Ser o no ser mamá. Sí, hubo un poco de duda por una época, si bien siempre me incliné por el no que por el sí, siempre había algo por ahí que zas! me hacía entrar en duda y por eso decidí hace unos años congelar. Just in case. Hoy ya es oleado y sacramentado que ya no tendré hijos. ¿Por qué? Porque no lo siento, no siento el llamado, no me emociona, no me quita el sueño, no se me ocurre, la verdad.

Es muy probable que algunas amigas madres no lo entiendan y crean que hay “algo más” en mi decisión, pero no es tan complicado en realidad. Se siente o no se siente. Se quiere o no se quiere.

Más de la mitad de mi vida he trabajado. Y he trabajado bastante. Pienso que en el fondo le doy más prioridad a los business son business que a la vida maternal. Que por suerte en estos días ya es algo “normal”. Normal que las mujeres tomen este tipo de decisiones. No es un must que una mujer se sienta realizada con un hijo. Ya no. Ya no hay que escribir un libro ni plantar un árbol.
No niego que a veces me da curiosidad de cómo hubiera sido un hij@ mio, lindo, no tan lindo. Inteligente. Artista. Intelectual. Fashionista. Hippie. Emo. Nerd. En fin. Hay cosas que quedarán en la nebulosa, en la imaginación.
Justo ayer. Un día antes del día de la madre, le decía a mi partner in crime, que seguro por algo el destino nos juntó (además de mi amiga Rocio que nos presentó), porque ninguno tiene interés en tener descendencia. Y obviamente es más “cómodo” estar con alguien con los mismos intereses. Con alguien que no te trate de convencer de tener familia. Que no alucine con los niños revoloteando en casa. Por algo será. Dios nos cría y nosotros nos juntamos.
Trabajaré. Viajaré. Saldré. Decoraré mi depa. No quiero decir que las mamás no lo hagan. Solo digo que es lo que me imagino andaré haciendo los próximos años.

Feliz día a todas las mamás que estén leyendo este relato. ¡Y a mi mamá!