, comida rica, buena música, bailes, risas, carcajadas, llanto, todo es bienvenido en este scroll infinito de la vida. ¿Qué es lo que realmente importa? No hacerlo en automático.

Mientras escribo me digo a mi misma que estaré atenta a no caer en la automatización, practicar el hacer de mi rutina una anti rutina, cambiar de ruta en las caminatas, cambiar de lugar los adornos en casa, cambiar de bar – bueno, siempre hay un favorito al que se vuelve pero intentarlo al menos – , fomentar nuevas charlas, nuevos temas. Y casi casi que esto se está volviendo una especie de ‘sal de tu zona de confort’, y no, no quise caer en algo derivado del coaching pero creo que se entiende el mensaje.

Que este scroll infinito de tu vida sea de los que le sonries y sí te sonríe de vuelta.

Good luck! Good mood!

Scroll Infinito