TE PASAS

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¿Realmente se pasa el tren? ¿Se pasa la cigüeña? ¿Se pasa tu vida?

Quién realmente tiene el derecho, el deber, la sabiduría suficiente para decretar el triste célebre: ‘se pasa’. ¿Cómo una fruta? ¿Una verdura? ¿Un alimento perecible?

Podría atreverme a decir, pensar, escribir, entender, que ese deber y derecho lo tiene cada uno, dependiendo lo que quiera hacer de su vida.

Si, si, ya se que quién sabe qué hacer con su vida. Y es verdad, es muy probable que la mayoría de humanos, nosotros, humanos trabajadores y vividores de esta vida, poco sabemos qué queremos hacer de ella. Qué queremos que pase en una semana, un mes, un año. Cómo saber si el sabor que quería sentir en mi comida hace media hora, se vaya a cumplir. Si el café estará más o menos amargo. Si me aprobará el cliente una campaña. Si hará efecto la dieta. Si tendré las vacaciones soñadas. Si lo que pedí online llegue. ‘Saber’ también me parece una palabra muy fuerte, aunque se usa todo el tiempo.

No todo depende de mi. No todo lo puedo controlar. No todo lo puedo decidir sola. Querer es poder, dicen. Y no quiero dar la contra ni reventar el globito, ni mucho menos ser la party pooper de una de las frases más conocidas y renombradas de la historia. Solo quiero entender qué pasa por la cabeza de todos aquellos que en algún momento de tu vida te dicen: ‘ten cuidado que así se te va a pasar la vida’… ‘uy, ya se te pasa el tren’… ‘ojo que el tiempo pasa’.

¿Y? ¿Qué pasa si se pasa? Qué sabe esa gente qué quiero que pase en mi vida, si ni yo misma sé a veces. Me gusta ir controlando de a pocos y con conocimiento de causa. Conociendo mis gustos. Mis deseos. Mis antojos. Mis capacidades. Mis habilidades. Mi cuerpo. Mis sentimientos. Recibiendo las sorpresas que puedan llegar. Despidiendo lo que decida irse. Y si algo se me pasó, se descontroló, se descarriló, ya habrá algo que lo reemplace. Ya sabes… todo llega. Todo pasa. Todo se reemplaza. Nunca hay pierde. Don’t worry, be happy.

Solo espero que lo que escribo no ‘pase’ desapercibido : )

TE PASAS

POP LOVE

 

Cine sin canchita? Mejor canchita sin sal.

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Lunes. Primer día de dieta y esta vez en serio. Dieta sin pastillas ni gotitas mágicas. Solo dejar de comer un mes carbohidratos y azúcar. Solo un mes de tu golosa y placentera vida. Ya van dos días. Quedan 28, así que parece pan comido – así, ‘comido’ en pasado – pero volvamos al Lunes. Primer día de dieta y además noche de cine. Muerta de hambre, con un jugo surtido salvador. Perfecto para soportar tres horas más hasta la cama. Conversaciones frívolas van y vienen mientras llega la hora de entrar a la sala. Entre los comentarios hablaba de que lindo, que cute y nice sería tener una máquina que haga pop corn sin sal, un perfecto snack bajo calórico preparado en casa para esas noches de Netflix y zapping.

Y de repente pasó. Él, solito, espontáneo, se acerca al mostrador de dulces, canchitas, nachos, churros, m&m, gaseosas y demás enemigos, a pedir que por favor le preparen canchita sin sal. Sin sal. Sin mantequilla. Sin conflictos. Es para mi novia que está en su primer día de dieta.

Y listo. Fin. Eso fue lo que pasó. Así de simple. Eso fue lo que hizo que mi corazón que andaba por ahí de rutina, de un saltito para ver qué pasó, que pasó que hizo que su dueña se enamorará ahí, en ese instante, MÁS. Si pues, los corazones entienden de canchita sin sal.

POP LOVE

Relatos de Emergencia > 2015

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#4

¿Qué es la tristeza? La verdad nunca supe. Nunca me tocó. Nunca la toqué. Alguna vez quise por ahí coquetearle, pero no pasó de ‘one night stand’ hasta hoy. Vi como distraída caminaba hacia mi consultorio. Como sonriendo escondía lágrimas que mojaban algunos recuerdos. Vi como Don Javier se sentaba frente a mi, sin mirarme, pero con ganas de hablar. Y yo con ganas de escucharlo sin estetoscopio ni cartel de médico.

– Ya tengo mis resultados, ya se lo que me pasa, ya se lo que tengo. Tengo Alzheimer. Y tengo una soledad en el corazón que me mata. Tengo tristeza en todo mi cuerpo. Hoy vi una gaviota y ya no me importaron mis resultados. No me importó lo que empezaría a olvidar. Me estremeció lo que empecé a recordar. A ella. Al amor de mi vida. A los días que pasábamos mirando gaviotas. Le encantaban las gaviotas porque son monógamas me decía. Hasta que la muerte las separe. Y ya nos separó. Después de cuarenta años juntos como gaviotas. Como las gaviotas que le gustaban ver por la ventana. Espigadas. Felices. Cómo tú mi amor. Nunca te voy a olvidar. –

Esa tarde en mi consultorio, escuché como nunca.

Relatos de Emergencia > 2015

Veo Animales Everywhere

Hace poco en una clase de concepto y creatividad publicitaria puse en tela de juicio mi amor por los animales. Pero más que amor por los animales, así en general, fue un poco traumático haberme dado cuenta que no guardaba recuerdos con “Osi”, un Chow Chow demente que vivió con nosotros desde los 3 meses hasta los 13 años. Algunas víctimas suyas quizá lean esto y se acuerden de él.

Yo por lo menos no tengo ningún recuerdo memorable que si lo cuento les haga botar una lágrima como por ejemplo sentarnos juntos a ver televisión, que se quede dormido a los pies de mi cama cuando estaba enferma, que se siente a comer en la mesa como un miembro de la familia, que cariñosamente me jale del pantalón para ir a pasear, que se quede mirando por la ventana cuando salía a estudiar o que corra todas las mañanas a despertarme con besos y lenguetazos.

Más bien miro la cicatriz en mi brazo y recuerdo sus mordidas por evitar atacar a una amiga querida. Cuando quizo morder en el estómago a mi papá por hacerse el gracioso y querer comerse su comida. Recuerdo los gritos desgarradores de la amiga española de mi mamá siendo atacada en el patio de la cocina. No puedo olvidar el sonido de sus uñas resbalándose en el piso por querer correr a atacar al jardinero. Cuando de puro cariño se puso en dos patas sobre la mamma y la tiró en el jardín. Recuerdo sus mini ojos de loquito mirándome con la lengua morada afuera. Cuando me caí sobre aceite de carro por defenderlo de un Pastor Alemán. Y como olvidar cuando fui a bautizarlo en la iglesia frente a mi casa, en una bendición para perros.

Lindo mi Osi. Muy malcriado. Muy despeinado. Por ahí andará, en el cielo mordisqueando a cuanta almita se le cruce. Primera vez que escribo sobre él y pienso que no es necesario emocionarse hasta las lágrimas para querer. Me basta con tener anécdotas para sonreir, para mover la cabeza aprobando sus locuras. Me basta acordarme.

No tengo ni una foto de él y no volví a tener una mascota, por eso también pensé que era insensible a la convivencia con los animales, pero fue en esa clase, la que mencioné al inicio, que me hicieron dar cuenta que estaba rodeada de animales en mi depa, regalados, comprados, adquiridos, de cerámica, de metal, de plástico, de lo que fuera y dónde fuera. Ni el baño se salva. Algo debe significar. ¿Algo me querrá decir Osi?

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Veo Animales Everywhere

AMOR. AMOR. AMOR.

#quevuelvapeluchin. Ah, ya volvió dices. Y tú no tienes idea quién es Peluchín?

Bueno, así de perdidos también parece estamos en el amor, amor, amor. Y aquí sí me puedo dar el lujo de generalizar. Quién se crea experto, que lance el primer unlike.

El domingo pasado escuché algo que leyó mi cuñado de Einstein sobre el amor. El genio, – Einstein, no mi cuñado ; ) – prácticamente decía que el amor todo lo podría lograr, si se tenía conciencia, si se sabía usar, si conocíamos su poder. Pero como es una emoción que NO PODEMOS DOMINAR, y que el humano no dominará nunca, nos asusta.

Y asustados jamás seremos felices o tendremos los afamados momentos de felicidad más seguido. Y no hablo solo del amor a tu pareja, hablo del amor en general, a tu familia, tu gato, tu perro, tu trabajo, al que se sienta al lado tuyo, al que se sienta a unos metros, al que le compras el periódico todas las mañanas, a tu vecino, al hijo de tu vecino, a tu amigo, a tu mejor amigo, al que te atiende en Wong y al que no te atendió jamás.

Esta semana aprendí o mejor dicho entendí y viví el amor en esas “pequeñas cosas” que hasta cursis suenan en nuestro mundo de ‘Miedo al Amor’. Lo vi en las miradas cómplices. En los abrazos que no pedí. En el esfuerzo por entenderme. Por complacerme. En ver (feliz) una película que ni en sueños hubiera ido antes. En que mi amiga se alegre de verme. En no juerguearme. En agradecer. En sentir verdadero un halago simple. Vi el amor cuando esperaba una queja y recibí lo contrario.

Y al sentir esto entendí que para ‘ver o sentir amor’ más allá que en La Hora del Lonchecito, en las escenas de Onur y Cherazade o en los videos con más de un millón de vistas en You Tube, solo hay que estar atentos, hay que estar AHÍ. Sin pensar mucho en por qué? Qué va a pasar? Que no va a pasar? Por qué sí. Por que no. Y simplemente disfrutarlo.

LET THE LOVE BE WITH YOU.

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AMOR. AMOR. AMOR.

Fetiche? No creo.

Ridiculez, sí. Me gustan mis pies, qué puedo hacer. Odio los pies del resto, pero los mios me encantan. Y no me da vergüenza decirlo. Les hice fotos y todo. Y aquí están, en un pequeño espacio de este blog, que es de todo y nada. Así que todo vale, hasta el capricho de publicar fotos de mis pies.

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Fetiche? No creo.

TODAS SOMOS PRINCESAS

[2015] 9e56745ee59b35d6d292ae81b97efdd4 Del amor. Del desamor. De la comida chatarra. De las ensaladas. Del bronceado. De las fiestas. De los bares. De las reuniones en casa. De los viajes. De las vacaciones. De batir record de novios. De batir record sin novios. De hablar sin parar. De no decir nada. Del conflicto. De decidir por los demás. De no decidir nada. Del trabajo. Del jefe. De la casa. De llegar tarde. De la puntualidad. De organizar las fiestas. De ir a todas las fiestas. De malograr todas las fiestas. De los chicos. De las chicas. En fin, seguro tienes mil princesas más dando vueltas y patinando en tu cabeza. Pero por más princesas que seamos, siempre queremos más, queremos ser la otra, queremos lo de otras princesas. Queremos lo de las reinas. Ahora, es algo archi conocido que nadie está contento con lo que tiene, con su reinado o principado. Y nos enseñan o nos machacan que debemos estar satisfechas con nosotras, con nuestra vida, con nuestro cuerpo. Satisfechas y orgullosas. Y la verdad no se por qué. Sería un poco aburrido no pedir más. No querer lo que ella tiene o el shampoo que ella está usando. No reclamarle a la vida. No quejarse. No querer el príncipe de otra. O simplemente querer su cartera. Hay algo que no está equilibrado. Algo que no enseña ni Disney ni Paramount Pictures. Pero que sí te enseña la vida. Tu vida. Tu casa. Tu colegio. Tu Universidad. Tu trabajo. Tu compañero de oficina. Tu novio. Tu novia. Tu mascota. Y la reflexión principesca nació del simple hecho de querer entender a otras mujeres (porque a los hombres creo ya no se les entiende solo por ser hombres). Y ahí darme cuenta que lo mejor es no interferir en reinos, pero sí joderlos. Sí andar husmeando. Alucinando. Interrogando. Escuchando. Y así, me sigo inspirando.

TODAS SOMOS PRINCESAS

Amor Base Cuatro (2015)

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Aquí estamos, en la base cuatro. Bien parada como se dice. Y días antes leía –en mi relato de hace unos añitos- cómo andaba la vida allá en la base tres. Nunca pensé decir y menos escribir esto, pero estoy feliz en la cuarta base. Mi terror a envejecer se está comportando bastante bien. Y viendo más allá de lo evidente, al parecer parte de está serenidad vestida de un cuatro, tiene mucho que ver con “evadir” ciertas responsabilidades. Y digo evadir entre comillas porque nunca estuve conciente de andar por la vida con un algún tipo de máquina evasora de matrimonios y de hijos.

Estos últimos días llenaba unos formularios donde al marcar “soltera”, se acababa la entrevista (funny) y en el banco me pregunta el chiquillo en ventanilla: “¿Algún hijo bajo su responsabilidad económica?”… respondí: “No” y en ese segundo que me miró, pude sentir que me decía algo telepáticamente, algo que no pude descifrar (felizmente, creo).

Otra cosa curiosa pasó estos días también. Hay algo que nunca hago o evito lo más que puedo: tener serias conversaciones de política o policiales con los medios de comunicación itinerantes: los taxistas. Pero esta vez no se por qué me provocó, pensé que dándole confianza evitaría que le caiga mal y bueno, finalmente le hablé porque sí. Me enteré de su hija de 3 años que no ve seguido, de su mujer con la que no vuelve ni loco, de la discoteca en Risso que pasan música moderna, que tiene 40 años, lleva casi dos años solo y que va a terminar casado con su carro según él.

¿Y usted? ¿Casada?… no… ¿Tiene familia, hijos?… no… cri, cri, cri.

Ahí terminó mi experiencia del diálogo taxista.

Y lo que me doy cuenta es que esta parte del Amor Base 4, me toma desprevenidamente relajada y que son los demás los que tienen un issue al encontrarse con un mujer soltera y sin hijos en esta etapa de la vida, por más que vivamos la vida “hipster”, “nice & easy” o whatever.

Tengo amor (360º), trabajo, salud y una buena vida. Lo demás llegará por default. Así es el Amor en la Base Cuatro, MI BASE CUATRO.

Amor Base Cuatro (2015)

El Extraño? Mundo del Amor #1

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¿ESTOY MEJOR SOLA?

Estar sola ¿es realmente mejor que estar mal acompañada?

Quién decide. Tu razón o tu corazón. A veces por tener el control terminamos decidiendo algo que no nos corresponde. Las malas compañías sólo existen en esa frases cliché que nos han repetido nuestras abuelas y las novelas. Hemos crecido creyendo que somos complicadas, pesadas, exigentes, manipuladoras. Que cuántos más años, más pesa nuestro currículum. Que hay que esperar al hombre perfecto (que espero sepan no existe). Y hoy me doy cuenta que con toda esa experiencia curri y extra curricular, si te toca un partner relajado y práctico (como la mayoría de hombres), pasas cómo practicante.

Es mejor que no te creas la PHD de las relaciones y que nadie va a pasar el curso contigo. Experimenta. Cambia. Reemplaza. Reconstruye. Construye. Deja pasar y deja que se queden. Te aseguro que ellos están más asustados que nosotras y definitivamente no quieren desaprobar.

HABLANDO DE ESTRATEGIAS (PERDÓN, DE AMOR)

El amor es una categoría de la vida donde todo está friamente calculado.

Cada palabra. Cada movimiento. Cada acercamiento. Cada roce. Cada mirada. Cada distanciamiento. Sin saberlo ya nos hemos metido en el Plan Estratégico del Amor, un trabajo diario que nunca termina y cada vez con más «problemas por resolver», un trabajo 24/7, con o sin pareja. Siempre escuchamos que «ser tú misma» es la mejor forma de conquistar un hombre, pero yo no estaría tan segura, salvo que nos hayan criado los lobos en el bosque y no tengamos ningún filtro para hacer o decir las cosas. Lo que realmente hay que hacer es tener la estrategia adecuada para que el chico crea que eres tú misma. Una vez que estás con él, no se, tres, cuatro años?… ahí yo creo las cosas empiezan a caer por su propio peso y empiezan a salir mil millones y medio de «tú mismas». Y eso está bien, yo creo que si queremos que algo salga bien, en la guerra, en el amor, en el trabajo o en tu casa, las estrategias son bienvenidas. Claro que siempre habrá quienes siguen creyendo en un amor puro, natural y sin máscaras ni poses, que la palabra «estrategia» en el amor, les sonará quaker. Pero eso es lo lindo, que todos pensamos diferente.

El Extraño? Mundo del Amor #1

Mi Juguete Favorito

Esa noche era una noche especial, era una noche de luna llena. Era una noche en la que salen los hombres lobo, los árboles en forma de mounstros, los muñecos diabólicos… y claro, lo más importante para una noche así son los efectos especiales. Para eso, eran suficientes los ronquidos de papá. Todos en la casa dormían. Todos, menos yo. No eran los hombres lobos ni los mounstros imaginarios, lo que me tenían despierto. Era la puerta de mi cuarto. Era yo sentado en mi cama, mirando la puerta de mi cuarto. Para ser más exacto, era yo aterrorizado, sentado mirando la parte de abajo de la puerta de mi cuarto. Lo que veía eran unos pies diminutos caminando de un lado a otro y que golpeaban de vez en cuando pidiéndome entrar.

Uno, dos, tres… cuatro pasos. Sólo son cuatro pasos hasta la puerta. Sólo tengo que pararme, caminar cuatro pasos y abrir la puerta. Eso era todo. Y eso fue todo lo que hice. Casi sin abrir los ojos corrí a abrir la puerta y con la misma rapidez la cerré. Fue en ese momento que vi una pequeña sombra correr hacia mi y desaparecer por debajo de mi cama.

«¡Sergio, a desayunar!» El grito de mi mamá me despertó. Estaba asustado, empezé a recordar lo que sucedió hace unas horas en esa noche de luna llena. ¿Había sido una pesadilla? ¿Una broma -de pésimo gusto- de mi imaginación?… o todo lo que ví, sentí y escuché realmente sucedió. Y si fue así ¿qué pasó? Sólo se que me quedé dormido.

La mesa del desayuno era un domingo totalmente normal. El jugo, el café, la leche, los panes y el periódico. Lo único raro en ese domingo era yo.

«¡Sergio, no encuentro tu taza… ¿la has visto?… ¿qué te pasa, no dormiste bien?

No podía hablar, y menos contar lo que había vivido. Nadie me iba a creer. En esos momentos sabía que podía confiar en alguien: en mi juguete favorito. Un luchador de artes marciales -el mejor-, que usaba un pañuelo negro en la cabeza y uniforme rojo. Se llamaba Chi-no. Un verdadero súper héroe. Vencía a quien se cruzara en el camino luchando con sus propias manos, no necesitaba armas. Pero ahora el súper héroe tenía que ser yo, tenía que entrar a mi cuarto a buscarlo. Y no sabía lo que podía encontrar ahí adentro. Respira profundo. Cuenta hasta tres. Los fantasmas no existen. Por fin logré entrar, no encontré fantasmas pero tampoco encontré a Chi-no. Busqué por toda la casa, en cada habitación, en cada cajón, debajo de los sillones, en el carro, el jardín, llamé a mis amigos. Pero nada, no aparecía. No podía entenderlo, Chi-no jamás se había separado de mi y hoy simplemente no existía. Se hizo de noche, la noche más triste de mi vida.

Antes de dormir busqué a Chi-no debajo de la cama, estiré mi brazo recorriendo todo el piso y nada. Cuando pasé mi brazo por segunda vez, simplemente quedé paralizado. Algo o alguien ponía a Chi-no en mi mano. Lo agarré muy fuerte y me paré de un salto al costado de la cama sin saber qué hacer. Yo sólo seguía apretando muy fuerte a Chi-no cuando algo empezó a salir de abajo de la cama. Yo no hablaba, no me movía. Pensé que todo pasaba dentro de un sueño que empezó esa noche de luna llena. Ese “algo” que salía de mi cama tenía cuerpo y un rostro que me miraba asustado. Era un duende. No lo podía creer. Nos quedamos mirando un buen rato. Estaba vestido totalmente de amarillo, no tenía pelo, su cabeza era alargada y con unas orejas enormes. Los dos nos seguiamos mirando asustados, hasta que le logré preguntar muy bajito y con voz temblorosa: «¿Qui-quién eres?». Inclinó su cabeza ligeramente a un lado y pude sentir en sus ojos que empezaba a confiar en mi, que era un duende indefenso y que podría necesitar ayuda.

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Trate de hablarle más. «¿De dónde vienes? ¿Tú te habías llevado a Chi-no?. Pero él no me hablaba, me seguía observando y empezó a sonreir. Mientras le miraba a los ojos sentía que me hablaba sin palabras. Podía entender lo que quería con sólo mirarlo. Se sentía solo. Había cruzado sin querer a otra dimensión, a la dimensión de los humanos. En una noche de luna llena como la de ayer, hace muchos años él estaba en su bosque, se alejó de sus amigos y sin querer llegó hasta aquí.

Luego empecé a ver una profunda tristeza en sus ojos. Ya nunca más iba a poder regresar a su hogar. Nunca. Y tampoco podría vivir como duende entre nosotros, los humanos. Quería abrazarlo, quería decirle que podía quedarse conmigo, pero él sabía que esa no era la solución. Él debía renunciar a su alma de duende y para que no muera, yo debía tomar una decisión: convertirlo en mi juguete favorito.

Al día siguiente nadie entendía por qué había cambiado a Chi-no por un muñeco vestido de amarillo y con una sonrisa eterna en los labios.

Mi Juguete Favorito