Una noche, sola en el depa, ¿qué es lo mejor que puedo hacer? Ver ‘Envidiosa’, que estrenó hace unos días su entiendo última temporada. Ahora amo a Vicky, la protagonista, cuando en la primera temporada me chocó su intensidad, ahora todo bien. Y la serie buenísima, será porque siempre hay algo con qué o con quién identificarse.
Hay un momento tenso entre la protagonista y un vendedor en el market por un cepillo de dientes. Este cepillo venía en un pack de dos cepillos y ella solo quería uno. Así que o te llevabas los dos cepillos o nada.
Eso es porque todo viene en pack, en combo, con mochila, con antecedentes, con carga.
En la vida todo viene con algo al lado, encima, abajo, dentro, fuera.
Todo viene con algo pequeño o grande y no te dan a elegir. Aunque a veces, sí, por ahí que puedes decidir agrandar y ponerle extra condimento.
Y así es cómo funciona este gran escenario de la vida. Sin ensayo previo y sin que puedas hacer un casting previo. Cada persona que conoces viene con su historia, con sus capas.
Habían fines de semana que saltaban esas dudas por un momento y luego de disipaban.
Ubiquémonos en el tiempo, año más o menos 2005, entre jóvenes y adultos. Una edad que no sabes bien si ya ‘debes sentar cabeza’, estar casado o pensando en tener hijos o hacer lo que te venga en gana con tu vida. También estábamos quiénes simplemente vivíamos el momento sin pensar en ninguna opción aún.
Cada fin de semana religiosamente asistíamos a un bar para conversar y tomar unas cervezas. Luego del bar y antes de las tres de la mañana que los locales empezaban a restringir los ingresos, caminábamos unas cuadras hasta la discoteca para bailar sin parar hasta casi las seis.
La música iba entre los ochentas, noventas, con un estilo synth pop, new wave, indie. Muy buenos temas, buena mezcla. Un local oscuro como el feeling de su música y una barra no muy prometedora, donde pedir cerveza era lo más seguro.
Ya se sabía qué canción seguía o qué canción ponía a bailar a todos y a dar algunos grititos de emoción y cantar eufóricamente mirando a la cabina del DJ como si estuviéramos en un concierto. Otros bailaban con los parlantes y algunos mirando la pantalla de videos. Grandes noches.
En esa confusión de temas, conversaciones, luces en medio de la oscuridad, dos personas se reconocían, y empezaban a bailar uno cerca del otro. Al ritmo de la música se acercaban poco a poco, paso a paso, ritmo a ritmo, cantada a cantada hasta quedar uno frente al otro, como si hubiera existido la pregunta: ‘¿quieres bailar?’
Poco después ya estaban de la mano y bailando como si hubieran llegado juntos.
Así cada sábado. Novios Bailables, puede ser una nueva categoría y se resuelve el misterio del título.
Todos se sienten más emocionales en algún momento. Definitivamente no todos a la vez porque sería una desgracia. Una depresión que tocaría fondo, muy al fondo. Todo el mundo se oscurecería hasta que en algún momento todos volvamos a un nivel energético positivo.
Pero eso es una fantasía.
Lo up and downs son individuales, independientes. Vienen de a uno.
Paso por aquí solo para dejar frases de canciones que a mi me ‘tocan’, me causan algún efecto. Alguna sensación. Alguna emoción.
Estos días que están cómo ‘especiales’, no estoy segura si por algún planeta retrógrado, alineado o por simple gusto y gracia de la vida.
Pero previo a llegar a las frases de canciones, tengo ganas de contarles que vi la película con Ryan Goslin, Project Hail Mary que le hicieron fama de buenísima, la mejor de estos tiempos, que te saca todas las emociones. Debo confesar que más emociones me causó Barbie que esta película. Cero. Ni una risa. Ni una lágrima. Raro, pero es cuando te das cuenta, que no todos sentimos igual, claramente. Depende no solo de la persona, si no del día en qué estés.
Y también fui al teatro a ver El Túnel, una obra con música de los ochentas y noventas que sí generó más emociones, quizá por ser más cercana a mi realidad.
Ahora sí, vamos con las frases de canciones que a mi me causan algún efecto. Así la escuche hoy o cuando la escuché cinco, diez o veinte años atrás. Solo unas cuantas, porque deben haber muchísimas letras. Porque soy de las que prestan más atención a las letras que la música.
If you leave don’t look back, please don´t take me all away.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.
One day we gonna live in Paris, I promise.
And I told you to be patient
And I told you to be fine
But if you wait around a while I’ll make you fall for me
(I promise you)
I wish, I could just make you turn around
Turn around and see me cry
No habrá fiestas para mañana
Abandónate, abandónate
Como una hoja en el viento ¡viento!
How I wish
How I wish you were here
And I thank you
For bringing me here
For showing me home
Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
Carricoches de miga de pan, soldaditos de lata
Me ha pasado mi hora, ¿quién robó mis años?
Cambio toda esta familia por un segundo con vos
Buscando otro cuerpo, otra voz
Fui consumiendo infiernos
Para salir de vos
The wind in my hair makes me so aware
How good it is to live tonight
An older version of me Is she perverted like me? Would she go down on you in a theatre?
Estamos comiendo un Zambito (es un helado conocido en Lima) a unas cuadras de tu casa.
Ven
¡Voy!
Me escribe mi amiga. Vamos a Paracas tres días.
Una propuesta demasiado provocadora, quizá subida en inversión para pocos días.
¡Vamos!
Siempre comemos en los mismos sitios, rico, interesante, local bonito, pero probemos otra cosa.
¡Probemos!
Ya tomé un par pero me provoca un Negroni más.
Si quieres, puedes.
¡Qué pase el Negroni!
Qué dolor de pies y ya son casi las cinco de la mañana.
Qué buena canción ¿una más?
¡Cinco más por lo menos!
Todo el trámite de viajar para cuatro días. Cómo estará el clima. ¿Será muy caro?
¡Compra el pasaje!
Y así una cantidad de propuestas todas decentes hasta ahora que por ahí te sacan de tu zona de comfort solo un poco, nada exagerado, pero que hacen la diferencia cuando dices Yes I Do. Se siente buenísimo quedarse en casa en las noches viendo streaming, descansando, organizándote para el día siguiente, pero ¿todos los días?
Hoy un amigo me responde a una mini filosofada esta mañana, así:
“Eso refuerza lo que dice aquel sabio filósofo Bad Bunny “vamo a disfrutar, que nunca se sabe si nos queda poco”
No quiero tenerlas en un florero, que además me da trabajo de ponerle el agua, para que se mueran a los dos días.
Prefiero algo que dure más.
Un bolso.
Ropa.
Una gift card quizá.
También podemos ir a cenar, invítame a ese restaurante nuevo.
Confieso que yo también caí en esa tendencia y me dejé llevar por la onda de mujeres no tan sensibles que ya no se emocionaban por un ramo de flores.
Hasta ahora, que scrolleando en un momento zombie que no paraba de pasar reel tras reel, escucho a Drew Barrymore entrevistando a un chico que decía que las flores son para eso.
Están hechas para durar un momento.
Poco tiempo.
Y eso las hace especiales, eso hace especial el momento en el que te las regalan. Es solo disfrutar el momento en el que te llegan y las horas de vida que le quedan.
Ahora sí quiero recibir flores y darle atención a ese momento especial.
Puede haber un motivo como que ninguno y eso es mejor, que lleguen por puro gusto.
Ya no voy a pensar que van a morir pronto.
Voy a admirarlas, a ponerlas en el lugar que merecen.
Cuántos momentos igual que las flores se mueren antes de estar en unas manos, en un florero, en una mesa. Cuántas veces haces una historia en tu cabeza de lo que va a pasar y de lo que pudo pasar antes de vivir el momento.
Hay que hacer que pasen cosas.
Hay que vivirlas, disfrutarlas. Justo cuando están ahí, para nosotros.
Cuando recibas flores, no pienses en qué vas a hacer con ellas, no pienses que se van a morir, no pienses que mejor hubiera sido otro regalo, no pienses que son feas.
Mejor piensa en por qué te las dieron, por qué te las mereces, admíralas, ponlas en un florero y date cuenta como cambia todo el ambiente. Cómo cambias tú por lo lindo que se ve.
Hay varios estilos de amigos. Nunca lo había analizado así tan racional. Como un menú de amigos. Como una carta de tu restaurante favorito.
Puedes elegir con quien hablar de negocios. Con quien salir a probar nuevos restaurantes, sobre todo aquí en Lima que abren un restaurante a la semana. Estoy exagerando quizá pero casi.
Amigos para bailar y beber. Amigos para filosofar y dramatizar. Amigos para reírte solo con mirarse. Amigos para viajar. Amigos para ponerte al día con podcast de audios interminables para sacar conclusiones de vida. Amigos para conciertos. Amigos para shopping. Amigos fitness. Amigos para compartir reels. Amigos para renegar de la vida.
Amigos mix and match que van bien para todo lo anterior enfatizando en algunos temas y categorías. Definitivamente cada uno tiene especialidades y maestrías donde destacar.
Y todo este análisis semi exhaustivo del tipo de amistades, nace de una conversación con un amigo que no tengo claro ahora en qué categoría o categorías posicionarlo pero es algo parecido a mi asesor personal también y fan de los vinos. Hablábamos de algo que es mejor hablar con cierto estilo de amistades y de ahí surgió el concepto de haber un amigo para cada tema.
Y además, días después tuve la suerte (casi no llego) de ir a una reunión con un compañero de escuela que estudiamos juntos desde cuarto de primaria, unos cuatro cinco años, luego se fue a otro país. Pocos años y tantos a la vez. Equis cantidad de años significa mucho o poco dependiendo la etapa de vida y edad en la que estés.
Llego a esa reunión y ahí estaba él. Sin vernos desde hace treinta y ocho años. Wow. Muchos años realmente. Y suena a frase cliché pero realmente parecía que nos habíamos visto el día anterior. La misma confianza. Cariño auténtico. Conexión inmediata. Y analizando el tema. Ese tipo de conexiones libres de interferencia yo creo se logran además de tener una buena energía de ambas partes es también cuando te conociste, en este caso de niños, cuando no había mucha contaminación mental.
Hoy que existen más estilos de comunicación, hay amigos con los que dividimos (hablo en plural porque creería que la mayoría hace lo mismo) _ dividimos las conversaciones según el medio de contacto: WhatsApp, correo, Instagram. Y en los mismos treinta minutos podemos hablar con la misma persona diferentes temas por los diferentes medios.
Yo tengo pocos amigos y los temas los dividimos según el medio de contacto. Así que al final son muchos amigos.
es muy probable que no sepas cuándo lo vas a estar y es porque no tienes cómo saberlo.
Hoy no estoy para hablar contigo.
Hoy no estoy para tener esta conversación.
Hoy no estoy para asistir a esa reunión.
Hoy no estoy para salir a cenar.
Hoy no estoy para salir a bailar.
Hoy no estoy para visitarte.
Hoy no estoy para escribirte.
Lo haré cuando esté listo.
Pero el problema es que puede que nunca lo estés, si no pruebas, si no haces, si no dices, si no caminas, si no corres, si no empiezas.
Si no empiezas.
Nunca se me hubiera ocurrido que la palabra empezar fuera tan importante. Es la única acción que te lleva a algo. Que te acerca a lo que quieres para que no se quede solo en un sueño, en una idea, en un concepto, en un que hubiera sido si.
Te pasa que alguna vez o muchas veces dices que nunca tienes tiempo para nada. Para nada. Piensa qué es ese nada, es justamente lo que te llena, lo que te gusta, ese nada es todo. Ese tiempo que no le das a lo que te gusta porque dices que no tienes un minuto en tu vida, te puede estar quitando algo importante, algo que te llena.
La próxima vez que pienses
hoy no estoy para eso
piensa que mañana puede que tampoco.
Todos tenemos algo para sanar
algo por solucionar
algo por olvidar
Pero si vas a esperar estar bien para hacer las cosas, podría pasar que sigas esperando.
Y no, no se trata de un relato misterioso ni de deseos de morir o que te mates. Tampoco soy argentina pero iba bien para el título.
Memento Mori
Memento Mori
Bella frase, con ritmo, y llena de emes.
Es una frase que ha cruzado siglos, continentes, desde la antigua Roma. Pero llega a mi gracias a Depeche Mode, sí, bien superficial su llegada pero bueno, la conocí, no importa por dónde venga lo bueno y cuándo llega. Lo que importa es saberlo reconocer, saberlo aprovechar.
Este grupo – Depeche Mode – sacó un disco con ese nombre, muy en su onda dark wave o synth pop y no hace mucho con una amiga que nos encanta el grupo fuimos al cine a ver nada más y nada menos que Memento Mori, el concierto en México. Era esa mezcla hermosa de ver a David Gahan moverse en el escenario con la poesía de los mexicanos que aman la muerte, una combinación exquisita, muy poética.
Y Memento Mori
que significa recuerda que vas a morir, recuerda que no eres eterno, recuerda que estás aquí para vivir, recuerda que mueres porque mueres. Y es lo mejor que te pueden recordar. Si no te acuerdas que vas a morir y te crees inmortal, vas a vivir como inmortal, probablemente aburrido porque el tiempo te sobra. Haciendo lo mismo todos los días, adorando tu rutina, creando tu espacio inmortal donde los mortales no podemos entrar.
Para qué dejar entrar algo que incomode tu inmortalidad.
Si cada día recuerdas esta frase, este concepto y lo pones como tu vision board, seguramente empezarás a vivir. A vivir más. A vivir mejor. A empujar hacia un costado esa rutina que está tan cómoda y acurrucada a tu lado, a querer sentir frío cuando amas el calor, a querer sudar cuando te encanta estar a temperatura promedio.
Vas a querer salir.
Hablar.
Conocer nueva música, nuevas personas.
Bailar hasta abajo.
Vas a querer tomar ese curso.
Hacer ese viaje.
Hablar con la gente.
Saludar a más desconocidos.
Vas a pedir incomodidad.
Estar incómodo es vivir más emociones de las que estás acostumbrado.
Vas a querer.
No te vas a conformar.
Vas a querer.
Memento Mori para todos.
Para todos nosotros que vamos a morir y solo por eso tenemos que vivir.
Definitivamente me considero joven aunque matemáticamente algunos digan que soy una persona adulta. Y sea por la juventud, la no juventud, adultez cerebral o lo que fuera, hay una realidad de falta de memoria.
Podría ser atrevida y generalizar o decir que son ya muchas personas las que tienen una memoria frágil. Y hace poco leí que sentimos que el tiempo pasa más rápido, esto también tiene explicación y está relacionada a la memoria.
Antes y por antes me refiero a los años ochentas y los años noventas especialmente, se vivía más, las experiencias eran más relevantes, estaban mejor atendidas, les prestábamos la atención que merecían en ese momento. Voy a pensar en un ejemplo por si algunos en edad temprana me están leyendo.
Vayamos a los años 90, viviendo en Lima, Perú, trabajando en una agencia de publicidad, un fin de semana nos ibamos a Punta Hermosa, a la playa, a la casa que habíamos alquilado. Viernes, cinco de la tarde, empezaba el relajo.
-¡Suelten la línea uno!
Escuchabas gritar. Y es que sí, no te llamaban al smartphone, perdón, no te escribían. Te llamaban a un teléfono fijo, para salir, para tomar algo, para ver a qué hora nos encontrábamos para salir a comprar y luego a la carretera para ir a la playa. Ya luego de haber coordinado, salíamos a comprar, bien equipados, nos metíamos al auto que se pudiera y directo a Punta. Ya en la casa, a airear un poco el cuarto, una limpiadita, una arreglada y nos alistamos para recibir a los chicos para luego de unos drinks, ir a bailar a Parnaiba o algo por ahí. Quizá en la misma terraza de la casa, sacábamos el equipo de música (sí, el equipo, nada de parlante) y unos buenos discos variaditos.
No entraré en detalle, pero debo decir que me acuerdo de varias fiestas, varias conversaciones, varias noches con la emoción de esperar a que llegue el chico que me gustaba, para empezar a hablar de música, de The Doors, de la vida. Y sin monitorear con mensajes qué dónde estás, que a qué hora llegas, que qué vas a traer, que con quien vienes, que qué hacemos. Nada, simplemente llegaba y que la noche nos sorprenda, relax. A lo Mr. Mojo Risin’.
Hoy es un poco distinto, al menos en lo que me toca vivir a mi.
Quedas en salir semanas antes, separas fecha, anotas para no olvidarte y no quedar con varias personas a la vez. Llega el día, digamos de ir a un bar, una fiesta. A qué hora, dónde nos encontramos, qué llevamos. Quién irá. Quién no. Y probablemente no recuerde qué hablé al detalle o qué baile, y no solo por efecto de los negronis, es por estar entre viendo el celular, escribiendo, por ahí te muestran algo que está pasando en Instagram, mira aquí, mira allá. No lo sé, pero muchos estímulos, muchos temas para atender. Y la emoción no es la misma que concentrarte en un solo evento o en dos a lo mucho.
Hablo un poco en general y estoy siendo mala gente con algunas salidas actuales como las ‘fiestas Estigma’ que son algo especial porque vamos con amigas a bailar lo que nos gusta y básicamente prestamos atención a bailar y no a mucho más, un negroni, una Stella a lo mucho. Bajarle los to do’s a la noche está bueno. Ayuda a que la memoria no sea frágil y acumule más recuerdos placenteros.
Al inicio hablaba de hoy, de los tiempos de ahora, que se olvidan las cosas más fácilmente y que no existe la buena memoria. Y mencionaba también lo que leí. Básicamente y en fácil, es que con lo digital hacemos tantas cosas a la vez que sin darnos cuenta no le prestamos la atención necesaria a una acción en especial. Y a eso súmale la edad frente a los noventas, donde posiblemente ahora tengas mayores responsabilidades, preocupaciones, personas que atender, que mantener.
El cerebro se está acostumbrando a esa velocidad, a interactuar con estímulos rápidos y varios a la vez, a vivir rápido, a tener todo inmediato, a desesperarse si no te contestan, si no te mantienen al tanto, si no llega el delivery, si no carga pronto una página web. Y eso ha hecho que la vida cambie, que la memoria cambie, porque el cerebro actúa distinto.
Hace poco salí a caminar con mi mejor amiga que nos conocemos la vida y al despedirnos, ella se iba a la derecha y yo a la izquierda. Al segundo las dos recordamos cuando hacíamos lo mismo pero teníamos quince años y estábamos horas en la calle sin celular, sin presiones, sin saber qué iba a pasar porque no teníamos un aparatito que nos decía que estaba pasando a esa misma hora pero unos metros, unos kilómetros más lejos. Vivíamos solo el momento y el ver de no pasarnos la hora para volver a casa y no nos den por muertas o secuestradas.
Esa memoria de cuando teníamos quince años quedó ahí, en nuestro cerebro y se activó cuando recreamos la misma situación sin darnos cuenta. La culpa no es de la tecnología, es de cómo la lleves en tu vida.
Así en medio de la calle, no tienes nada que hacer por lo menos en unas diez horas. Nadie te espera. Nadie te llama. Nadie te escribe. Ni por Whatsapp. Ni por DM. Nadie te comparte un reel gracioso. Nadie te comparte una publicación que podría ser interesante para ti. Nadie te deja un audio.
Nadie se acuerda de ti.
Nadie te necesita.
Nadie.
En qué pensarías. Qué harías.
Yo
me sentiría cien por ciento libre.
Ni yo me necesito.
Pensé en poner una botella de vino en la escena, pero creo que ni eso es necesario.
La hora es importante.
Seis de la mañana.
Lima, Perú. Verano. Vacaciones. San Isidro.
Dudo que muchos carros pasen y ya está iluminado por la temporada pero no tanto como para morirte de calor. No tanto como para incomodarte. It’s ok.
No faltará un Maltipoo saliendo a pasear con su dueño runner.