¿Ves la misma luna que yo?

Está especialmente bonita. Como una sonrisa, como ese columpio donde se sientan a pescar en las presentaciones de algunas películas. Regresaba caminando a casa y la vi, con un cielo especialmente despejado y de un azul intenso, raro en Lima la gris y a finales de mayo. Pero hoy salió sol y dejó así el cielo.

Pensaba en cómo la verías, de qué forma y desde qué perspectiva. Si en ese mismo momento que yo o en un momento distinto y si te preguntaste lo mismo. O no pensaste en mi. Al menos no con la luna. Si yo fuera tú, pensaría en mi con la luna y no con el sol. Me gusta el sol, pero me va mejor nuestra compañera en común que aparece en las noches, aunque a veces se deja ver y otras veces no.

Empecé a contarte cómo me había ido en el día, lo que había hecho en la semana, mis dudas, lo que me hizo renegar más de lo esperado y mis últimas decisiones. Cuando volvi a mirar ya no estaba, una nube chismosa se acercó demasiado a escuchar, tanto, que la tapó.

Seguí caminando mientras escuchaba ‘La Mataré’ de Loquillo y Los Trogloditas, que me hizo acordar a ti. A cuando íbamos a bailar, lanzaban esa canción y me mirabas diciendo: anda, sal, baila, muévete, expláyate en la pista de baile. Te gusta esta canción, disfrútala. Todo eso con un micro segundo de mirada.

Creería que sí miramos la luna al mismo tiempo.

Que sabes cuando la voy a mirar y estás atento.

Muy bien, me quedo tranquila.

¿Ves la misma luna que yo?

Vamos por un Café

Dicen que esta frase trae un mensaje oculto, misterioso, que no significa lo que realmente dice. Que es una frase doble cara. Doble sentido.

Y es que vamos por un café significa vamos a conversar, te quiero ver, qué es de tu vida. Significa dejar el chat de vez en cuando. Significa hacer contacto visual, hacer una sola cosa mientras conversas : hablar

Significa dejar de contarte cómo estoy mientras atiendes un meet, pagas tus recibos o miras la serie del momento. Significa darle entonación a mis palabras, darle vida a mi historia.

Sí,
¡Vamos por un café!
Y que te quede claro que ese café puede tener varias personalidades. Se puede comportar como un Negroni, un vino, unas alitas, una ensalada. Lo importante es hacer realidad la frase y simplemente ir.

Y debo confesar que tengo un amigo que sin exagerar me dice para tomar ese café hace más de un año. Y mis aparentes múltiples ocupaciones no lo han hecho realidad. Y sí, es verdad que no coincidimos en horarios porque él es más día y yo más noche.

Pero ayer prometí coincidir en tiempo y espacio.
Y hoy escribo esto.
No tengo escapatoria.

Vamos por un Café

Got it

Se siente casi un alivio saber lo que quieres, que muchas veces viene en forma de saber lo que no quieres. A todos les debe pasar en algún momento de su vida. O quizá no. Hay una diferencia muy grande entre vivir la vida que deberías vivir y la que quieres vivir. A veces hasta una combinación de ambas, va muy bien.

El gran tema está, en qué hacer cuando lo descubres.

¿Cómo cambiar ese día a día que viene repitiéndose por miles de días por el qué quieres? ¿Cómo dejar lo que estás acostumbrado a hacer, a ver, a escribir, a hablar por acostumbrarte a hacer lo que quieres?

¿Cómo empezar a crear lo que está en tu mente?

Cuando camino por las calles, por el malecón, por los parques, cruzando puentes, cruzando distritos de día o de noche, todo se empieza a escribir en mi mente, lo que me gusta, lo que no me gusta, lo que acepto y no debería aceptar, lo que quiero escribir pronto, lo que quiero conseguir. Para mi caminar es como un activador de ideas, un coach, un terapeuta, un ‘amiga, date cuenta’

Pero qué pasa una vez que tienes ese Got it!

Lo que sigue puede ser tan difícil como empezar la dieta, pero nunca imposible.

Got it

No nos dio el tiempo

Una noche antes de dormir, navegando por el infinito scroll de los reels, tuve un encuentro visual de amor a primera vista que me obligó a sumergirme aún más en los colores, la estética, las ideas de Agnès Varda que al parecer la llamaban the “grandmother” of the French New Wave. Directora de cine, fotógrafa, artista francesa fascinante. Ya había visto sin saber que era de ella o sin acordarme, la película Cleo de 5 a 7, así que seguí amándola. 

Cuando fui a volverme oficialmente su follower en Instagram, me di cuenta que el baby, mi novio que murió hace dos años, la seguía, y claro, empecé a relacionar y recordar su pasión por las películas antiguas, el buen cine de antes. Por él vi unas cinco veces El Globo Rojo y 8 ½ de Fellini y traíamos libros gigantes de películas para la coffee table.

Y pensé,

por qué no hicimos más cosas juntos relacionadas al cine, por qué no me mostró el Instagram de Agnès, por qué no conversamos más sobre cine, por qué no navegamos rebuscando más datos, por qué no buscamos más libros cuándo viajábamos, por qué no nos sentamos con un café a analizar la película, por qué no vimos más películas de ese época, por qué no cambiamos noches de HBO por noches de cine clásico.

Porque no nos dio el tiempo.

No nos dio el tiempo

No, no es obvio.

Esta es una lista de mis placeres menos obvios.

Entendiendo por obvios el sexo, comer, beber, les toilettes.

Mi lista no está en un orden específico.

Caminar

Conversar (depende qué, con quién, cuando)

Caminar conversando (depende qué, con quién, cuando)

Escuchar música (solo eso)

Leer al aire libre

Mirar una revista Vogue

Saludar a desconocidos (por amabilidad, no por loca)

Que te saluden desconocidos (por amabilidad, no por locos)

Escuchar

Que te escuchen

Que escuchen

Tomar agua helada

El primer sorbo de un Negroni

El primer sorbo de un Fernet con Coca

El primer sorbo de café (buen café)

Comer en la cama

Recibir un whatsapp puntual y claro (cuando tiene que ser puntual y claro)

Recibir un whatsapp en una línea (cuando entra en una línea)

Que sea un mail lo que pudo ser una reunión

Sentarse en una banca bajo el sol

Llegar a la caja y que el precio sea más bajo de lo que ya pensaba era bajo

El olor a carne en una parrilla

Comida chatarra en el momento adecuado

Viajar en el segundo piso de un bus turístico

Caminar sin zapatos en casa

No, no es obvio.

Todo viene en pack

Una noche, sola en el depa, ¿qué es lo mejor que puedo hacer? Ver ‘Envidiosa’, que estrenó hace unos días su entiendo última temporada. Ahora amo a Vicky, la protagonista, cuando en la primera temporada me chocó su intensidad, ahora todo bien. Y la serie buenísima, será porque siempre hay algo con qué o con quién identificarse. 

Hay un momento tenso entre la protagonista y un vendedor en el market por un cepillo de dientes. Este cepillo venía en un pack de dos cepillos y ella solo quería uno. Así que o te llevabas los dos cepillos o nada. 

Eso es porque todo viene en pack, en combo, con mochila, con antecedentes, con carga.

En la vida todo viene con algo al lado, encima, abajo, dentro, fuera. 

Todo viene con algo pequeño o grande y no te dan a elegir. Aunque a veces, sí, por ahí que puedes decidir agrandar y ponerle extra condimento.

Y así es cómo funciona este gran escenario de la vida. Sin ensayo previo y sin que puedas hacer un casting previo. Cada persona que conoces viene con su historia, con sus capas. 

Depende de ti con qué te quedas

Que toleras 

Qué te gusta más

Qué te gusta menos

Qué hablas 

Qué compartes

Qué callas

Qué odias

Qué amas

Qué abrazas

Qué te da risa

Qué odias  

Pero qué pasa cuando te enamoras.

Debes aceptar todo el pack si no, no funciona.

Tan simple.

Tan complejo.

Todo viene en pack

Te cuento mi sueño

Aprovechando que me acuerdo y que además son divertidos los sueños (a veces). Son esa realidad paralela, que solo Dios sabe cómo llegan a tu mente y se recrean en imágenes mientras duermes. Será de lo que hablas y miras durante el día, lo que se queda en tu subconsciente. A veces para los más susceptibles, pueden ser avisos premonitorios. Los sueños sueños son y siempre tendrán muchísimos enigmas.

Aquí vamos con el mio.

Calculo fue entre las seis y las siete de la mañana, luego de una noche de insomnio, donde minutos antes, a eso de las cinco, estaba analizando salones de belleza para cortarme el pelo.

Ahora sí, vamos al sueño.

Yo estaba en España, más que probable que sea en Madrid que lo tengo más fresco de un viaje a inicios de año. Paseaba con una amiga, Pati se llama, que ahora vive en Florida y dicho sea de paso, no nos hablamos seguido, pero cuando hablamos, intensa la cosa.

Bueno, estábamos paseando por alguna plaza, mucha gente alrededor. Y ella tenía que ir a atender a sus hijas, así que le dije para encontrarnos en la noche, en un lugar específico, en alguna zona de bares mejor y estando ahí decidimos dónde aterrizar.

Al irse mi amiga me quedo paseando sola en esta plaza llena de restaurantes. Y de repente ya estoy sentada en una mesa, grande, rectangular, con mantel de papel blanco y con flores encima. La comida la servían sobre el papel blanco, sobre el mantel, no habían platos, pero no lograba distinguir lo que servían, solo unos trozos de sandía que probé uno y estaba muy rico, fresco.

La mesa ya estaba llena, de personas mayores que yo, señoras entre los setenta y ochenta serían. A mi izquierda, el único hombre que al parecer era un nuevo novio y a mi derecha, mi mamá. Al ver el ambiente ya sabía que me quedaría un buen rato y que no iba a llegar al encuentro con Pati más tarde, era imposible. Y fue cuando desesperadamente quería comunicarme con ella, momento de estrés en el sueño que andaba tan relajado. No podía marcar, había cambiado de número, la tecnología era como de otra época. Es más, el celular era gris oscuro y no combinaba bien dentro del styling de mi sueño, un color muy muerto y sin gracia, que desentonaba para mal.

Luego, después de un buen rato estresada y angustiada por no poder hablar con ella para avisarle, sin razón aparente, me olvidé del tema, me olvidé de mi amiga y empecé a tomar vino. Me estaban sirviendo una copa y la vi tan grande que intuí que pesaba mucho. Entonces lo que hice es cargarla con mucha fuerza, pero no, era muy liviana, así que salió por los aires, bailando y moviéndose en cámara lenta. Yo, asombrada y sorprendida, lo único que quería era que al bajar y volver de su pequeño paseo, no se derrame, así que puse la cabeza y la cogí en el aire con el ojo. Sí, con el ojo, eso puede pasar en un sueño. Sonreí triunfante y miré a mi izquierda donde mi nuevo novio y tres señoras reían con cara de asombro. No se distinguen rostros en mi sueño. Solo yo me veo definida y una de las señoras.

Esta señora en particular era pequeña, pelo oscuro algo marrón rojizo lacio por debajo de las orejas, hizo un gesto muy especial, de ¡no lo puedo creer! Y me dio tanta risa que con la carcajada me desperté. 

Por escandalosa.

Te cuento mi sueño

Bailamos o somos novios

Habían fines de semana que saltaban esas dudas por un momento y luego de disipaban. 

Ubiquémonos en el tiempo, año más o menos 2005, entre jóvenes y adultos. Una edad que no sabes bien si ya ‘debes sentar cabeza’, estar casado o pensando en tener hijos o hacer lo que te venga en gana con tu vida. También estábamos quiénes simplemente vivíamos el momento sin pensar en ninguna opción aún.

Cada fin de semana religiosamente asistíamos a un bar para conversar y tomar unas cervezas. Luego del bar y antes de las tres de la mañana que los locales empezaban a restringir los ingresos, caminábamos unas cuadras hasta la discoteca para bailar sin parar hasta casi las seis.

La música iba entre los ochentas, noventas, con un estilo synth pop, new wave, indie. Muy buenos temas, buena mezcla. Un local oscuro como el feeling de su música y una barra no muy prometedora, donde pedir cerveza era lo más seguro.

Ya se sabía qué canción seguía o qué canción ponía a bailar a todos y a dar algunos grititos de emoción y cantar eufóricamente mirando a la cabina del DJ como si estuviéramos en un concierto. Otros bailaban con los parlantes y algunos mirando la pantalla de videos. Grandes noches.

En esa confusión de temas, conversaciones, luces en medio de la oscuridad, dos personas se reconocían, y empezaban a bailar uno cerca del otro. Al ritmo de la música se acercaban poco a poco, paso a paso, ritmo a ritmo, cantada a cantada hasta quedar uno frente al otro, como si hubiera existido la pregunta: ‘¿quieres bailar?’

Poco después ya estaban de la mano y bailando como si hubieran llegado juntos.

Así cada sábado. Novios Bailables, puede ser una nueva categoría y se resuelve el misterio del título.

Bailamos o somos novios

Hello Emotions.

Todos se sienten más emocionales en algún momento. Definitivamente no todos a la vez porque sería una desgracia. Una depresión que tocaría fondo, muy al fondo. Todo el mundo se oscurecería hasta que en algún momento todos volvamos a un nivel energético positivo.

Pero eso es una fantasía.

Lo up and downs son individuales, independientes. Vienen de a uno.

Paso por aquí solo para dejar frases de canciones que a mi me ‘tocan’, me causan algún efecto. Alguna sensación. Alguna emoción.

Estos días que están cómo ‘especiales’, no estoy segura si por algún planeta retrógrado, alineado o por simple gusto y gracia de la vida.

Pero previo a llegar a las frases de canciones, tengo ganas de contarles que vi la película con Ryan Goslin, Project Hail Mary que le hicieron fama de buenísima, la mejor de estos tiempos, que te saca todas las emociones. Debo confesar que más emociones me causó Barbie que esta película. Cero. Ni una risa. Ni una lágrima. Raro, pero es cuando te das cuenta, que no todos sentimos igual, claramente. Depende no solo de la persona, si no del día en qué estés.

Y también fui al teatro a ver El Túnel, una obra con música de los ochentas y noventas que sí generó más emociones, quizá por ser más cercana a mi realidad.

Ahora sí, vamos con las frases de canciones que a mi me causan algún efecto. Así la escuche hoy o cuando la escuché cinco, diez o veinte años atrás. Solo unas cuantas, porque deben haber muchísimas letras. Porque soy de las que prestan más atención a las letras que la música.

If you leave don’t look back, please don´t take me all away.

No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.

One day we gonna live in Paris, I promise.

And I told you to be patient

And I told you to be fine

But if you wait around a while I’ll make you fall for me

(I promise you)

I wish, I could just make you turn around

Turn around and see me cry

No habrá fiestas para mañana

Abandónate, abandónate

Como una hoja en el viento ¡viento!

How I wish

How I wish you were here

And I thank you

For bringing me here

For showing me home

Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte

Carricoches de miga de pan, soldaditos de lata

Me ha pasado mi hora, ¿quién robó mis años?

Cambio toda esta familia por un segundo con vos

Buscando otro cuerpo, otra voz

Fui consumiendo infiernos

Para salir de vos

The wind in my hair makes me so aware

How good it is to live tonight

An older version of me
Is she perverted like me?
Would she go down on you in a theatre?


Como aquel entonces

Tan solo era un niño

Y en esa pobreza

Que feliz yo era

Hello Emotions.

Yes I do.

Veía tele en la cama, en mi cuarto y me escriben.

Estamos comiendo un Zambito (es un helado conocido en Lima) a unas cuadras de tu casa.

Ven

¡Voy!

Me escribe mi amiga. Vamos a Paracas tres días.

Una propuesta demasiado provocadora, quizá subida en inversión para pocos días.

¡Vamos!

Siempre comemos en los mismos sitios, rico, interesante, local bonito, pero probemos otra cosa.

¡Probemos!

Ya tomé un par pero me provoca un Negroni más.

Si quieres, puedes.

¡Qué pase el Negroni!

Qué dolor de pies y ya son casi las cinco de la mañana.

Qué buena canción ¿una más?

¡Cinco más por lo menos!

Todo el trámite de viajar para cuatro días. Cómo estará el clima. ¿Será muy caro?

¡Compra el pasaje!

Y así una cantidad de propuestas todas decentes hasta ahora que por ahí te sacan de tu zona de comfort solo un poco, nada exagerado, pero que hacen la diferencia cuando dices Yes I Do. Se siente buenísimo quedarse en casa en las noches viendo streaming, descansando, organizándote para el día siguiente, pero ¿todos los días?

Hoy un amigo me responde a una mini filosofada esta mañana, así:

“Eso refuerza lo que dice aquel sabio filósofo Bad Bunny “vamo a disfrutar, que nunca se sabe si nos queda poco”

Burla o no. Su razón tiene.

Yes I do.