
Cuántas veces te quedas con algo. Con eso. Con eso que pensaste estaría bien en un lugar, en un momento, pero nunca llegó a su destino. Un regalo. Una palabra. Una canción. Una frase. Un sentimiento. Un abrazo. Ese algo que solo vivió alguna vez en tu cabeza, en tu corazón, en tu closet. Pero no pudo salir nunca. Hasta hoy, que te acordaste de ellos.
¿Dónde crees que vayan? ¿Dónde quieres que vayan? ¿Qué hará el universo con todo lo que no llega a su destino? Lo recicla. Lo desintegra. Lo ignora. O lo reencarna una y otra vez hasta que lo uses.
Debe haber un mundo paralelo con todo lo que no se va de ti. Con todos los sentimientos. Con todos los gestos. Con todas las palabras. Con todos los deseos. Con todos los sueños. Positivos y negativos. Un mundo con vida propia que nunca llegarás a vivir, pero que la conoces muy bien.
Hoy traté de acordarme de todo eso que dejé en ese universo paralelo, no pude recopilar todo pero sí lo más importante. Y definitivamente ya no podía traerlos a este mundo. Tantos ‘gracias’, ‘me encanta’, ‘lo hiciste muy bien’, ‘te quiero mucho’, ‘te extraño’… Y miles, millones, billones de pensamientos que se quedaron ahi, conmigo.
¿Dónde se va lo que no se va?