A veces solo tienes que moverte un poquito

Hace unos días soñé.

Tuve un sueño que recuerdo clarísimo. Recuerdo muy bien lo importante al menos y eso definitivamente no es muy común. En los últimos años, he despertado con la sensación de haber soñado algo relacionado a un tema, pero no pasaba más allá de eso.

Era un cielo azul.

Azul intenso.

No muy oscuro, no muy claro.

Esa hora que ni es de día ni es de noche y generalmente estás terminando algo o a punto de iniciarlo. Era más cerca de la noche que del día definitivamente y ahi estaba bajo ese cielo azul, azul intenso y además estrellado, un juego de columpios. Como los de antes que hasta hoy existen, en más variantes que en los años ochenta, pero con la misma mecánica y funcionalidad.

El ambiente es el que era un poco difuso al despertar, pero en el sueño era muy claro, que era una habitación sin techo, alguien la limpiaba o acomodaba.

Yo vi el columpio, me emocioné y sin pensarlo subí a columpiarme. Empecé a darme impulso con los pies, para llegar lo más alto posible. Esa era la consigna, lo más alto posible. De a pocos me balanceaba, pero había un fierro del mismo columpio muy cerca, me golpeaba. Y si me elevaba un poco más, mis pies estaban a unos escasos centímetros de golpear a la señora que ordenaba ese espacio que entiendo era mi espacio.

Un poco frustrada por no poder volar cada vez más alto, más lejos, decidí sentarme al revés, mirando al lado opuesto. Y empezar nuevamente a impulsarme, los pies adelante, los pies para atrás. Y así, con cada movimiento fui tomando velocidad, tomando vuelo. Cada vez más alto. Cada vez menos esfuerzo. No me chocaba con nada. Con nadie. Veía las estrellas más cerca y una sensación de felicidad. De libertad.

Y listo, desperté.

El sueño perfecto, ni más ni menos.

El mismo columpio, solo había que voltear.

Mirar desde otra perspectiva.

A veces solo tienes que moverte un poquito.

A veces solo tienes que moverte un poquito

Sin gas y descafeinado

En una tarde fría en Madrid entra un señor a un restaurante.

Era el restaurante del hotel donde estaba hospedada, entra este señor, se sienta en una mesa pequeña, pide dos bebidas, se sienta a leer un periódico y llama a creería era su esposa a avisarle que se encontraría con alguien, posiblemente. Hasta donde estuve no llegó nadie.

Lo que llamó mi atención es que el señor pide por favor un café descafeinado y un agua sin gas. Automáticamente en mi mente pensé, pero que tío para más aburrido, café sin cafeína y agua sin gas, sin alegría burbujeante. Y en segundos imaginé su vida así, lo juzgué por su pedido, un hombre sin gracia. Absolutamente irracional mi pensamiento, claro está, pero fue inevitable que mi mente viaje por ese lado ante ese pedido que captó mi atención, tanto así que escribí algo sobre ello y tú lo estás leyendo ahora.

Y a los segundos también me dije,

-¿Pero no es esa la vida que buscas?

Estar en un café sin nada que te altere, sin llamadas, sin celular en mano.

Tanto como quiero llenarme de ocupaciones también quiero quitármelas, principalmente del espacio mental. De ese espacio que no para y siempre quiere más.

Estar solo leyendo sin apuro y por placer, con un café y un agua. Así de simple. Con cafeína y con gas en mi caso, pero café y agua al fin y al cabo.

Sin gas y descafeinado

Mi Taxi Driver

Pedí un taxi para regresar a casa, lo esperé unos minutos, llega, y al subir me sentí cómoda porque era un auto moderno, limpio, con aire acondicionado. Todo bien.

En la radio terminaba de sonar una canción de Reik o Río Roma, me van a disculpar no domino mucho ese género musical, pero sí la canción me era conocida. Inmediatamente después empieza:

Laura no está, Laura se fue y no la encontraré en tu piel, es enfermizo sabes que no quisiera besarte a ti pensando en ella.

Lo primero que pensé fue, interesante, la pinta de este chico no la relaciono con la música que estamos escuchando. Joven, una combinación de rasta con chico malo, tatuajes, anillos.

Lo segundo es que estaba manejando rápido, algo más rápido de lo se espera normalmente, pero manejaba seguro, noté que sabía manejar rápido, no frenaba y aceleraba, no movía el auto en forma brusca.

Viajaba nerviosa y confiada a la vez mientras me gustaba escuchar Laura no está Laura se fue.. muchos sentimientos, muchas emociones en tan pocos minutos.

Y claro que este blog no trata de mi experiencia en el taxi.

Pero todo eso que sentí es la vida finalmente.

Un buen soundtrack de fondo.

Y no necesariamente de la música que te guste, mejor aún si es una música que acompaña y que va bien en ese momento, sea te guste o no. Escucha, siente el momento.

Prejuicios con la gente que ni conoces, con la que sí, hasta contigo.

Tenía que haber estado escuchando reggae porque tenía dreads, rock porque tenía tattoos y anillos. I don’t think so.

Acelera sin problema

Si a veces tienes que ir rápido o tienes que viajar por la vida con alguien que va rápido y hacia algo bueno. Dale, vamos, acelera, porque si vas seguro, vas bien. Pasa lo mismo si la velocidad es menos, lo importante es avanzar.

Buen movimiento

Buen soundtrack

Buen destino

Y tratar que sea una buena vida.

Mi Taxi Driver

Hoy no estoy para esto

Y cuando lo vas a estar, ¿lo sabes?

¿lo intuyes?

¿quieres saberlo?

¿te da igual?

Mejor scrolleas y ¿te olvidas un rato de todo?

Si hoy no estas listo, 

es muy probable que no sepas cuándo lo vas a estar y es porque no tienes cómo saberlo.

Hoy no estoy para hablar contigo.

Hoy no estoy para tener esta conversación.

Hoy no estoy para asistir a esa reunión.

Hoy no estoy para salir a cenar.

Hoy no estoy para salir a bailar.

Hoy no estoy para visitarte.

Hoy no estoy para escribirte.

Lo haré cuando esté listo.

Pero el problema es que puede que nunca lo estés, si no pruebas, si no haces, si no dices, si no caminas, si no corres, si no empiezas.

Si no empiezas.

Nunca se me hubiera ocurrido que la palabra empezar fuera tan importante. Es la única acción que te lleva a algo. Que te acerca a lo que quieres para que no se quede solo en un sueño, en una idea, en un concepto, en un que hubiera sido si.

Te pasa que alguna vez o muchas veces dices que nunca tienes tiempo para nada. Para nada. Piensa qué es ese nada, es justamente lo que te llena, lo que te gusta, ese nada es todo. Ese tiempo que no le das a lo que te gusta porque dices que no tienes un minuto en tu vida, te puede estar quitando algo importante, algo que te llena.

La próxima vez que pienses

hoy no estoy para eso

piensa que mañana puede que tampoco.

Todos tenemos algo para sanar

algo por solucionar

algo por olvidar

Pero si vas a esperar estar bien para hacer las cosas, podría pasar que sigas esperando.

Hazlo.

Mándate.

Total.

Hoy no estoy para esto

Mori o Morí

Y no, no se trata de un relato misterioso ni de deseos de morir o que te mates. Tampoco soy argentina pero iba bien para el título.

Memento Mori

Memento Mori

Bella frase, con ritmo, y llena de emes.

Es una frase que ha cruzado siglos, continentes, desde la antigua Roma. Pero llega a mi gracias a Depeche Mode, sí, bien superficial su llegada pero bueno, la conocí, no importa por dónde venga lo bueno y cuándo llega. Lo que importa es saberlo reconocer, saberlo aprovechar.

Este grupo – Depeche Mode – sacó un disco con ese nombre, muy en su onda dark wave o synth pop y no hace mucho con una amiga que nos encanta el grupo fuimos al cine a ver nada más y nada menos que Memento Mori, el concierto en México. Era esa mezcla hermosa de ver a David Gahan moverse en el escenario con la poesía de los mexicanos que aman la muerte, una combinación exquisita, muy poética.

Y Memento Mori

que significa recuerda que vas a morir, recuerda que no eres eterno, recuerda que estás aquí para vivir, recuerda que mueres porque mueres. Y es lo mejor que te pueden recordar. Si no te acuerdas que vas a morir y te crees inmortal, vas a vivir como inmortal, probablemente aburrido porque el tiempo te sobra. Haciendo lo mismo todos los días, adorando tu rutina, creando tu espacio inmortal donde los mortales no podemos entrar.

Para qué dejar entrar algo que incomode tu inmortalidad.

Si cada día recuerdas esta frase, este concepto y lo pones como tu vision board, seguramente empezarás a vivir. A vivir más. A vivir mejor. A empujar hacia un costado esa rutina que está tan cómoda y acurrucada a tu lado, a querer sentir frío cuando amas el calor, a querer sudar cuando te encanta estar a temperatura promedio.

Vas a querer salir.

Hablar.

Conocer nueva música, nuevas personas.

Bailar hasta abajo.

Vas a querer tomar ese curso.

Hacer ese viaje.

Hablar con la gente.

Saludar a más desconocidos.

Vas a pedir incomodidad.

Estar incómodo es vivir más emociones de las que estás acostumbrado.

Vas a querer.

No te vas a conformar.

Vas a querer.

Memento Mori para todos.

Para todos nosotros que vamos a morir y solo por eso tenemos que vivir.

Mori o Morí

¿Te acuerdas o no?

Definitivamente me considero joven aunque matemáticamente algunos digan que soy una persona adulta. Y sea por la juventud, la no juventud, adultez cerebral o lo que fuera, hay una realidad de falta de memoria.

Podría ser atrevida y generalizar o decir que son ya muchas personas las que tienen una memoria frágil. Y hace poco leí que sentimos que el tiempo pasa más rápido, esto también tiene explicación y está relacionada a la memoria.

Antes y por antes me refiero a los años ochentas y los años noventas especialmente, se vivía más, las experiencias eran más relevantes, estaban mejor atendidas, les prestábamos la atención que merecían en ese momento. Voy a pensar en un ejemplo por si algunos en edad temprana me están leyendo.

Vayamos a los años 90, viviendo en Lima, Perú, trabajando en una agencia de publicidad, un fin de semana nos ibamos a Punta Hermosa, a la playa, a la casa que habíamos alquilado. Viernes, cinco de la tarde, empezaba el relajo.

-¡Suelten la línea uno!

Escuchabas gritar. Y es que sí, no te llamaban al smartphone, perdón, no te escribían. Te llamaban a un teléfono fijo, para salir, para tomar algo, para ver a qué hora nos encontrábamos para salir a comprar y luego a la carretera para ir a la playa. Ya luego de haber coordinado, salíamos a comprar, bien equipados, nos metíamos al auto que se pudiera y directo a Punta. Ya en la casa, a airear un poco el cuarto, una limpiadita, una arreglada y nos alistamos para recibir a los chicos para luego de unos drinks, ir a bailar a Parnaiba o algo por ahí. Quizá en la misma terraza de la casa, sacábamos el equipo de música (sí, el equipo, nada de parlante) y unos buenos discos variaditos.

No entraré en detalle, pero debo decir que me acuerdo de varias fiestas, varias conversaciones, varias noches con la emoción de esperar a que llegue el chico que me gustaba, para empezar a hablar de música, de The Doors, de la vida. Y sin monitorear con mensajes qué dónde estás, que a qué hora llegas, que qué vas a traer, que con quien vienes, que qué hacemos. Nada, simplemente llegaba y que la noche nos sorprenda, relax. A lo Mr. Mojo Risin’.

Hoy es un poco distinto, al menos en lo que me toca vivir a mi.

Quedas en salir semanas antes, separas fecha, anotas para no olvidarte y no quedar con varias personas a la vez. Llega el día, digamos de ir a un bar, una fiesta. A qué hora, dónde nos encontramos, qué llevamos. Quién irá. Quién no. Y probablemente no recuerde qué hablé al detalle o qué baile, y no solo por efecto de los negronis, es por estar entre viendo el celular, escribiendo, por ahí te muestran algo que está pasando en Instagram, mira aquí, mira allá. No lo sé, pero muchos estímulos, muchos temas para atender. Y la emoción no es la misma que concentrarte en un solo evento o en dos a lo mucho.

Hablo un poco en general y estoy siendo mala gente con algunas salidas actuales como las ‘fiestas Estigma’ que son algo especial porque vamos con amigas a bailar lo que nos gusta y básicamente prestamos atención a bailar y no a mucho más, un negroni, una Stella a lo mucho. Bajarle los to do’s a la noche está bueno. Ayuda a que la memoria no sea frágil y acumule más recuerdos placenteros.

Al inicio hablaba de hoy, de los tiempos de ahora, que se olvidan las cosas más fácilmente y que no existe la buena memoria. Y mencionaba también lo que leí. Básicamente y en fácil, es que con lo digital hacemos tantas cosas a la vez que sin darnos cuenta no le prestamos la atención necesaria a una acción en especial. Y a eso súmale la edad frente a los noventas, donde posiblemente ahora tengas mayores responsabilidades, preocupaciones, personas que atender, que mantener.

El cerebro se está acostumbrando a esa velocidad, a interactuar con estímulos rápidos y varios a la vez, a vivir rápido, a tener todo inmediato, a desesperarse si no te contestan, si no te mantienen al tanto, si no llega el delivery, si no carga pronto una página web. Y eso ha hecho que la vida cambie, que la memoria cambie, porque el cerebro actúa distinto. 

Hace poco salí a caminar con mi mejor amiga que nos conocemos la vida y al despedirnos, ella se iba a la derecha y yo a la izquierda. Al segundo las dos recordamos cuando hacíamos lo mismo pero teníamos quince años y estábamos horas en la calle sin celular, sin presiones, sin saber qué iba a pasar porque no teníamos un aparatito que nos decía que estaba pasando a esa misma hora pero unos metros, unos kilómetros más lejos. Vivíamos solo el momento y el ver de no pasarnos la hora para volver a casa y no nos den por muertas o secuestradas. 

Esa memoria de cuando teníamos quince años quedó ahí, en nuestro cerebro y se activó cuando recreamos la misma situación sin darnos cuenta. La culpa no es de la tecnología, es de cómo la lleves en tu vida.

Sí, sí es posible volver a vivir el momento.

Y volver a tener memoria.

¿Te acuerdas o no?

Take a seat

Siéntate.

No para trabajar.

No para conversar.

No para comer.

No para escribir.

Siéntate.

Así en medio de la calle, no tienes nada que hacer por lo menos en unas diez horas. Nadie te espera. Nadie te llama. Nadie te escribe. Ni por Whatsapp. Ni por DM. Nadie te comparte un reel gracioso. Nadie te comparte una publicación que podría ser interesante para ti. Nadie te deja un audio.

Nadie se acuerda de ti.

Nadie te necesita.

Nadie.

En qué pensarías. Qué harías.

Yo

me sentiría cien por ciento libre.

Ni yo me necesito.

Pensé en poner una botella de vino en la escena, pero creo que ni eso es necesario.

La hora es importante.

Seis de la mañana.

Lima, Perú. Verano. Vacaciones. San Isidro.

Dudo que muchos carros pasen y ya está iluminado por la temporada pero no tanto como para morirte de calor. No tanto como para incomodarte. It’s ok.

No faltará un Maltipoo saliendo a pasear con su dueño runner.

Pero hasta ahi llegamos.

Piénsalo.

Disfrútalo.

Take a seat

Yo

Pasé ya el medio siglo de existencia y no tengo muy claro cuánto tiempo de ese medio siglo lo pasé viviendo. Viviendo como yo quise, como quiero, como me siento feliz, triste, sin control. Estaré más atenta ahora a lo que hago por la vida. Y estaré también escribiendo más.

Bailo.

Bailo.

Bailo no como profesional, bailo en el bar, en el club, en mi sala. Bailo tanto cuando me gusta la música que no sabría decir qué siento cuando lo hago. Voy a tener más conciencia de mis sentimientos al bailar, a ver qué pasa. Quizá nada, porque para qué tener conciencia de algo tan libre.

Podría decir que escribo desde chica, porque en el colegio, esa etapa maravillosa, libre, feliz, donde empezar a reirse era no parar y no parar hasta perder el control de mi cuerpo, graciosamente lo que me pasa también ahora. Si me excedo en risas, podría salir desde dentro de mi una agüita amarilla cálida y tibia, como muy bien decían Los Toreros Muertos, la banda española.

Qué escribía en la escuela.

El periódico mural, The Giant View se llamaba.

El horóscopo, donde yo, scorpio, hacia match con el chico de turno. Capricornio puede ser. Puede ser.

Los dialogues, sí, así en inglés. English Day Our Day, era un día maravillosamente especial, donde actuábamos los diálogos que escribíamos. Y me gustaba mucho que pusieramos en escena algo que yo había escrito. Lástima no guardé las copias de los guiones, pero recuerdo la línea de inicio de uno de los últimos:

I wanna be rich, I wanna be famous, to have the world in my hands… I want power, power, and more power… ha ha haaa… (risa típica de científico loco)

Ya en el último año del colegio me preguntan que quiero estudiar y dije:

Algo corto y creativo.

Y aquí estoy ahora de directora creativa de mi agencia de marketing, donde sigo escribiendo, no lo que me da la gana, pero escribiendo, creando.

¿Qué más me gusta?

Viajar. Y es algo que haré más seguido.

¿Familia propia?

No por ahora. No nací para traer niños al mundo y quedé viuda hace algo más de un año. Ya pronto volveré a crear otra familia. 

Por lo pronto me dedico a trabajar, bailar mientras pueda, a tomar vino y negronis. Hablar con mis amigas, almorzar religiosamente todos los domingos con mi familia y me encantaría 

convertirme en escritora.

Coming soon. Stella Gallo.

Yo

La Mudanza

Me gustó pasar la pandemia contigo.

En marzo del 2020 llegó oficialmente la pandemia por el COVID a Perú, y claro, a Lima, a Miraflores, que era donde vivíamos. Y podría pensar que pasar una pandemia en un departamento de 64 metros, ese departamento que marcó profundamente mi etapa de independencia. Una independencia física, que realmente llegó en forma orgánica, como lo que tenía que pasar, simple, con hechos y personas que estaban ahi para hacerlo posible. Así era mi vida, todo pasaba sin mayor drama, todo bien, todo cool. Hoy entiendo que todo depende de la energía con la que vivas, con la que actúes, con la que te muevas y de la gente que decidas entre a tu espacio.

Pasaron unos años, no sé, 6, 7, 8 años después de haberme mudado, que llegaste a mi vida. Siempre feliz, desde la primera vez que nos vimos. Tanto que yo no sabía si iba a poder enfrentarme a un ser así. Y en la primera cita y la primera gran conversación ya solos, donde sale el auditor que llevas dentro que va separando todo lo bueno, lo lindo, lo que te hace intuir que podrías seguir saliendo, podrías seguir compartiendo, conversando, viviendo. De esa primera cita, se me quedó grabada una frase.

-Podemos ir a Máncora y quedarnos donde ‘el Wawa’

Y te reíste luego de decirlo porque ya sospechabas que pondría cara rara por no mencionar un hotel ‘lindo’. O te reiste nervioso porque no tenía sentido mencionar un viaje juntos en la primera cita. No lo sé, pero todo fluia tan natural, que era obvio hablar de lo que haríamos juntos, por qué no, si nos llevamos bien, cuál era el impedimento. 

En esa primera salida nos citamos en Larcomar, no recuerdo si pasaste por mi, creo que sí y nos encontramos con una pareja de amigos. La primera parada era el cine, el estreno de la película argentina ‘Relatos Salvajes’, buen inicio. Luego solos la seguimos y llegaron los bares, existía aún ‘Huaringas’ y luego terminamos en ‘Eka’, donde todo es más confiable, más natural. Entonces, hablar de viajes, de no querer tener hijos, de música, fue lo que me hizo pensar: ‘ok, zona segura, go for it’.

Fue luego de un año y un par de viajes nacionales que decidimos ir por fin de año a Playa del Carmen. Y una pequeña conversación mientras planificamos el viaje, cambió todo.

Que tal si regresando ya empezamos a vivir juntos.

Me parece perfecto.

Y llegó la segunda mudanza importante.

La primera convivencia importante, all day long, todos los días, todas las noches, todas tus cosas, todas mis cosas. Claro, cada uno trabajaba fuera de casa, así que no es que estés pegado for ever. Todo bien. Y regresando a lo que comentaba sobre la pandemia que para muchas parejas, muchas familias fue una prueba de fuego, para nosotros fue de lo más divertido. Y sí, en un depa de 64 metros, super bien distribuido y con un balconcito que se volvió protagonista de la temporada. Con el tiempo fuimos cambiando algunas cosas, no en forma radical, pero adapté un poco mi decoración de ‘lentejitas’ como le llamabas, que se refería a las lentejitas D’Onofrio, un dulce ochentero en Perú, que podrían ser los m&m de la época. Y bueno, era una decoración colorida, ecléctica, que en algunas partes del depa hice algunos ajustes para complacerlo y para que sea más nuestro hogar.

Voy a vender el depa. Vi alguien que busca algo justo como este.

Con esa frase fue que empecé a vender el depa de soltera y a buscar el depa de pareja. Recuerdo muy claro cuando le dije a la vendedora que si los planetas se alinean y todo sale a la vez, lo hacemos. Y bueno, así fue.

Aquí vamos con la tercera mudanza.

Los dos igual pero a algo nuevo, un poco más grande y muy cerca a todo el movimiento miraflorino. Todo cerca, todo diferente, si bien con el anterior depa no había más de 20 cuadras de diferencia. Calculo vivimos casi dos años, soy muy mala para recordar cantidad de años, fechas y casi todo en general lo que tenga que ver con números.

Ven, siéntate que te tengo que decir algo. Tengo cáncer y está avanzado.

Si yo sentí que no entendía nada, que no entendía por qué, en qué momento. Es imposible imaginar lo que él pensaría, sentiría. Imposible. Cambiemos de vida entonces, comamos saludable, hagamos tratamiento.

Aquí vamos con la cuarta mudanza.

Después de prepararte tu plato favorito, no de la vida, más bien el plato favorito que yo te hacía. Pasta con carne molida y salsa roja, ya me pediste que te lleve a la clínica. Y bueno, empezó una etapa de hacer lo que hay que hacer, escuchar a los médicos, ver opciones, exámenes. Y lo principal, tratar de hacer que sufras lo menos posible. Sé que todo lo decide Dios, pero aquí uno trata de hacer todo lo que se puede.

¿Estás bien? ¿Te hiciste daño?

Son una de las frases que me quedaron grabadas que dijiste cuando intenté cerrar una ventana del cuarto de la clínica y estaba muy dura. Yo no entendía como se te ocurría preocuparte por algo tan tonto frente a lo que estabas pasando. En ese momento volví a entender quién eras, cómo eras. A quién tuve la suerte de tener en mi vida.

Pasaron menos de 2 meses y te mudaste solo a esa otra vida que quieras o no, me vas a ver más adelante. Por ahora sé que sabes lo que hago y que de alguna forma guias mis decisiones, que ahora permito que lo hagas al 100%  porque tienes buenos asesores en tu nueva casa, tu nuevo cielo.

Sabes que me mudo ¿cierto?

Sí, es una de las cosas que me dijo mi intuición en la cuál confío mucho, solo que a veces no sé cómo hacerle caso. Pero ahora lo hice y me voy por un tiempo de este depa.

Y alguien más se muda aquí, alguien a quién seguramente también le está cambiando la vida y por eso se muda. Todos ganamos. Todos nos mudamos para un cambio. No importa cuál, todos los cambios son importantes, son los que te hacen vivir, crecer. Hay cambios más cómodos que otros, pero eso también depende de cómo los vivas.

La Mudanza

Stella.

Hola Stella, mi alter ego, mi otro yo.

Sin querer sonar mentalmente un poco desviada, siempre he sentido que tengo dos YOs que viven juntitas, roomies, inclusive buenas amigas, porque tienen gustos parecidos y hasta se ríen de las mismas cosas. La diferencia es que cada una se expresa diferente. Stella, viene con novedades, con brillo propio, con energía repotenciada. Por ahora no tengo más detalles, pero espero que pronto nos de algunas sorpresas. La del espejo es Stella.

Me gusta eso de tangibilizar a las dos, mejor dicho a Stella, yo ya estoy tangible hace rato. Stella puede darse el lujo de mirar desde un cómodo sofá las situaciones que Karina provoca o que vive y eso está muy bueno porque puede dar su opinión no contaminada y buscar acciones más rápidas, más efectivas. Y mientras escribo me la imagino aprobando estas líneas.

Stella

llegó de a pocos a mi vida, asomándose como si fuera tímida, como si alguien le fuera a decir algo de por qué se mete en vida ajena. La verdadera historia de Stella, se remonta allá en los años (adivina), cuando mi madre, muy italiana ella, quiso ponerme como segundo nombre Stella efectivamente, pero parece que quien tuvo la importante misión fue mi padre. No es momento de hablar de cómo son los hombres pero solo diré que de “Carina Stella”, pasé a Karina Estela, y todo bien claro está, es mi nombre y lo quiero mucho. A mitad de mi vida, hubo un momento de numerología y algunas conexiones astrales donde un señor experto en esos menesteres, me dijo: “Si te llamaran Estela, tu vida sería diferente, más iluminada”, por decir una palabra, era algo semejante que no recuerdo con exactitud, pero era algo parecido. Y dije, y bueno, como hago ahora para cambiar de sitio mi nombre, bueno, no lo hice simplemente. Pero por ahi fue apareciendo. En un cuadrito personalizado y en mensajes de chat. 

Pasaron los años y digamos que más marketero se ve Stella y en este aún 2025, estuvo más nombrado que cualquier otro año. Por eso es que me animo a escribir sobre mi otro yo, porque siento que ya tiene relevancia y vida propia, más figureti. Más expuesta. Más creativa.

Nos vemos pronto Stella querida,

Karina

o Stella

Quién soy.

I’m confused.

Ja.

Stella.