Hace unos treinta años pensé en una forma muy novelesca que dejaría de existir en este mundo al día siguiente de cumplir veintinueve años. ¿Por qué?
Aquí vamos con la explicación de donde salió ese mini guión al estilo ‘Scream’ o semejantes. Eran tiempos de salidas, de estar en la calle y con amigas. Una de ellas, María Rosa que era mi fiel compañera para ir donde sea que nos lleve el día y la noche. Nada especial hasta ahora que viene el verdadero motivo, y es que donde íbamos veíamos el 11:11. En la hora. En la emisora de radio. En la gasolinera. Everywhere.
Y claro, que a los 28 lo espiritual no está muy presente, así que no le vimos un significado importante o una señal o un vaticinio o un ¡hey!
Pronto llegaría mi cumpleaños 29.
Cumplo años el 10 del 11.
2 más 9 es 11.
Y al día siguiente sería 11:11
Por lo tanto algo pasaría ese 11:11 con 2+9 cumplidos, que suman 11, ya lo dije. Pero nada pasó de diferente además de la resaca de la celebración.
Este 2025 dicen que el portal 11:11 es importante y oh coincidencia pasé mi cumpleaños, justo este cumpleaños con María Rosa también y sin planearlo. También dicen que no existen las coincidencias, si no que son una serie de hechos que te llevan a ese evento porque así tenía que ser. Y la verdad que lo creo así.
Les seguiré llamando coincidencias y me seguiré asombrando con ellas, pero lo que creo es que son parte de lo que llaman destino o vida.
Y si tenías que leer este relato porque empezaste a ver 11:11 o números repetidos en forma frecuente, hazle caso e investiga qué significa, claro, puedes preguntar a chat GPT sin problema. Es muy probable que algo te resuene y te inspire a hacer cosas que las tienes pensadas muy en el fondo sin aflorar aún.
Cuántas veces te preguntas qué está pensando alguien de ti, de lo que haces, de lo que piensas, de lo que dijiste o hiciste. Estará pensando algo o cero. Probablemente si es alguien con quien no tienes mucho contacto o confianza nunca lo sabrás, con alguien que sí, solo pregunta y ya está.
A mi la curiosidad me mata.
Ahora justamente porque jamás lo podré saber.
No sabré qué piensas, qué opinas o qué me dirías, de qué te reirías y de qué simplemente ni te inmutarías. Cabe la posibilidad que me lo digas en sueños, pero la verdad que lo veo poco probable, no soy tan sensible, al menos no hasta ahora. Me queda intuirlo, imaginarlo y creer que es así, ya cuando nos encontremos me dirás si te sentabas en una nube con canchita a ver qué hacía con mi vida.
Quiero saber qué opinas de lo que me pongo cuando salgo.
De las personas nuevas que conocí desde que no estás, de las que dejé de conocer.
De mis decisiones, de mis cambios y movidas.
De dejarme el pelo largo one more time ¿te gusta?
Dónde me hubieras llevado de viaje por mi cumpleaños.
Qué opinas que ahora soy más buena y menos bitchy.
Qué estoy usando tu ropa gracias a qué volvió el oversize o que estoy un poco más grande, pero definitivamente prefiero pensar lo primero.
Te perdiste la inteligencia artificial y estoy segura que tendría mil reels de cockers hablando en mi DM y estaría renegando del algoritmo que me obligarías a tener.
Te perdiste mis cambios middle age, alguien más los tendrá que soportar.
Te perdiste ver crecer a los chachos, que probablemente te amarían más que a mi.
Te perdiste las fiestas Estigma que seguro te hubiera obligado a ir.
Te perdiste que estuviera en casa sin salir, por mi propia convicción.
Te perdiste los últimos presidentes, uno peor que el otro.
Te perdiste el haberte burlado de mi por comer chifa con vino, así como yo me burlaba de ti cuando hacías lo mismo. Todo cambia y lo que era jamás no qué horror, hoy puede ser un mira, no está nada mal.
Pero te ganaste con toda mi lista de pedidos y un checklist enorme de las cosas que debes hacer que se cumplan. Seguro andas ocupado con otras cosas y cuidando a más personas pero si el tiempo no existe dónde estás, puedes ser multitasking.
Ya nos vemos, no tan pronto creería. Mientras, sigue ahí, trata de no reirte mucho de lo que hago, aunque no te imagino de otra manera y está bien, ya estoy grandecita para decidir bien, y seguiré comprando polos con quotes o dibujos ¡aunque no te gusten!
Dale play al Spotify, al parlante, al tocadisco, a la casetera, al minicomponente, al equipo. Depende tu edad y de que tanto te guste la música, le habrás dado play a muchas o a pocas cosas en tu vida. En mi caso la música está siempre presente, estuvo siempre. Desde que iba de niña en el auto y mi papá escuchaba Rubén Blades, Buscando América.
Y como mi memoria no está trabajando en su máximo nivel en estos tiempos, esto es lo más antiguo que recuerdo. A Blades, Palito Ortega, Rafaella Carrá.
Los de mi edad crecimos con la música 100% ochentera, entre mis 12 y 15 años (1985 a 1987) que dicen es la edad en que se queda grabada en tu memoria y cuando más la sientes en tu corazón. Por eso crecí inventando dramas y queriendo vivirlos tal cual la canción por más que todo era felicidad a esa edad.
Aprendí hasta las letras, gracias a los cancioneros. Si las matemáticas, física y química hubieran venido en cancioneros, otra sería la historia.
Volviendo al 2025, hace unos días puse una canción en Spotify que creó una radio ‘para mi’ con esa canción y me di cuenta que no escuchaba ‘indie’ hace muchos años y disfrute cada sonido, cada letra. Y me puse a pensar, de dónde sale mi gusto por determinada música, qué me gustaba en los 80, 90, 2000, hoy. Por qué me gusta lo que me gusta. Y los ex han tenido también influencia en mi música. Los que pasaron por mi vida y me hicieron escuchar algo nuevo, algo que me gustó y se quedó conmigo y seguro también varias canciones y géneros que se fueron pronto.
Lo más probable es que la música que se quedó conmigo es la que alguna palabra o frase me impactó, me emocionó, me identifiqué de alguna forma, porque soy la que escucha la letra primero, luego la música.
Y vamos uno a uno.
De los que más se quedaron en mi mente y en mi playlist.
Mi ex compañero de salón, de la B.
Aquellos años de los cassettes, de los variaditos, los más fichos, los dorados de cromo. En el Pasaje Los Pinos en Miraflores era el lugar donde tenías que ir si querías grabar algo bueno. O en casa rezando para que el locutor no hablara encima de tu canción favorita, eso era adrenalina pura. Volvamos a mi amigo del cole que me graba un variadito, a su gusto, su elección, tomando en cuenta también lo que me podría gustar de esa selección. Y oh maravilla, ahí estaba:
‘Light my fire’ de The Doors. Ese fue mi primer encuentro con Morrison, con mi Jim.
Y como en los 80’s mi corazoncito más estaba con G3 que con Lluvia, tus besos fríos como la lluvia, The Doors en el variadito fue mi favorita. Y la segunda canción que me llamó la atención fue una de Ziggy Marley que ya olvidé su nombre.
Hablemos sobre mi ex noventero que no me dejó mucho porque era más fan de la pachanga, así que no hay mucho que contar por aquí, solo que si voy a una fiesta pachangera puedo identificar algunos tonitos. Pero lo importante de esta relación, musicalmente hablando, es que llega Alanis Morissette y su You oughta know, justo en el momento perfecto de la separación, así que disfrute cantarla a todo volumen en mi Golf noventero. Jagged little pill, un discazo.
El próximo ex importante en música me dejó lo indie, el house. Passion Pit, Cut Copy, MGMT, Zoe. Buena música, buen playlist, buenos conciertos. Justamente este playlist en Spotify fue el que me inspiró a recordar y escribir.
El baby, más rockero clásico, medio panqueque, medio synth pop, fue la pareja perfecta para bailar en casa con vino, cerveza, una picada casera y cuando hubo la oportunidad, comprar discos en la feria de Brooklyn, NY.
Este año, me hicieron escuchar algunas canciones españolas y ver sus videos, que por algún motivo no veía antes muchos videos o probablemente no lo recuerde. Me parece raro, cuando prácticamente era lo único que había para ver. Me parece prefería mirar una y otra vez los VHS con los conciertos y a Axl Rose en su shortcito blanco. Pero bueno, estas canciones españolas, si bien no necesariamente pasaron a mi playlist de favoritas, me gustaron las letras y me gustó escuchar una de ellas en una de las fiestas ‘Gorila Amarillo’, que son fiestas con música en español toda la noche, mis fiestas favoritas en los 90’s y que este año volvieron.
Después de este recorrido musical, me quedé más con el rock clásico, wave, synth pop, rock en español (es muy amplio pero ya detallar que tipo de rock en español puede ser mucho). Ganaron las discotecas Bauhaus, Bizarro de los 90’s, Nirvana, Biz Pix, Psicosis, Nébula, Estigma… a The Piano, The Edge y algunas más seguramente. Pero claro, que igual estoy open mind a escuchar otros géneros y a Ca7triel & Paco Amoroso.
No se si tú también alguna vez pensaste más allá de lo evidente, de dónde nació tu música, tus gustos. Yo, primera vez.
Hoy que todo tiene que ser inmediato. Hoy que el scroll te seduce, te enamora, te promete casi casi amor eterno para que no lo alejes de tu dedo, para serle fiel día y noche. El scroll en tu vida es la rutina, lo que haces a diario, varias veces, todos los días, sin descanso, pero sin pasión, sin un motivo, solo porque está ahí, porque así tiene que ser, excluyendo claro a quienes lo hacen en un working mood.
No conviertas tu vida en un scroll que va y viene, que le sonries sin que te sonría de vuelta.
Suena fácil, pero cómo hacerlo. Ya sabemos que la vida viene sin manual y que vas a a hacer y deshacer como te lo enseñaron de pequeño, hasta que tienes voluntad, gustos propios y empiezas a explorar, a expandirte, a elegir, a ganar, a perder, a entender. Eres feliz (la mayoría al menos) en la adolescencia, a tus veintes que vives al máximo, sales, bailas, cantas, besas, enamoras, te enamoras, miedo cero, lo puedes todo. Llega la tecnología, para bien y para mal, llegan otras experiencias y responsabilidades que poco a poco te ‘encierran’ en un mundillo donde se puede decir que no eres tan libre y donde sin querer puedes caer en un scroll infinito.
Hoy, 2025, algunas décadas después y algo lejos (pero no tanto ja) de mis veintes vuelvo a empezar, cualquiera sea la interpretación de esta palabra cargada de emociones y que se dice mucho pero realmente es fuerte, es determinante, es complicada y de hecho es difícil empezar a empezar. Es, con esa sensación de re inicio reloaded que se detiene el scroll, mi scroll, ese dedo que prefiere no mirar atrás para seguir avanzando lo más rápido posible.
Que el scroll ahora, sea pasar por experiencias, viajes, conversaciones, reuniones (presenciales de preferencia), caminatas, libros, cine, copas de vino, vasos de Negroni, comida rica, buena música, bailes, risas, carcajadas, llanto, todo es bienvenido en este scroll infinito de la vida. ¿Qué es lo que realmente importa? No hacerlo en automático.
Mientras escribo me digo a mi misma que estaré atenta a no caer en la automatización, practicar el hacer de mi rutina una anti rutina, cambiar de ruta en las caminatas, cambiar de lugar los adornos en casa, cambiar de bar – bueno, siempre hay un favorito al que se vuelve pero intentarlo al menos – , fomentar nuevas charlas, nuevos temas. Y casi casi que esto se está volviendo una especie de ‘sal de tu zona de confort’, y no, no quise caer en algo derivado del coaching pero creo que se entiende el mensaje.
Que este scroll infinito de tu vida sea de los que le sonries y sí te sonríe de vuelta.
Es domingo y empecé a escribir mientras desayunaba café, huevos con jamón y queso en un plato sobre un individual de tela de rayas grises y blancas con algunas manchas típicas de guardado, en tres años desde que me los regalaron, los habré usado, dos, ¿tres veces? Y pensé en todas las cosas que tengo para usar algún día. Tazas, platos, blocks de notas, libros por leer, maquillaje por usar, ropa por estrenar. Pensé en todos los restaurantes por conocer, los platos por probar, las recetas por preparar. Algún día lo haré, algún día vamos. Recordé a los amigos por ver, por conversar. Algún día tomamos un vino, un café, nos reunimos, cuadramos agenda.
Sentada en el sofá, escribiendo, miro frente a mi y veo algunos vinilos que algún día escucharé. Veo alrededor los cuadros que algún día colgaré. Pienso en los viajes que algún día haré. Y pienso en él, pienso en ti baby, como todos los días, pero hoy especialmente pienso en todas las cosas que algún día íbamos a hacer y se quedaron ahí. Se quedaron como dice Sabina, donde habita el olvido. Se quedaron en visto. Y es que te fuiste tan pronto, tan rápido, tan inesperadamente, que no nos dio tiempo el cumplir el ‘juntos hasta viejitos’ con tu cocker también viejo sentados en alguna terraza, pero si así estaba destinado a ser, está bien y estoy bien sabiendo que tú lo estás.
Algún día las cosas cambiarán, las personas se irán, tu cuerpo hablará, tu mente entenderá. Y si ahora, en este momento, el destino se las ingenió para que tú leas estas líneas y no las dejaste para algún día, aprovecha el momento y empieza a hacer, ponle fecha, cambia tres capítulos de una serie por una copa de vino con tu amigo, con tu amiga. Cambia una hora más en la cama, por una hora en la calle, cambia ese algún día por hoy.
Y aunque suene obvio, muchísimos subconscientes pueden pensar lo contrario y zambullirse en una scrolleada diaria de reels tan intensiva, que llegas a perder la noción de la vida real, además que nuestro gran amigo Algoritmo nos va a mostrar lo que queremos ver, lo que nos gusta, lo que nos encanta, lo que nos engancha, lo que nos aprisiona, lo que nos hace wanna be. En mayor o menor medida, muchos andamos metidos en este tema.
Y en el 2024, la parte linda de la vida digital se fue de golpe, dando paso a mi vida real sin filtros. Y sin exagerar, pasó de todo en el 2024, todo lo ‘malo’ o lo que terrenalmente se ve como malo, si bien es parte de la vida misma, porque, te paso el dato, la vida no es buena, no es mala, es todo, es una vida con todo mixeado. No creas que alguien está maldito o tiene mala suerte porque le pasan cosas más complicadas y al que le pasa todo lindo es un re suertudo, se ganó la Tinka. La vida es lo que es, una vida, distinta para cada uno.
Y si quieres sacarte la Tinka, tienes que jugarla todos los domingos, no lamentarte no haber ganado cuando ni siquiera la juegas… dah.
Volviendo a lo mio. Podría decir que nunca sufrí, nunca lloré de verdad en mi vida hasta el 2024. Mi vida burbuja con lunas resistentes al drama, cambió en ese año, pero la práctica de años anteriores creo que me mantuvo cool, mientras mis prácticas más espirituales de los últimos años me mantienen equilibrada.
Igual que las películas que cuando ves alegría extrema, sabes inmediatamente que la tragedia empezará pronto, pues bien, algo casi casi semejante fue en la real life. Salía de un 2023 de celebraciones por los grandes 50, con un primer viaje espectacular con amigas, empalmando un viaje con mi baby a New York que tanto amábamos. Y con muchos planes de grandes decisiones y cambios…. Que no eran los mismos planes que tenía el 2024.
Muere mi papá finales de marzo. En ese mismo mes pero alrededor de quincena, mi baby, que sí puedo decir sin caer en cursilerías o frases hechas que era el amor de mi vida, eramos tal para cual, pero en ese mismo mes le dieron la noticia que tenía cáncer de páncreas y el 2 de mayo, mes de su cumple, muere. Y todo cambia.
Empiezo a entender lo que es sufrir una pérdida, a entender lo que significa la muerte tanto a nivel tierra como a nivel espíritu. A cambiar de planes. A cambiar de humor. A esperar que abra la puerta como todos los días y yo correr a recibirlo como todos los días. Y a aceptar la famosa frase, ‘todo tiene solución menos la muerte’. Aquí no hay vara que te ayude, ni pasadas de tarjeta.
Entendí como perder alguien tan cercano, no solo te cambia el corazón y la mente, el cambio viene completo, en el día a día, porque la vida no para, todo sigue avanzando y tú tienes que seguir también, cambiando el ritmo, cambiando prioridades, reinventando escenarios y rutinas. Y es ahí cuando me doy cuenta de la gente que está a mi alrededor, que por más independiente que sea, la ayuda emocional, la ayuda material, la ayuda tácita, la lejana, la cercana, toda ayuda es bien recibida y valorada cuando llega en un buen momento.
Gran bienvenida del 2024 con dos grandes pérdidas, que cumplieron sus planes en la tierra y siguen viviendo de otra manera espiritual y que eso también es parte de la vida. Para mi tener eso claro, me ayudó bastante en dejar ir.
Y el año siguió dándome novedades, como reivindicandose de todo lo que no me habían dado los años anteriores, nunca antes había frecuentado tanto una clínica y jamás me habían operado, pero de un momento a otro mis bolsas de Zara pasaron a ser bolsas de Sanna y mis búsquedas en google pasaron de ‘dónde viajar’ a ‘a los cuántos días puedo barrer después de una histerectomia’.
Y al final del día o del año (pasado), para mi todo se resume en lo que dijo el padre en la misa de gallo: ‘no tienes la culpa de la cara que tienes pero sí de la cara que pones’. Ponle buena cara a lo que pase, porque tienes que seguir viviendo y los que se fueron están muy bien lejos de la tierra y si nos ven, nos sienten, para qué darles más problemas que no pueden resolver. Esto no significa bloquear la tristeza, significa llevarla de la mejor manera posible y en mi caso me queda claro que fue un año especial por decirlo de alguna manera pero no lo tomo como un año trágico o malo y no me pongo a decir ‘por qué a mi!!!’.
No me nace hacerlo, no me nace ponerle al 2024 el adjetivo de malo y estoy feliz de no hacerlo, porque veo oportunidades de cambio, de mejora con cada cosa que pasa.
Es tan difícil saber cómo y cuándo vas a reaccionar ante ciertos eventos, no lo sabes hasta que pasa y hasta que escuchas opiniones, algunas que pides, otras que no, pero ahí está todo, servido en bandeja para que tomes lo que te convenga. Y cada situación, cada duelo, cada enfermedad, cada alegría, cada cambio es distinto en cada persona, esto me hace volver al tema de los reels de Instagram, el que estuvo en fuerte tendencia en diciembre 2024 de ‘escuchamos pero no juzgamos’.
Ya estamos en el 2025, vívanlo, disfrútenlo sin presionarse tanto. No sabes cuándo o cómo cambian tus planes o tu idea de la vida. Vivan más y mejor su vida real que virtual.
Al parecer sí, pero es súper raro todo. En estas semanas de cuarentena vengo trabajando casi como siempre en horas diarias, con diferentes procesos y diferentes estrategias claro está, pero es por eso que dentro de todo, mi rutina no ha cambiado al 100%. Así que mi vida como tal, no está tan alborotada o incontrolable.
Lamentablemente parte de esta realidad, como en cualquier realidad, es la muerte y ha habido algunas cerca. La mamá de una amiga cercana, el papá de alguien parte de la familia… pero debo admitir que la que más me chocó fue la de un compañero del salón de mi colegio. No lo veía hace muchos años, pero es de mi colegio, de mi salón, de toda la vida, es de esas amistades que no importa los años que pasen, siempre seremos como hermanos. Hermanos que no se ven seguido pero siguen siendo hermanos… Y murió a una edad que no se supone deberías morir, dejando a una familia que recién empezaba a formarse.
No hubo forma de abrazarnos. De acercarnos a los amigos que habían perdido un ser querido. De llorar juntos. O de reírnos recordando. De darles un poco de alivio dentro de lo que están pasando.
Súper raro dar muestras de cariño por whatsapp, decir lo siento en un comentario de redes sociales. Pero déjenme decirles que pandemia o no, cada vez lo siento más común y bueno, al fin y al cabo es una forma de expresión, que tampoco diré está mal. Al menos para mi que hablo menos y escribo más, me va bien. Pero sí es súper raro, y sí, live goes on, de forma disitinta a lo acostumbrada pero ahí va, avanzando, atropellando, esquivando… y sin dejarnos un poco de tiempo para darle el alcance y decirle hey! Aquí estoy y estoy a tu ritmo, let’s go!
Unos cuantos cuandos ¿no le hacen mal a nadie? U never know…
Cuando pague mi tarjeta de crédito viajamos todos.
Cuando tenga más plata arreglamos la casa.
Cuando baje 3 kilos empiezo a usarlo.
Cuando baje el trabajo nos vamos de viaje.
Cuando vayamos a un bar bonito me lo pongo.
Cuando aprueben el proyecto conversamos.
Cuando salga temprano del trabajo nos vemos.
Cuando esté cerca de tu casa te paso la voz.
Cuando baje mis deudas nos mudamos.
Cuando llegue fin de mes lo compramos.
Cuando puedas avísame.
Cuando puedan todos nos reunímos.
Cuando no esté cansada salimos.
Cuando me hable le digo.
Cuando salga el sol arreglamos la terraza.
Cuando haga frío vamos a salir menos.
Cuando me quede sola sigo leyendo mi libro.
Cuando sea mayor me voy unos meses a Europa.
Cuando nadie me moleste vuelvo a escribir.
Y así nos podemos pasar la vida de cuando en cuando. Me pasa. Me ha pasado y me seguirá pasando seguramente. Pero ya ven ahora, como estamos sin hacer planes, sin saber cuándo vamos a poder hacer algún plan. En una cuarentena donde felizmente la gente cercana a mi está bien. Está bien y además podemos ayudar a los que no tanto. Ese es un privilegio que hay que agradecer cada día.
Pero qué hacemos con tanto ‘cuando’ que ya pasó por nuestra vida. Tantos cuandos que segurmente me han hecho perder experiencias, amigos, amores, oportunidades. Ya nunca lo sabré. Nunca sabré que hubiera pasado si ese cuando lo hubiera hecho en el momento. Y ya fue. Ya no importa.
Pero empieza a importar lo que viene después de esta nueva y única experiencia llamada coronavirus. Porque ya nos puso la vida en la cara que en cualquier momento cambia todo. Y para todos.
Nadie dice que ahora iré por la vida diciéndole a todo el mundo lo que nunca dije y haciendo todo lo que quiero, lo que no hice y comprando lo que me da la gana, pero sí viviré más el día a día, haré un mejor equilibrio de las cosas. Me esforzaré por dar un poco más para lograr más y mejores respuestas, nuevos resultados, nuevas experiencias.